La ética del escritor

La vida da muchas vueltas. Cuando empiezan a ser muchas las hojas del calendario que se han arrancado, empiezan a ocurrir cosas que nunca antes se habrían sospechado.

Hace muy pocos días, me he encontrado con una de ellas:

Hace casi veinte años, trabajaba en una entonces afamada auditora-consultora de la que ahora nadie quiere oir hablar. Entre otras personas de lo más variopintas, me encontré allí con dos que, con el paso del tiempo, acabarían teniendo trayectorias muy distintas:

Uno de ellos, un muy conocido consultor de los que están en la, a todas luces inmodesta, lista de los autodenominados “Top Ten”.

La otra era una mujer de una más que notable belleza que, con el tiempo, acabaría adquiriendo esa madurez que aumenta el atractivo para los que también somos maduros y, además, acabaría abandonando el mundo de la consultoría para convertirse en una conocida escritora.

Pues bien, hace pocos días cayó en mis manos un relato escrito por -llamémosla Paloma- que implicaba directamente al otro personaje dándole un nombre sólo ligeramente disfrazado (al igual que estoy haciendo yo con “Paloma”).

Cualquiera que haya vivido el momento, identificará sin lugar a dudas a sus protagonistas ya que se habla de acontecimientos totalmente reales de la biografía conocida de los dos personajes y aquí es donde viene el problema:

En el relato, el disfraz es tan tenue que casi es como las gafas de Clark Kent que, al parecer, eran suficientes para engañar a Louise Lane pero a nadie más (lejos, lejísimos de mi intención comparar al personaje con Superman con el que no tiene el más remoto parecido).

Cuando ocurre esto, las licencias literarias pueden dejar de serlo para incurrir en una casi abierta difamación. Algunos de los acontecimientos contados en el relato los conozco y sé que son ciertos, hay otros sobre los que no puedo opinar y, por último, hay otros que también conozco y sé que son falsos.

Por añadidura, estos últimos son los que dibujan un trazo más grueso y más negro sobre el personaje. Es muy posible que “Paloma” tenga motivos para guardarle rencor a “Alfredo” incluso después de veinte años pero ocultarse en la licencia literaria para verter porquería sobre un personaje muy fácil de identificar no me parece de recibo.

Probablemente, una denuncia no llegaría a ninguna parte pero sigue sin parecerme legítima una actuación que creo que mancha una trayectoria literaria al utilizar la literatura para tirar la piedra y esconder la mano.

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  1. cheblela

    Esta historia que cuentas me recuerda a una técnica, en cierta manera alternativa al psicólogo (y más barata), que se está poniendo de moda ultimamente. Se trata de los blogs dedicados a hablar de las lindezas de tus ex-empresas (en algunos casos aún nosin dejar de ser ex). Hay uno que se llama “trabajo basura”. Su “leif motiv” bien pudiera ser “diga lo que nunca se atrevio a decir”. De vez en cuando te sorprendes con algún comentario positivo.

    cheble

  2. factorhumano

    Cierto y también es cierto que cada uno se inspira en lo que le rodea pero, cuando se hacen muy claramente identificables la empresa y las personas de que se trata y, bajo licencia literaria, se introducen elementos que no son ciertos, la cosa dice mucho del escritor.

    El criticado puede no ser un santo y es posible que algunas de las críticas estén plenamente fundadas pero si es así ¿por qué devaluar las auténticas con las falsas? El único motivo que se me ocurre es que el escritor piense que todo el mundo va a comprarlas todas al peso.

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