Factor Humano

Recursos Humanos, Gestión de conocimiento, Seguridad aérea y temas culturales, sociales y políticos

IPv6: Otra maravilla de la informática “user friendly”

Ayer traté de instalar en el ordenador que utilizo habitualmente la versión 11.2 de OpenSuse. Aparentemente todo fue normal hasta que, al intentar arrancar desde el disco duro, me salió un letrero diciendo que no había sistema operativo.

Como no hay mal que por bien no venga y el ordenador está preparado para un sistema operativo de 64 bits, decidí instalar no el Windows que se había cargado la instalación de Linux sino el Vista de 64 bits. Por lo menos me reconocería el total de memoria y algo ganaríamos. Además, el XP empezaba a ir lento a pesar de que la máquina, para los estándares actuales, no lo es.

La primera sorpresa fue que, al particionar en automático, la versión 11.2 de OpenSuse era mucho más ambiciosa y no tomaba lo necesario preguntando por el resto sino que, directamente, se asignaba la mitad del disco duro. Los que utilizamos el ordenador para trabajar raramente nos podemos permitir ese lujo dado el todavía escaso número de programas muy habituales que trabajan bajo Linux.

El Partition Magic no me sirvió de gran cosa porque no funciona con Windows Vista de modo que tuve que volver a utilizar el propio programa de instalación del Linux para reparticionar aunque, a la vista de los resultados, no tuviera ya la menor intención de volver a instalar Linux.

A partir de ahí, se supone que no debería tener demasiados problemas puesto que siempre he tomado la precaución de tener los datos en un disco externo que, por tanto, no se veía afectado por toda esta historia. Pues bien, el primer problema surge con la red inalámbrica y la necesidad, no explicada en ninguna parte, de introducir la clave de acceso utilizando su equivalencia hexadecimal. Como esto me había pasado hace muy poco al poner en marcha un disco duro externo conectado a la tele, no me sorprendió demasiado.

Lo que sí me sorprendió más es que, después de realizar una serie de actualizaciones, Internet dejó de funcionar. Me mostraba una etiqueta de “conectividad limitada” e incluso cuando pinché al ordenador un cable de red me ocurría lo mismo. La “ayuda” de Microsoft se limitaba a repetir lo mismo que estaba viendo en los menús incluyendo algún hipervínculo a zonas del panel de control que podía haber descubierto por mí mismo. Todo un homenaje a la inutilidad.

Naturalmente, para la “ayuda” todo tenía la culpa menos el puñetero Vista dando recomendaciones como desenchufar y volver a enchufar el cable-modem a pesar de que otro ordenador estaba accediendo normalmente a Internet a través de él. Finalmente utilicé ese ordenador “vivo” para buscar información sobre qué ocurría. Me encontré con que no era el único y que había mucha gente que estaba harta del Windows Vista, de las IPv6 y de todos los inventos semejantes y no explicados. Recomendación recibida en un foro: Desactiva las IPv6. Como tenía poco que perder lo hice y ¡oh, sorpresa! el ordenador se conectó normalmente a Internet.

Ahora que sigan hablando de informática “user friendly”. A lo mejor el problema no es la informática sino los informáticos como decía Rousseau de la relación entre la medicina y los médicos. En una frase para enmarcar en Emilio Rousseau decía “Se me dirá que la medicina es un arte y que los fallos son del médico. Sea enhorabuena; venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte”.  Sustitúyase la medicina por la informática y puede que estemos en una situación parecida pero, sea por culpa de la informática o de los informáticos, lo cierto es que el uso de un ordenador casero es todavía suficientemente enrevesado como para hacer que muchos usuarios medios decidan declararse incompetentes. ¿”User-friendly”? Sí, “as far as the user is an expert”. Eso es lo que hay.

Noviembre 14, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Organizaciones, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

Banderas de conveniencia

El secuestro del atunero “Alakrana” y antes del esto el “Playa de Bakio” tiene muchas derivadas pero, por la razón que sea, parece que nadie ha querido entrar en una de ellas: El uso de las banderas de conveniencia.

