LA CONFIANZA EN LOS POLÍTICOS

Circula por ahí un chiste según el cual van tres políticos en una barca que hace agua estando en altamar, sin nadie a la vista y rodeados de tiburones. Ante la pregunta “¿Quién se salva?” la respuesta, haciendo gala de raro -en su acepción de escaso- ingenio es “España”.

Evidentemente, quien puso a circular el chiste era un optimista ya que, para conseguir semejantes resultados, no basta una barca sino que habría que llenar de políticos un Titanic o similar.

Hace unos días, comentaba en otro post que la tan aclamada transición nos ha dejado una serie de facturas muy elevadas y que habría que ir pensando en quitarse de encima.

Los dos grandes partidos tienen toda o buena parte de la culpa de esas facturas. El que gana las elecciones, si no tiene mayoría absoluta, se dedica a hacer apaños con partidos sobrerrepresentados porque, si no lo hace, el que las pierde está dispuesto a hacer los mismos apaños (véanse casos como los de las recientes elecciones autonómicas en Galicia, Navarra, Canarias y Baleares que han representado auténticas burlas al electorado).

La consecuencia de esa miopía ha sido entrar en un proceso de subasta donde, de repente, la llave de los gobiernos ha estado en las manos de sujetos indignos de representar ni a una comunidad de vecinos. Cierto es también que algún alto cargo de los grandes partidos no ha sido capaz ni de salir como concejal en su pueblo…será que le conocían bien.

No sé si la situación tiene solución pero lo que es seguro es que, si la tiene, la solución no va a venir de la misma mano que ha creado el problema. Ocasiones han tenido para aprender si hubieran querido hacerlo y, si no lo han hecho, no lo van a hacer ya.

El experimento de Ciudadanos de Cataluña y el no se sabe si experimento de Savater pueden dar la pista de una posible salida pero, para que esa salida sea real, probablemente se precisan algunas condiciones que ponen a prueba la generosidad y la vocación de servir -que no de servirse- de cualquiera:

  1. No definirse como partido de izquierda ni de derecha sino con un programa que lleve exclusivamente medidas destinadas a regenerar una situación democrática como las siguientes:
    1. Cambio de la ley electoral.
    2. Listas abiertas en las candidaturas de los partidos.
    3. Garantizar la democracia interna en los partidos de forma que se evite el aventurerismo y/o el imperio de la mediocridad con ínfulas.
    4. Independencia del poder judicial:
      1. Desaparición de los jueces que lo son por adscripción política.
      2. Elección entre los jueces de sus representantes en sus órganos de gobierno.
      3. Cambio en el sistema de designación del fiscal general del Estado.
      4. Cambio en la forma de elección del Tribunal Constitucional.
    5. Cerrar el modelo de Estado definiendo claramente las competencias y sin que éstas estén sujetas a permanente chalaneo.
    6. Forzar el cumplimiento real de la Constitución.
  2. Apoyar en bloque al partido que resulte más votado para que lleve a cabo SU programa sin más contrapartida que el que se vayan dando pasos claros y decididos hacia la recuperación de la democracia. En caso contrario, se podría llegar a apoyar una moción de censura.
  3. Mantener una vocación de interinidad: Una vez conseguidas las medidas de regeneración, la existencia de tal partido dejaría de tener ningún tipo de objeto. Sería el momento en que cada uno de sus componentes pudiera abandonar la actividad política o integrarse en el que fuera más de acuerdo con su propia tendencia.

Comentando estas posibilidades, alguien me decía que eso no es un partido sino una plataforma cívica. Sea. Gato blanco o gato negro no importa si caza ratones y en este momento las ratas se han hecho las dueñas del patio.

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Un Comentario

  1. jlmz

    Creo que el autor de este texto, como siempre, acierta plenamente en las condiciones que debe tener la muy necesaria plataforma para la renovación de la representación política en españa.

    Afortunadamente parece que hay un viento en el ambiente que está impulsando la opinión de muchos españoles en el deseo de cambio y que está propiciando iniciativas similares a las del profesor Sabater, por ejemplo Innovación Democrática.

    Nota:
    Algo que sería interesante incorporar a la nueva normativa que regule la representación debería ser, en mi opinión, que los votos blancos y nulos computasen para dejar asientos sin cubrir en los órganos de representación política.

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