Aportaciones de la economía

Quizás sea un problema de desconocimiento pero siempre había visto a los economistas como unos financieros con ambiciones teóricas y poco pegados a la práctica.

Alguien definía a un economista como un señor que está viendo como otro se va a lanzar desde el trampolín a una piscina sin agua y susurra “se va a dar un porrazo contra el fondo” y, cuando efectivamente ocurre así, grita “ostentóreamente” que habría dicho Jesús Gil “¡¡¡se lo dije!!!”.

Este año, sin embargo, he tenido ocasión de descubrir a dos economistas que no responden a ese patrón. Levitt, el autor de Freakonomics, trata de introducir conceptos económicos -no financieros- a muchos aspectos de la vida diaria y llega a conclusiones muy interesantes.

El hecho de que Levitt haya sido muy leido y, al mismo tiempo, se le considere un economista poco ortodoxo muestra que, lamentablemente, no es ésa la línea que siguen muchos economistas.

El segundo descubrimiento es Thomas Sowell del que, hasta el momento, sólo había tenido ocasión de leer artículos:

http://www.libertaddigital.com/index.php?action=morearticles&cpn=500&firma=1

La primera edición de su libro “Knowledge and decisions” es muy anterior a la aparición del concepto “Gestión de conocimiento” y el calado y la articulación de conceptos nacidos de la economía es muy superior al que puede encontrarse en algunos celebrados autores de la materia.

Conceptos como el “coste del conocimiento” y su impacto en las decisiones o por qué se puede llegar a la zona de rendimientos marginales cuando una persona o institución consigue zafarse del efecto de sus propias acciones son simples muestras de los temas tratados por Sowell.

Del mismo modo que Levitt aplicó conceptos económicos para explicar trampas en el sistema escolar estadounidense o en el sumo o…por qué los traficantes de droga viven con sus madres, Sowell lo ha aplicado a cuestiones como el efecto de las leyes de discriminación positiva llegando a unas conclusiones demoledoras (por cierto, Sowell es negro).

Las contribuciones de autores como Levitt o Sowell permiten mirar a la economía con otros ojos y, ciertamente, con más respeto ya que da claves valiosas sobre el funcionamiento de una sociedad o una organización haciéndose una muy vieja pero a menudo olvidada pregunta: Cui prodest?

Sería injusto criticar en exclusiva a los economistas por haber dejado de lado partes centrales de su posible contribución ya que lo mismo se puede atribuir a otras profesiones.

Para no ir muy lejos, la psicología también puede dar muchas claves de funcionamiento tanto individual como social y, sin embargo, raros son los psicólogos que se han aventurado en ese terreno habiéndose quedado en temas presuntamente mucho más prácticos y mucho más limitados.

Si vamos a la medicina ¿qué decir? Rousseau, en “Emilio”, se dedica intensivamente a atacar a los médicos y ,cuando decide hacer lo más parecido a una disculpa que Rousseau podía hacer, dice: “Se me dirá que la medicina es un arte y los fallos son del médico. Sea enhorabuena. Venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte”.

A lo mejor todos caemos en lo mismo. Los economistas no son una excepción y pueden necesitarse economistas excepcionales para llegar a vislumbrar qué puede aportar de verdad la economía.

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