Éste es un uso muy extendido y parece que el primero o uno de los primeros innovadores en este terreno fue el griego Onassis. Al parecer, la práctica común de los petroleros era la de llevar bandera de Estados Unidos porque, de esta forma, consideraban que su situación estaba más protegida aunque, eso sí, suponía estar sujetos al fisco -y a la protección- de Estados Unidos. Onassis pensó que el coste de la protección no le compensaba y empezó a buscar países en los que matricular sus barcos donde el pago de impuestos fuera escaso o nulo. Tradicionalmente, estos países han sido Panamá y Liberia aunque parece que más adelante se unieron al club de las banderas de conveniencia otros lugares como Seychelles.

Así, cuando se habla de “el atunero vasco”, habría que matizar que la empresa puede ser vasca pero, si la bandera no es española, cualquier petición de protección debería de realizarse al país del que lleva la bandera el barco. Por añadidura, sólo un tercio de la tripulación es de origen español. ¿Por qué, entonces, es España quien tiene que afrontar un problema que no parece más suyo que de cualquiera de los países de origen de los tripulantes o del país de abanderamiento del barco?

En estos días se han oído argumentos absolutamente peregrinos, incluyendo el de que el ayuntamiento de donde proceden la mayoría de los tripulantes españoles es abertzale y que sus familiares también y que, por tanto, no les correspondería protección de un Estado que rechazan. Es difícil encontrar un argumento más miserable que ése. Lo mismo si son de Batasuna que si son hinchas del Rayo Vallecano, son acreedores a la protección del Estado que le correspondería a cualquier otro español. Cosa distinta es si le corresponde la protección del Estado español a un barco matriculado en otro país.

Habría que ver en qué medida la situación actual no procede de la conducta seguida con el anterior secuestro con el “Playa de Bakio” al haber transmitido el mensaje claro de que el secuestro de barcos que puedan ser utilizados para presionar al gobierno español es rentable. Al parecer, en aquel caso hubo una oportunidad disponible, después de haber pagado el rescate,  de haber echado a pique la barca de los piratas que abandonaban el barco con el dinero a bordo. Si se hubiera hecho y se hubiera actuado en una línea similar a la seguida por los franceses ¿tendríamos ahora otro caso similar o se lo habrían pensado mejor?

Inevitablemente, el uso de la fuerza tiene que ser una posibilidad a plantear por mucho que uno quiera que, por méritos similares al último, le regalen el Nobel de la Paz. La protección de los propios barcos implica la disposición a, si es necesario, utilizar la fuerza y hacer valer el viejo principio de que en democracia es el Estado quien tiene el monopolio de la violencia. Cosa distinta, y que no parece estarse planteando en el nivel que se debiera, es si un barco con bandera no española es acreedor o no a esa protección y si, en su caso, la preocupación debería limitarse exclusivamente a los ciudadanos españoles sea cual sea el medio que los transporte o hacerse extensiva a los demás tripulantes y al propio barco.

Si no se está en disposición de usar la fuerza, como parece dejar claro la actuación seguida con el caso anterior, el “Playa de Bakio”, nos encontraremos en una situación que describe espléndidamente José Antonio Marina en “Anatomía del miedo” con estas palabras:

En caso de guerra ¿querría alguien un ejército dubitativo, asambleario, crítico, democrático, donde cada soldado mantuviera su libertad de juicio, evaluación y decisión? No, porque sería un ejército parecido al que popularizó Gila, que pedía al enemigo que no atacara muy temprano porque querían dormir o le pedía prestado el cañón. Parece que este asunto no tiene solución posible. O tener unos ejércitos inútiles o tener unos ejércitos salvajes…seguirá habiendo guerras, porque basta con que alguien desee hacerlas para que las haya; será necesario ir a la guerra para defender valores importantes o la supervivencia y entonces harán falta ejércitos eficaces.

Se habla de autorizar a los barcos a llevar vigilantes civiles armados pero, en realidad, eso lo único que hace es invitar a los piratas a que vayan mejor armados porque cabe esperar que ningún atunero vaya a llevar ningún ejército dentro para protegerlo. Las preguntas más sencillas son las que parece que nadie quiere plantear:

  1. ¿Es sujeto de protección del Estado español un barco con una matrícula no española y con un tercio de su tripulación compuesta por españoles?
  2. En caso afirmativo ¿se está dispuesto a utilizar la fuerza como medio de garantizar esa protección? Si no es así, ya pueden contar con que esta situación con componentes de drama  por lo que toca a los afectados y sus familiares y de ópera bufa por el papelón de los politicos y del ejército  se repetirá bastantes veces por mucho “segurata” que quieran poner a bordo de los atuneros.

