¿Sabes qué es un “lamer”?

Yo me acabo de enterar y, además, lo he hecho por la vía más sorprendente:

En el E-Mule, ese programa que nadie utiliza pero todo el mundo conoce, hay un curioso personaje que garantiza programas hechos por grandes multinacionales como Microsoft. Así pueden encontrarse cosas del estilo de “Windows Vista Ultimate garantizado por Luismi”.

La cosa tiene su chiste porque, como puede apreciarse, la garantía de Microsoft o de Bill Gates no son suficientes y necesitan el refuerzo de la garantía de “Luismi”.

Pues bien, si a alguien se le ocurre buscar documentos en E-Mule poniendo “Luismi” aparecerán, además de muchos puestos por él mismo, otros con cabeceras como “cuidado con Luismi” o “así roba Luismi tus contraseñas”. Es en uno de esos donde encontré que calificaban al famoso Luismi de “lamer” y, como la curiosidad me pudo, entré a la versión inglesa de Wikipedia con la esperanza de encontrar una definición como así fue.

Resulta que un “lamer” es alguien que no tiene mayor interés en entrar a fondo en las cosas sino que le interesa saber lo justito para poder operar o, dicho de otro modo, es justamente lo opuesto a un “hacker”, palabra que no olvidemos no tenía originalmente su connotación negativa de pirata informático sino que era más bien una especie de investigador por libre en materia de software.

La definición tiene un punto de gran interés: En la mayor parte de los ámbitos de la vida, todos somos “lamers” y, en muchos casos, lo somos por obligación ya que la complejidad tecnológica y organizativa hace que, aunque queramos, no podamos ir más allá del mero conocimiento operativo.

Hace muchos años, con coches mucho más sencillos y serias restricciones presupuestarias, recuerdo haber hecho cosas con mi coche como cambiarle las pastillas de freno, los amortiguadores, hacer un reglaje de taqués, una puesta a punto del encendido y unas cuantas cosas más.

Hoy, si se me ocurriera abrir el capó, me encontraría con una especie de cajón de plástico con un único agujero en su parte superior para rellenar de aceite (ni siquiera existe varilla de aceite) y, por supuesto, cada vez que hay que hacer algo, tengo que pasar por un taller de la marca -tampoco vale cualquiera porque requieren utillaje específico-.

¿Qué ha pasado? En materia de mecánica, he dejado de ser un “hacker” para pasar a ser un “lamer”. ¿En cuántos más terrenos nos está ocurriendo lo mismo debido a una complejidad creciente?

Cierto que, volviendo al ejemplo de los coches, éstos han ganado fiabilidad pero no lo es menos que, cuando el coche fallaba, no nos encontrábamos totalmente indefensos como sí lo estamos ahora. Antes de que existiera el móvil, en carretera podíamos vernos confiados a nuestros propios medios o al buen samaritano que pasase por allí. Ahora dependemos de “Movistar” si tenemos la suerte de que haya cobertura.

¿Hemos salido ganando con el cambio? El tiempo nos lo dirá.

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Un Comentario

  1. cheblela

    Algunos dirán que es el progreso. La verdad es que en este aspecto cualquier tiempo pasado fue mejor:

    Cuando en la educación secundaria (en la de antes, no en la actual) se estudiaba la Historia, siempre me resultó envidiable esa amplitud de miras del hombre renacentista (Erasmo, Leonardo, Miguel Angel y tantos otros) que no se conformaban con el saber en un sólo campo, sino que ansiaban la generalidad. Ese afán humanista siempre lo he considerado encomiable, y de alguna forma el ideal del ciudadano (viene desde Plantón).

    Desde entonces, nos hemos venido abajo. Ha habido distintas épocas en las que ha brillado en mayor o menor medida alguno de los campos del conocimiento (el siglo de oro español, la ilustración francesa, la revolución industrial, la revolución científica, la actual revolución del conocimiento, etc.) sin embargo ese ideal de hombre renacentista se ha ido diluyendo hasta desaparecer (en nuestros días la tendencia es la contraria) en la especialización post-industrial.

    Esta tendencia se ha extremado gracias a la sociedad de consumo en la que vivimos, en la que es mejor comprar un coche nuevo, una pieza nueva, etc. en vez de arreglar la estropeada. Es la base de nuestro sistema de crecimiento (y bienestar), producir para crecer, y para producir hay que sustituir en vez de reutilizar.

    El progreso, dicen, pero sin duda insostenible.

    cheble.

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