Telepredicadores y gurús del management

La muerte de Sumantra Ghoshal, a la que me había referido en el espacio http://groups.msn.com/factorhumano me hizo pensar en lo mucho que se parece la actividad de los telepredicadores a la de muchos pretendidos gurus del management; Sumantra Ghoshal era una honrosa excepción a esta regla.

 

Hace poco tiempo, en un país de Centroamérica, me comentaba un amigo de allí que un compañero suyo en tareas docentes e ingeniero de titulación había decidido convertirse en predicador simplemente por motivos económicos. Esto, dicho así con toda la naturalidad, suena extraño para las costumbres españolas pero, si lo miramos a fondo, tampoco estamos tan lejos de ello.

 

Hace varios años, en una conversación con un guru internacional del marketing, éste me contaba sus cuitas con un cliente que le había contratado un curso a un precio exorbitante. Su cliente era una editorial y su problema era el siguiente: He estado revisando la forma de actuar de McGraw-Hill; creo que lo hacen bien y así se lo he dicho al cliente. Sin embargo, ellos pretenden hacer todo lo contrario ¿por qué contratan entonces un curso donde lo que les voy a contar no tiene que ver con lo que ellos están haciendo?

 

Hay que decir que se trataba de una persona que manejaba con excepcional destreza la dinámica del aula y le pregunté si deseaba que le dijera la verdad o prefería que fuera educado. Para su desdicha, optó por la primera posibilidad y me limité a contestarle casi literalmente lo siguiente: Porque es caro. Tu facturación está muy por encima de lo habitual y este hecho va a ser utilizado como forma de mostrar que hay un auténtico interés en un proceso de cambio. Ese interés, sin embargo, no existe; no pretendas salvarles de nada porque, en el caso de que pudieras hacerlo, nadie te ha pedido que lo hagas. Imparte tu curso, da espectáculo y, si quedan contentos, probablemente te contratarán otros aunque tú y yo sabremos que no servirán de nada.

 

Quizás con los años nos suavizamos un poco y tal vez hoy habría sido incapaz de contestarle algo semejante aunque crea honestamente que respondía a la realidad. ¿Cuántas veces se producen situaciones de este tipo?

 

El guru maneja bien la dinámica grupal y suelta su sermón a un público que va a salir encantado y lo va a olvidar al cabo de pocas horas. ¿Estafa? Tal vez; en algunos casos, con toda seguridad. Cualquiera que se desenvuelva en este terreno podría, sólo recurriendo a la memoria, soltar no menos de diez nombres de reputados golfos que viven de soltar sermones vacíos. Sin embargo, en muchos casos no hay estafa sino que se trata simplemente de intereses complementarios. El guru vende algo que no funciona a un comprador que también sabe que no funciona. Los ilusos acaban siendo aquéllos que pensaban que se podía cambiar el mundo con una charlita y un poco de teatro.

 

Evidentemente, no es éste un sitio para dar nombres pero la próxima vez que asista a una sesión de uno de estos gurus , vea si le ha dejado algo -incluida la cartera- aparte del subidón que consiguen provocar en la sesión. Exija contenido que realmente le guíe para modificar cosas y, si no es así y ha visto que la dinámica grupal era muy similar a la que se produce en las sesiones de telepredicadores, a veces con milagros incluidos, no vuelva.

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