Noviembre 8, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

Tamaño y riesgo sistémico en los mercados

La siempre recomendable newsletter Wharton-Universia acaba de publicar un artículo sobre las organizaciones que, sobre el papel, son demasiado grandes para caer o para permitir que caigan:

http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1795&language=spanish

Llueve sobre mojado. El último número de la Harvard-Deusto publicaba otro excelente artículo, reproducido de la Sloan Management Review del MIT,  recomendando cambiar el lenguaje que se utiliza en los negocios porque la contabilidad actual no es capaz de capturar el riesgo sistémico.

Lo malo de todo ello es que no es nuevo pero dice poco y malo de nuestra capacidad real de aprendizaje y sólo ante una crisis de dimensiones descomunales nos acordamos de que existe un riesgo sistémico que, simplemente, había sido ignorado. Autores como Ulrich Beck con “La sociedad del riesgo global” se anticiparon varios años a la crisis actual, otros como Peter Senge lo hicieron aún más aunque de forma acaso más superficial y así podríamos ir retrocediendo en el tiempo hasta los Forrester, Luhmann, Bertalanffy y muchos otros.

Mecanismos como las titulizaciones consiguieron hacer mucho más eficientes los movimientos de dinero pero, al hacerlo así, alguien se olvidó de un principio básico: El fallo en una organización eficiente utiliza para multiplicar sus efectos los mismos canales que esa misma organización utiliza para su funcionamiento normal. En otras palabras, a más eficiente la organización más eficiente el fallo y mayor es su posible impacto. Por ejemplo ¿podría esperarse una expansión importante de un virus si no existiera Internet?

El riesgo sistémico nos aguarda escondido en multitud de lugares. La historia nos habla incluso de guerras evitadas o iniciadas por incidentes menores que entraron en una espiral de autorrefuerzo y no fueron más que una humilde cerilla en un polvorín. Intentar detectar todas las cerillas es inútil y costoso pero hacerlo con los polvorines y no cerrar los ojos al riesgo que éstos encierran es suicida.

En el ámbito de la aviación, Michael O’Leary, gran jefe de Ryanair, afirmaba que un riesgo real para su compañía es la eventualidad de que una compañía low-cost importante tenga un accidente grave. Cualquier accidente deja al descubierto prácticas inadecuadas y regulaciones insuficientes o erróneas pudiendo afectar gravemente a los implicados. Algunos de ellos, al ejercer al mismo tiempo como juez y parte, intentan ponerse a salvo aunque, afortunadamente, en la sociedad de la información global les resulta cada vez más difícil.

En ese mismo ámbito, un único modelo de avión cuyo diseño demostró tener demasiados agujeros de seguridad, el DC-10, fue suficiente para provocar la bancarrota de McDonnell Douglas, el que era el segundo gran fabricante norteamericano. El avión fue rechazado y la empresa se quedó sin la posibilidad de competir en el mercado de los aviones grandes. Sin duda, Boeing tiene a esta compañía entre sus más cariñosos recuerdos ya que, al hacerse cargo de la compañía y sus productos, le ha tocado asumir fallos de diseño y actuaciones que no eran propios.

¿Por qué se cayeron las torres gemelas si estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión? Puesto que el Empire State ya sufrió el choque de un avión, esa eventualidad no era algo del ámbito de la ciencia-ficción sino una posibilidad real y, por tanto, se diseñaron atendiendo a ella y, sin embargo, se cayeron. ¿Por qué? Porque, desde el momento de la construcción de las torres los aviones habían crecido mucho y, además, estaban preparadas para resistir el impacto pero no el fuego de unas cuantas decenas de miles de litros de combustible. Una vez que la temperatura hizo que colapsase un piso, los que estaban debajo podían aguantar el peso añadido de uno más pero no de todos los que estaban encima repitiendose ese proceso piso a piso.

¿Por qué se caen espléndidas estructuras diseñadas con magníficos programas de CAD? Porque los programas pueden reproducir las cargas sobre las estructuras pero es mucho más difícil reproducir cómo deben ser las uniones entre los distintos componentes; no falla la viga sino su unión con otras. Una vez que una ha fallado, las contiguas comienzan a soportar un peso mayor del que están preparadas para aguantar y colapsan repitiéndose el proceso por toda la estructura.

