Un nuevo mundo feliz (Ulrich Beck)

Beck es una estrella de la sociología que, entre sus conceptos favoritos, maneja el de riesgo global.

En este caso, ha aplicado ese mismo concepto al futuro del mercado de trabajo en un entorno de globalización y, como era de esperar de Beck, le ha salido una obra brillante aunque haya puntos que puedan ser discutibles.

Beck analiza la situación actual con países como China avanzando a una gran velocidad y preguntándose que le espera al “estado del bienestar” europeo y qué va a pasar cuando el desempleo no sea una cuestión de gente no cualificada sino que incluso personas muy cualificadas puedan verse en una situación de precariedad permanente.

Como casi siempre ocurre con Beck, tiene un ojo sumamente certero para el diagnóstico pero la solución queda mucho más en entredicho. Para muestra, un botón:

Hace referencia a las centrales nucleares y a cómo éstas pueden funcionar con un número mínimo de personas en relación con otros tipos de energía. De aquí, Beck concluye que es mejor optar por otras fuentes de energía que crean más empleo.

Hace unas pocas semanas, Manuel Pizarro, presidente de Endesa, era preguntando sobre los efectos de una política de desaparición de la energía nuclear y su respuesta se podía comparar fácilmente con la de Beck: Pizarro explicaba que la energía de origen nuclear era mucho más barata que otras fuentes alternativas y que, si alguien optaba por el cierre de las centrales nucleares, tenía que explicar también que la energía iba a ser mucho más cara con los efectos consiguientes en el bolsillo y en la competitividad.

Son muchas las actividades donde un 50% de los costes son precisamente los costes laborales y, por tanto, la opción de “creación de empleo” que promueve Beck puede ser llamada sin temor a equivocarse “ineficiencia planificada”. ¿Dónde nos lleva esa solución?

Es cierto que muchos países han comenzado ofreciendo mano de obra barata e, incluso en ese caso, hay que matizar que siempre ofrecen algo más. Si el motivo para llevarse una actividad a un país fuera siempre la mano de obra barata, todas las fábricas del mundo estarían en África. ¿Por qué no están allí? Porque, además, se busca una seguridad institucional y eso en África es algo que, con la excepción de Sudáfrica, es prácticamente imposible de encontrar.

Esos países que han comenzado ofreciendo mano de obra barata, poco a poco, se han ido introduciendo en actividades más cualificadas dando lugar a la situación que denuncia Beck: La precariedad, incluso en el caso de profesionales de una elevada cualificación.

Hasta ahí, de acuerdo pero ¿funciona la receta de Beck? ¿La solución está en optar por formas de energía -por seguir con el mismo ejemplo- que consuman más mano de obra y, por tanto, sean más costosas para sus consumidores? ¿Dónde nos lleva esa solución?

Curiosamente, nos lleva al mismo sitio. La precarización en el mundo occidental se produce porque nuestros costes son más altos y cada vez son más difíciles de justificar por una diferencia en la cualificación. ¿Se soluciona el problema introduciendo aún mayores costes?

No hace mucho tiempo, IBM vendió su división de ordenadores portátiles que pasaron a llamarse LeNovo y a ser íntegramente fabricados en China. Si nos vamos a los automóviles, encontramos que los japoneses se acercan a los alemanes y los coreanos a los japoneses y, dentro de poco, previsiblemente los chinos se acerquen a todos ellos. ¿Vamos a resolver ese problema aumentando aún más los costes de lo producido en Europa o U.S.A.?

La denuncia es fácil; la solución no lo es. Siempre tendremos águilas que, so pretexto de universalización de los derechos del trabajador, pretendan que otros países mucho más baratos, tengan las mismas prerrogativas que existen en el mundo occidental y, de esta forma, evitar que sean competitivos. Baste con recordar los famosos CFC y cómo su efecto sobre el agujero de ozono salió oportunamente cuando ya había una tecnología sustitutiva que aún no era accesible a países como India o China que empezaban a ser unos competidores peligrosos.

¿Pueden ser los sindicatos un factor importante para evitar las deslocalizaciones? Difícilmente; las trabas que se ponen al que se quiere marchar son cuidadosamente observadas por el que está pensando en venir y toma nota. ¿Tienen algo que ver las amenazas desde ámbitos políticos y sindicales a las empresas que se marchan con la reducción de la inversión extranjera en España? Probablemente sí aunque no es ésa la única opción y la exhibición de intervencionismo que se está produciendo tampoco suele ser del agrado de los inversores potenciales.

La solución no es fácil y la situación actual es criticable pero la propuesta de Beck tampoco pone las cosas mejor. A lo mejor tenemos que acabar recordando que el concepto mismo de “puesto de trabajo” nació en la Revolución Industrial y tenemos que hacernos a la idea de que todos somos vendedores permanentes de un producto que somos nosotros mismos. Si así fuera, la vida no iba a sernos más cómoda pero ¿hay otra opción? El “fundamentalismo de mercado”, por usar la expresión de Soros, no funciona pero la receta de Beck tampoco.

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