El método Grönholm

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En el momento de escribir este comentario, la obra se encuentra en la cartelera de teatro de Madrid.
Según el autor la idea de la obra nace de una anécdota real…un empleado de una cadena de supermercados (aunque el autor no la nombra se trata de Sánchez Romero) había anotado sus impresiones sobre las posibles candidatas a un puesto de cajera. Los comentarios estaban llenos de frases machistas, xenófobas y crueles del tipo …”moraca, no sabe ni dar la mano”, “voz de pito, parece idiota”.

Con esta idea en mente, es fácil suponer que lo que ha intentado el autor es una mezcla de parodia y denuncia sobre los métodos de selección y hay algo que decir tanto sobre los principios que animan a la obra como sobre la obra misma.
Estoy plenamente de acuerdo en que es inadmisible que alguien escriba comentarios de ese tipo incurriendo en el claro riesgo de que sean vistos y hagan daño. Otra cosa es que en nombre de lo políticamente correcto -obsérvense las expresiones utilizadas por el autor- el seleccionador no pueda ya ni siquiera pensar lo que cometió la imprudencia de escribir.
Hace tiempo conocí una empresa muy sensibilizada con los escritos y escribían clases marginales sin arraigo social cuando querían indicar que una casa embargada estaba ocupada. Después ya de palabra, en una reunión, cuando se pedía la aclaración salían los comentarios xenófobos y crueles del estilo de “un grupo de okupas gitano” o similar. Esto había dado lugar a un lenguaje escrito pensando en las manos en que podía aterrizar un informe y un lenguaje verbal “políticamente incorrecto” pero necesario cuando se trata de precisar y entenderse.
Inevitablemente, la crítica realizada desde la asfixiante posición de lo políticamente correcto se queda en una parodia porque, para conseguir algo, tiene que exagerar la realidad de lo que critica. El efecto suele ser el contrario del que se persigue porque se centra la crítica en el aspecto anecdótico dejando pasar los elementos realmente criticables.
La primera parte de la obra resulta entretenida aunque resulta difícil hacer creer a alguien que haya estado a uno u otro lado de la mesa en un proceso de selección que las cosas funcionan así. Siempre puede encontrarse uno a un seleccionador incompetente o tarado -hay tantos como en cualquier otra profesión- pero tomar una parte mínima por el todo implica un desvío completo de la crítica.
La segunda parte ni siquiera es entretenida. Parece que al autor le entró prisa por liquidar la obra y es justamente lo que hace en cuatro mandobles y con un final inesperado y que nada tiene que ver con el resto de la obra.
Puestos a criticar las prácticas de selección son muchas las cosas criticables. Todavía hoy me encuentro muchas mujeres que me preguntan qué deben contestar si el seleccionador les pregunta si tienen novio, si piensan casarse o tener hijos, etc. Mi respuesta es siempre que, ante una intromisión ilegítima, la mentira es una respuesta legítima. El hecho de que estas preguntas se repitan indica que ésa sí es una práctica habitual y, desde luego, criticable en los procesos de selección.
Podemos criticar que se utilicen determinadas pruebas que pueden no ser válidas o dar información que va mucho más allá de lo requerido en el proceso de selección y que solo pueden hacer daño. ¿Qué ocurre cuando ante una respuesta inocente en un Rorschach un seleccionador se queda pensando “éste es más maricón que Catalina de Rusia” (Umbral dixit)? ¿Qué ocurre si lo escribe en un informe de selección por mucho que lo disfrace para estar de acuerdo con la ortodoxia del momento? ¿Qué legitimidad tiene para obtener y para escribir ese tipo de información?
¿Qué ocurre cuando un afamado “head-hunter” dice -y escribe- que rechazó a un candidato porque en un almuerzo vio que echaba sal en la sopa antes de probarla demostrando que era un precipitado? Es posible que el candidato fuera un precipitado; es igualmente posible que el “head-hunter” fuera un imbécil al que no se le ocurriera que al candidato le gustaba la comida muy salada y su hábito estuviera plenamente justificado. ¿Es justo que la carrera profesional de alguien pueda estar en semejantes manos?
Ésos son los auténticos problemas no abordados en la obra que, después de una primera parte entretenida, queda en un fuego de artificio vacío. Bienvenida sea la crítica a los procesos de selección pero la caricatura realizada desde una posición de caricatura no es el camino para hacerlo.

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