Los organismos reguladores a menudo no disponen de la posibilidad de contrastar si existe o no riesgo sistémico ya que éste se puede encontrar escondido en muchos lugares, tanto si hablamos de productos puramente ingenieriles diseñados mediante programas cuyos resultados el ingeniero no puede contrastar por sus propios medios como de sistemas financieros o cualquier otra cosa.  Hace algún tiempo me llevé una sorpresa al enterarme de que algo parecido ocurría también en un ámbito aparentemente más trivial como es el de la meteorología:

A medida que se han ido aumentando las estaciones de observación, ha crecido la dificultad para procesar todos los datos recibidos y más aún para procesarlos en un tiempo que hiciera que la información resultante fuera de interés y no que estuviéramos dando como primicia la previsión meteorológica esperable hace una semana. Los meteorólogos (o metereólogos según numerosos periódicos y televisiones) reciben los resultados de un procesamiento sin que tengan posibilidad alguna de contrastarlo con sus propias observaciones. No es de extrañar, por tanto, que los informes meteorológicos en televisión hayan mejorado notablemente en lo que se refiere a la presencia del presentador. Puesto que un meteorólogo auténtico no serviría de nada ¿por qué no utilizar un presentador que pasado mañana pueda estar en el área de deportes y dejar que la presencia sea el criterio principal? Si a alguien le parece exagerada esta reflexión, acuérdese de Minerva Piquero, que comenzó precisamente dando el informe meteorológico.

Algunos hablan de codicia, otros de espíritus animales y otros de punto ciego del refuerzo inmediato pero, sea cual sea la etiqueta que le apliquemos, no es sostenible un modelo en el que, de la forma más inesperada, pueden producirse explosiones de un tamaño descomunal y que tienen impacto en todo el mundo. Cuando se habla de economía sostenible y de evitar estos riesgos, todos podemos estar de acuerdo pero ¿cómo? ¿no estamos en la vieja historia de “quién le pone el cascabel al gato”?

Hacer lo mismo pero dando una “estética verde” no deja de ser una estupidez más procedente del ámbito “políticamente correcto”. Intentar dar poderes extraordinarios a unos reguladores que, simplemente, no comprenden qué está pasando y, en caso de comprenderlo, se encuentran en la situación del meteorólogo y no pueden alcanzar conclusiones a tiempo tampoco sirve de gran cosa. Si se quiere evitar el riesgo sistémico y buscar una sostenibilidad real, no queda más remedio que ir a los principios mismos de funcionamiento del sistema y la forma en qué este consigue eficiencia.

En El mundo feliz de Huxley cualquier juego nuevo, para ser admitido, tenía que ser más complicado y requerir más medios que otro previamente existente. En el mundo real tenemos también una regla que debería ser seguida y es la regla de Rassmussen: “El operador ha de ser capaz de correr cognitivamente el programa que está ejecutando el sistema”. En sistemas críticos, esta regla no debería ser saltada jamás y en sistemas menos críticos debería ser susceptible de sustitución por la comprobación cruzada: Un sistema complejo no debería ser aceptado si otro sistema de diseño completamente independiente no es capaz de replicar sus resultados.

La receta no es nueva. Es aplicada en aviación como una forma de garantizar que, en el caso de un fallo de software producido en varios sistemas idénticos, la redundancia resultase ser absolutamente inútil. Sin embargo, ese modelo que puede ser suficiente en muchos ámbitos no debería serlo en aviación, precisamente por tratarse de un sistema crítico.

Volvamos a la meteorología: Es dudoso que 1.000 estaciones de observación sean capaces de generar una previsión meteorológica el doble de precisa que 500 ya que en éste, como en cualquier otro ámbito, se produce el fenómeno del coste creciente de la mejora marginal. ¿Es posible que el meteorólogo pueda generar una previsión menos precisa procesando los resultados de muchas menos estaciones de observación? Para ello, tendría que tener claro cuáles son las que le permiten generar ese pronóstico y, con ello, validar unos resultados producidos a un nivel de detalle que le resulta inalcanzable.

