La lógica no binaria del fallo tecnológico

Los detractores de un modelo de desarrollo tecnológico -no del desarrollo tecnológico mismo- tenemos buenas razones para serlo.

Bastantes pueden encontrarse en otros posts aquí mismo y otras más desarrolladas podrán encontrarse en breve plazo aquí en su aplicación específica a la seguridad aérea:

https://www.ashgate.com/shopping/title.asp?key1=&key2=&orig=results&isbn=0%207546%204912%201

Sin embargo, si hubiera que recurrir a una síntesis extrema y dar una razón principal sobre por qué es inadecuado el modelo de desarrollo tecnológico, la razón sería la siguiente: Porque los fallos tecnológicos no son binarios.

En otros términos, no nos encontramos en una posición de funciona o no-funciona sino que funciona parcialmente y, a menudo, el usuario no tiene claro qué funciona, qué no funciona y cuál es la lógica subyacente.

Por mera casualidad, el pasado fin de semana he tenido ocasión de ser testigo de tres comportamientos tecnológicos anómalos y que pueden inducir a confusión con graves consecuencias si esa confusión se produce en situaciones menos triviales como, por ejemplo, un avión en vuelo.

La primera de estas situaciones se produjo el pasado sábado en una habitación de un hotel. La habitación disponía de un vestidor a la entrada muy cómodo para evitar despertar a los ocupantes menos madrugadores. Al poco tiempo de encender la luz, ésta se apagó repentinamente interpretándolo como fallo de la bombilla. No obstante, por si acaso, volví a pulsar el interruptor encendiéndose de nuevo la luz y apagándose rápidamente esta vez. Imaginé una explicación que resultó ser correcta: El interruptor encendía también otra luz en el interior de la habitación y una mano negra utilizaba un
segundo interruptor para apagar la luz y dejarme sumido en la oscuridad mientras me arreglaba para salir.

La segunda situación se produjo con un teléfono móvil que no funcionaba. La pantalla señalaba que hacía todo perfectamente excepto que, cuando teóricamente se estaba conectado con un interlocutor, el teléfono no emitía el menor sonido, ni durante la espera ni cuando se supone que se estaba en una conversación. La experiencia -que no el manual del teléfono- enseña al usuario avezado que, ocasionalmente, el Bluetooth se “engancha” y permanece activado en momentos en que no debería estarlo. Como consecuencia, dejan de funcionar tanto el micrófono como el altavoz pero se establecen correctamente las conexiones. ¿Solución? Apagar y encender el teléfono. ¿Cómo lo sabemos? Porque ya nos ha pasado más veces. ¿Por qué ocurre? Ni la más remota idea.

La tercera y última situación se produjo durante el viaje de regreso. Repentinamente, una radio de automóvil no especialmente sofisticada y sin pulsar ningún botón decidió por sí sola ponerse en marcha y atronar el coche con el Cómo me pica la nariz que había sido oportunamente apagado una vez que su feliz destinatario decidió dormirse. ¿Solución? Volver a apagar la radio. ¿Por qué se encendió? Ni la más remota idea.

Evidentemente, ninguna de las situaciones era crítica pero la existencia de funcionamientos no binarios o, si se prefiere, estados crepusculares entre el funciona y no-funciona se producen también en situaciones críticas.

Casos como el American Airlines 965 http://en.wikipedia.org/wiki/American_Airlines_965 o el ya clásico accidente del Airbus A-320 ejerciendo de segadora http://en.wikipedia.org/wiki/Air_France_Flight_296 y http://www.youtube.com/watch?v=_EM0hDchVlY tras ser incapaz de remontar el vuelo son un claro paradigma de esa situación.

La idea de que, en los aviones tecnológicamente sofisticados, se disponga también de instrumentos básicos de vuelo es una ayuda pero es cuestionable que sea suficiente.

En primer lugar, los instrumentos básicos no tienen ni el tamaño ni la ubicación adecuados para poder utilizarlos con facilidad como instrumentos primarios de vuelo.En segundo lugar, y tal vez más importante si se conciben como dispositivos de emergencia, serían de una enorme utilidad si se sabe claramente cuándo usarlos, cosa que el modelo de fallo no binario puede impedir en muchas ocasiones.

Un ejemplo de esto último, si bien convergieron muchos más elementos, lo tenemos en el caso AeroPeru 603 http://en.wikipedia.org/wiki/Aeroperu_603

En un momento, cuando la confusión es absoluta, los pilotos deciden utilizar los instrumentos básicos como forma de salir de la situación.¿Por qué hicieron esto? Evidentemente, porque pensaban que se encontraban ante un fallo no binario de la tecnología. La siguiente pregunta que habría que hacerse es por qué pensaban eso.

Posiblemente porque, al igual que con el inocente problema del Bluetooth, ya habían pasado antes por esos estados crepusculares de la tecnología y pensaron encontrarse en uno de ellos. No fue así y una revisión prevuelo mínimamente cuidadosa habría evitado el accidente pero es significativo que la llamada a los instrumentos básicos no se produjera porque un instrumento deja de funcionar sino porque los pilotos entraron en estado de confusión por recibir indicaciones anómalas.

De los tres inocentes casos expuestos, en dos de ellos acabé desconociendo las causas y ello implica, entre otras cosas, que podrían repetirse. ¿Es admisible que esto mismo ocurra en situaciones que implican riesgo grave? Medidas de seguridad como la existencia de instrumentos básicos están diseñadas pensando en fallos binarios claramente identificables. La realidad, en muchas ocasiones, no es tan clara ni tan fácil y eso invalida, al menos parcialmente, tales medidas.

Hace tiempo, alguien me comentaba cómo funciona la seguridad aérea en África mediante un ejemplo: Al parecer, esta persona iba como pasajero en una ruta interna que no llevaba cabina separada. Mientras se estaban preparando para el vuelo, había un indicador rojo muy visible y que parecía señalar que algo no iba bien.

Al observar que nadie se inquietaba lo más mínimo, le preguntó a su acompañante -más acostumbrado a los vuelos en el interior de África y a esa línea en concreto- por qué no se cancelaba el vuelo.Su explicación fue que, con la salvedad del indicador, todo lo demás parecía estar bien y, puesto que la parte más frágil del sistema era el propio indicador, los pilotos habían decidido ignorarlo.

Cualquiera que lea esto lo atribuirá a cosas del África profunda y no se extrañará en absoluto del hecho pero ¿no se está actuando de modo muy semejante con aviones muy sofisticados donde, cuando un sistema se comporta de forma más o menos bizarra, nos limitamos a pensar que son tonterías
que hace la tecnología
y seguimos a lo nuestro?

El accidente de Spanair en agosto de 2008 ha puesto de relieve este tipo de actuación. Una sonda de temperatura se calienta y se quita el fusible correspondiente con lo que deja de calentarse. La experiencia mostró que estaban pasando más cosas pero no está tan claro que las personas que se enfrentaron al problema tuvieran forma de saber qué más estaba pasando y por qué.

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