Por qué no soy cristiano (Bertrand Russell)

Con esta reseña se completa el grupo de libros de la misma temática que se pueden encontrar aquí y que, aunque con signo y conclusiones distintas, son de lo mejor que se puede leer sobre el asunto.

Russell da argumentos racionales y morales en contra del cristianismo para, a continuación, pasar a preguntarse si la religión ha hecho contribuciones útiles a la civilización.

Es muy difícil hacer una reseña completa del libro y, además, muchas veces la reseña es utilizada como sucedáneo del propio libro. Creo que, sea cual sea la posición de cada uno, el libro de Russell merece ser leído por lo que me limitaré a recoger los capítulos más relevantes del índice y algunas citas literales:

  • ¿Ha hecho la religión contribuciones útiles a la civilización?
  • ¿Sobrevivimos a la muerte?
  • La libertad y las universidades.
  • La existencia de Dios.
  • ¿Puede la religión curar nuestros males?
  • Religión y moral.

Si algo hay que criticarle al libro, no se refiere a la calidad intelectual de sus argumentos sino a la aparición fuera de contexto de temas muy vinculados a la propia biografía de Bertrand Russell y a la censura de que fue objeto por sus opiniones.

Además de eso, un tono más moderado en algunos pasajes podría haber contribuido -sólo tal vez porque éste es un tema que excita pasiones de censor- a sacar el libro de la lista de obras malditas de Bertrand Russell.

Entre los pasajes más notables del libro, merece la pena señalar los siguientes:

La inteligencia ha provocado nuestros males pero la falta de inteligencia no los curará. Sólo una inteligencia mayor y más sabia puede hacer feliz al mundo.

El hecho de que una creencia tenga un buen efecto moral sobre un hombre no constituye ninguna evidencia en favor de su verdad.

Las nuevas esperanzas, las nuevas creencias y los nuevos pensamientos son siempre necesarios a la humanidad y no puede esperarse que surjan de una absoluta uniformidad.

La persecución de las formas impopulares de inteligencia es un peligro muy grave para cualquier país y con frecuencia ha sido la causa de la ruina nacional.

El hombre que posee el arte de despertar el instinto de persecución de la masa tiene un poder particular para el mal en una democracia donde el hábito del ejercicio del poder detentado por la mayoría ha producido la embriaguez y la tendencia a la tiranía que el ejercicio de la autoridad casi invariablemente trae consigo tarde o temprano.

La diferencia fundamental entre el criterio liberal y el que no lo es consiste en que el primero considera todas las cuestiones abiertas a la discusión y todas las opiniones sujetas a la duda en menor o mayor medida, mientras que el último sostiene por adelantado que ciertas opiniones son absolutamente incuestionables y que no deben permitirse los argumentos contrarios.

Muchos adultos, en lo profundo de sus corazones, creen aun lo que les enseñaron en la niñez y se sienten pecadores cuando sus vidas no están de acuerdo con las enseñanzas de la escuela dominical. El daño que se hace no es meramente provocar una escisión entre la personalidad razonable y consciente y la personalidad infantil inconsciente; el daño reside también en el hecho de que las partes válidas de la moral convencional se desacreditan con las partes no válidas y se llega a pensar que, si el adulterio es excusable, también lo es la ociosidad, la deshonestidad y la crueldad. Este peligro es inseparable de un sistema que enseña a los jóvenes, en bloque, un número de creencias que tienen que desechar cuando son adultos.

Afortunadamente para la humanidad, el egoismo individual ha resultado más fuerte que la locura colectiva.

Hasta ahora, la humanidad ha sobrevivido porque, por muy necios que fueran sus propósitos, no tenía los conocimientos necesarios para lograrlos. Ahora que dispone de esos conocimientos se está haciendo imperativo un mayor grado de sabiduría sobre la finalidad de la vida.

En la investigación científica de la naturaleza, la intrusión de valores estéticos o morales ha sido siempre un obstáculo para el descubrimientos…la naturaleza es indiferente a nuestros valores y sólo puede ser entendida olvidando nuestros conceptos del bien y del mal. El universo puede tener una finalidad, pero nada de lo que nosotros sabemos sugiere que, de ser así, ese propósito tendría alguna semejanza con los nuestros.

Hay mucho más pero espero que estas muestras sean suficientes para hacerse una idea de lo que se puede encontrar dentro del libro. 

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