Un mundo sostenible pasa necesariamente por eliminar el riesgo sistémico y, como ya anticipaba Beck, no está en absoluto eliminado. Puede hacerse pero ¿se hará o nos quedaremos esperando a la siguiente gran crisis que puedan provocar las finanzas internacionales, la incompetencia de los gobiernos, la contaminación, la falta de combustibles para cubrir las necesidades energéticas, la falta de alimentos o de agua potable, una pandemia, el terrorismo nuclear…? Son muchas las situaciones explosivas que nos rodean y, en lugar de eliminarlas con el grado de dureza o suavidad que proceda en cada caso, todavía nos seguimos empeñando en requisar las cerillas.

Noviembre 5, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Gestión de conocimiento, Organizaciones, Seguridad aérea, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

La guerra de Cajamadrid

Cualquier lector que no siga minuto a minuto las noticias relativas a Cajamadrid, sin duda se va a perder algunas cosas. Por ejemplo, en estos días se ha presentado como el gran triunfo en clave interna de Rajoy el que finalmente Rodrigo Rato vaya a ser el nuevo presidente de Cajamadrid. Esos mismos palmeros no explican que en marzo http://www.soitu.es/participacion/2009/03/18/u/basiliopozoduran_1237383024.html fue la propia Esperanza Aguirre quien propuso a Rato como presidente y que fue Rajoy quien lo rechazó, cabe suponer que porque no le gustaba tener de vuelta tan cercano a la política nacional a quién en su día fue su oponente y, dada su propia ejecutoria, hoy podría ser el Terminator de las ambiciones políticas de Rajoy. ¿Qué ha cambiado desde entonces para que, al parecer, las posiciones se hayan invertido?

Las malas lenguas aseguran que lo que ha cambiado es la situación actualmente crítica del grupo PRISA, con una importante deuda con Cajamadrid cuya renovación, de producirse, debería ser inmediata y que al citado grupo le interesa tener un amigo en la presidencia de Cajamadrid y Rato lo es…y tal vez por eso ahora Esperanza Aguirre prefiriese alguien que contribuyese a apuntillar a un grupo de comunicación que nunca se ha distinguido por su amistad hacia el PP aunque sí hacia alguno de sus miembros, fundamentalmente Ruiz-Gallardón y Rodrigo Rato. ¿Busca Rajoy convertirse en el salvador de PRISA para disfrutar del mismo trato favorable que sus compañeros de partido?

El PP lleva mucho tiempo bajo los focos como consecuencia de sus temas relacionados con la corrupción. No cabe duda de que los medios de comunicación no tratan igual a todos los partidos cuando alguien mete la mano en la caja pero ese hecho, con ser cierto, de ninguna forma justifica la inacción de que ha hecho gala Rajoy en el asunto de la corrupción. De repente, salta otra corruptela en Cataluña que, en este caso, afecta directamente a ex-altos cargos de Pujol y dirigentes de Convergencia y del PSOE y, justo en ese momento, se descuelga Manuel Cobo en El País con unas declaraciones en contra de Esperanza Aguirre en relación con Cajamadrid que hacen que los focos que, por un momento, se habían desviado vuelvan inmediatamente a enfocar al PP y pase el otro asunto a segundo plano.

¿Casualidad o ejercen Cobo y Gallardón o viceversa como caballos de Troya del PSOE en el PP con el intermedio de PRISA?

El caso es que Rajoy no parece necesidad de ayuda externa o interna para enredarse él solo. La diferencia entre el trato recibido por el ex-secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, y el primer teniente de alcalde de Madrid, Manuel Cobo, a quien su jefe apoya y mantiene en el puesto a pesar de una suspensión cautelar de militancia muestra que el anunciado puñetazo en la mesa lo ha dado flojito para no hacerse daño. No hay que extrañarse de que el ministro de Fomento, José Blanco, manifestase su alegría porque la figura de Rajoy pudiera salir reforzada de todo este enredo. Como Josep Piqué dijo de él cuando le preguntaron cómo lo estaba haciendo, es difícil no hacerlo mejor.

Cajamadrid ha resultado ser un campo de batalla donde se aludía a grandes principios y a respeto a la legalidad pero lo que se estaba cociendo era la pura y simple lucha por el poder entre dos bandos enfrentados del PP. No se sabe si por la importancia de la entidad o por ese distinto tratamiento que los medios de información dan a la porquería dependiendo del lado del que viene, el tema ha gozado de bastantes titulares pero está muy lejos de ser el único enjuague con cajas de ahorros de por medio.

