Curiosidades cognitivas

En este mismo blog puede encontrarse la reseña de On Intelligence, probablemente uno de los mejores libros que se han escrito sobre cómo funciona de verdad el cerebro y por qué no se parece al funcionamiento de un ordenador.

Empezaré por un pequeño secreto: Cuando voy conduciendo y me aburro, suelo entretenerme sumando los números de matrícula de los coches que pasan. El sistema es muy sencillo: La matrícula tiene cuatro números y sumo los dos de la izquierda con los dos de la derecha empezando siempre por la izquierda, es decir, en una matrícula con la cifra 2539 la secuencia para sumar 25 + 39 sería 25 + 30 +9 y, cuando estoy entregado a esa actividad, puedo decir que la rapidez de cálculo es suficiente para que no adelante o sea adelantado por un solo vehículo que se escape sin sumar los números de su matrícula.

Éste es el algoritmo general y ciertamente es bastante rápido pero me he sorprendido a mí mismo generando un conjunto de excepciones a esa regla; por ejemplo, si una de las dos cifras se acerca mucho a 100 es aún más rápido sumar 100 y restar la diferencia; si las cifras de las unidades suman 10 se genera también otra operativa distinta y así van surgiendo espontáneamente un conjunto de operativas distintas a la regla general y que se ponen en marcha automáticamente cuando aparece la combinación adecuada para “dispararlas”.

Ese fenómeno que he podido experimentar con una actividad tan trivial como la suma de matrículas es exactamente a lo que se refiere Hawkins en On Intelligence cuando señala que las personas no aprenden abstracciones sino, muy al contrario, van acumulando casos particulares y van buscando situaciones en las que esos casos particulares sean de aplicación. La regla general acaba siendo válida un número limitado de casos y, cuanto mayor es la experiencia adquirida, mayor es el número de excepciones que generan su propia regla de procesamiento.

Traigo esto a colación porque es algo, que a pesar de ser sumamente simple, escapa a la comprensión de muchos tecnólogos que hacen gala de formación y querencia tecnológica y no comprenden nada que no sea susceptible de ser empaquetado en un algoritmo. Edgar Morin ya nos advertía de que suele confundirse la racionalidad con el racionalismo y que este último tiende a rechazar todo aquello que no sea capaz de empaquetar y alguien tan poco sospechoso de veleidades antimatemáticas como Einstein también advertía de que no todo lo que cuenta se puede contar ni todo lo que puede contarse cuenta. En igual línea se han manifestado en buena parte de su obra John Searle o Richard Dreyfuss pero resulta inútil.

Al integrista de la tecnología todo lo que no quepa en un algoritmo le suena al viejo hay razones que la razón no comprende y lo rechaza como una mezcla de metafísica y palabrería hueca, en caso de que ambas cosas no sean redundantes.

Es curioso que así ocurra y no voy a repetir aquí argumentos al respecto que pueden encontrarse en la categoría de gestión del conocimiento de este blog. Me limitaré a dar un par de ejemplos:

Los mejores antivirus anuncian orgullosamente ser capaces de realizar un procesamiento heurístico como forma de detectar virus desconocidos. En realidad, no es un procesamiento heurístico lo que hacen en el mismo sentido que lo puede hacer una persona pero lo que sí hacen es tratar excepciones. En su comportamiento normal, comparan un conjunto de códigos con una lista cada vez más abundante pero ¿qué ocurre cuando un código no está en su lista pero, por ejemplo, un programa fuera de otra lista -la de programas autorizados a conectarse a Internet- trata de hacerlo? ¿qué ocurre cuando ese código trata de reproducirse dentro del propio ordenador? Tal vez no sea un virus pero lo parece y ahí es donde el mal llamado procesamiento heurístico actúa.

¿Qué ocurre con los buscadores de Internet? A pesar de que todos utilizamos Google, hay veces que no somos capaces de encontrar la información que buscamos. ¿Dónde la buscamos entonces? Utilizando redes sociales explícitas o software que introduce la inteligencia de los usuarios dentro de la búsqueda.

Como ejemplo, la barra de Alexa, contra la que protestará cualquier herramienta anti-spyware. Nos indica dónde van otros que han visitado la página que estamos visitando nosotros pero, para hacer eso, tienen que espiarlos y espiarnos. Amazon, participante en Alexa, hace algo parecido y, ante una compra de libros, rápidamente nos dice qué otros libros suele comprar la gente que ha comprado el mismo que nosotros o, basándose en nuestro historial anterior de compra, nos hace recomendaciones más atinadas cuanto más hayamos comprado y más datos tenga.

Es cierto que, aunque solo sea por economía, conviene tener reglas generales de funcionamiento pero, por muchas excepciones que tratemos de integrar en ellas, siempre se nos quedarán cosas fuera e incluso peor: La propia complejidad de una regla muy elaborada introducirá situaciones de excepción para las que no tendrá respuesta.

Por ejemplo, un avión puede tener un elaborado sistema para evitar que entre en pérdida -momento en que se comporta como cualquier objeto sometido a la ley de la gravedad y a su propia inercia- porque se trata de una situación seria, especialmente si se está cerca del suelo salvo…que se esté tan, tan, tan cerca del suelo que sea mucho peor tratar de recuperar la situación bajando el morro para recuperar velocidad…y metiéndolo contra la pista pero, claro, eso no le va a pasar a nadie ¿verdad? ¿verdad que eso no le va a pasar a nadie? Véase:

http://images.google.com/imgres?imgurl=http://www.iasa.com.au/folders/images/A320Iberian.jpg&imgrefurl=http://www.iasa.com.au/folders/Safety_Issues/others/Bilbao.html&h=242&w=393&sz=16&hl=en&start=1&sig2=DOHlpgZdmD3C7Maxz5AqJQ&tbnid=3ErJFVlxtHT7WM:&tbnh=76&tbnw=124&ei=-meXRpvbKpLQ0QS59cirCg&prev=/images%3Fq%3Dairbus%2B320%2Bbilbao%2B2001%2Bcrash%2BOR%2Baccident%2BOR%2Baccidente%2BOR%2B2001%26as_st%3Dy%26gbv%3D2%26svnum%3D10%26hl%3Den%26safe%3Dactive%26rlz%3D1B2GGGL_en___ES206%26sa%3DG

Curiosamente, hasta hace poco tiempo había bastantes fotografías de este caso en www.airliners.net pero han desaparecido por arte de magia. Debe ser que a Airbus le gustaba tanto su calidad artística que decidió hacerse con ellas.

Cuando nos empeñamos en que no se pueden enlatar situaciones complejas en una regla general no es ni porque seamos dispersos ni porque, como algunos integristas de la tecnología creen, porque seamos incapaces. Es porque no debe hacerse.

Si alguien lo duda, que pruebe con el inocente ejercicio que proponía al principio. Aparte de que le servirá como gimnasia mental, se encontrará con que en poco tiempo empezará a generar espontáneamente múltiples excepciones a la regla general. Eso sí, el integrista de la tecnología intentará reelaborar el algoritmo introduciendo todas ellas con lo que acabará tardando diez minutos en procesar todas ellas y hacer una sencilla suma de dos números.

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