Los políticos de todo signo han entrado al asalto en las cajas de ahorros y las han convertido en el brazo financiero del partido en el poder en cada sitio y, al final, es el Estado -o sea, todos nosotros- quien tiene que pagar la fiesta que se han corrido y se siguen corriendo nuestros honorabilísimos padres de la patria repartiendo dinero entre sus amigos. No resulta extraño que la conducta de los políticos haya pasado a estar, según el último sondeo del CIS, entre las preocupaciones de los ciudadanos por encima incluso del terrorismo. Lo que no nos dicen es que es una preocupación relacionada con la salud como la relativa a la gripe A, sólo que en este caso más que a la gripe se refiere a las ganas de vomitar que producen unos y otros.

Noviembre 4, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

El Nobel de Obama

Vaya por delante que un premio Nobel de la Paz otorgado por una fundación que lleva el nombre del inventor de la dinamita es, cuando menos, contradictorio en su origen.

Es difícil estar de acuerdo en todos los nombramientos e incluso lo mismo nos podría ocurrir con el santoral donde, por ejemplo, ha estado a punto de colarse un personaje de méritos más que dudosos y algún otro ha sido designado con el jocoso nombre de “el santo de alta velocidad”.

Lo malo es que las concesiones inmerecidas de premios supuestamente importantes devalúan no sólo el premio sino el mérito de personas que lo han obtenido en el pasado y que realmente sí lo hayan podido merecer.

Obama puede haber levantado expectativas pero el tiempo que lleva en el poder es absolutamente insuficiente para saber siquiera si tales expectativas son fundadas. Que alguien diga que una de las cosas que más ha pesado en la concesión del premio es su discurso de El Cairo suena a chiste malo. En primer lugar, los premios de este tipo se suelen conceder por hechos y no por palabras, aunque este premio ya tenga el triste precedente de haber sido otorgado a alguien con una biografía totalmente falsificada, y en segundo lugar el discurso citado tenía errores garrafales que aquí movieron a risa a muchos, por ejemplo, las referencias a Al-Andalus y a la Inquisición en el mismo paquete.

El premio Nobel de la Paz ya fue concedido hace años al primer presidente negro de un país, Nelson Mandela, que, sin duda, en el momento de la concesión había hecho muchos más méritos que Obama para ello. ¿Es eso lo que se está premiando en Obama? ¿Ser el primer presidente negro de su país? Si es así, resulta escaso mérito y de ninguna manera es comparable con el del citado Mandela que, tras muchos años en la cárcel, fue capaz de conseguir en su país una transición ejemplar sin que se convirtiera en un baño de sangre.

Si premian a Obama por su discurso -no hechos, por el momento- acerca del desarme, tal vez a alguien se le olvidaron personajes como Gorbachov y Reagan que tuvieron una actuación mucho más decisiva que la que hasta el momento ha tenido oportunidad de exhibir Obama.

Si premian a Obama por haber conseguido, como algunos dicen, que Estados Unidos haya pasado a ser una sociedad post-racista, hecho del cual su propia elección sería la prueba, habría también que preguntar si conseguir un voto de la población negra superior al 90% no indica claramente que esta población ha votado en clave racista y que, por tanto, tal objetivo está aún lejos de ser conseguido.

Es difícil saber si Obama se hará merecedor, a medida que transcurra el tiempo y tenga oportunidades de demostrarlo, del premio que ahora le están regalando. Lo que sí puede saberse fácilmente es que hoy no lo es y que si la pieza de convicción no la constituyen los hechos sino los discursos a lo mejor incluso podemos proponer algún candidato más cercano.

Octubre 10, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

“Animal Spirits” de Akerlof y Shiller

Animal Spirits puede considerarse como una crítica de la economía liberal. Son muchos los autores que han ido por ese camino con diversa fortuna. Por ejemplo, aquí mismo puede encontrarse la crítica de Economía Humanista de José Luis Sampedro aunque la argumentación de Animal Spirits parece mucho mejor fundada que la de Sampedro.

Los autores comienzan por dar diversos ejemplos de terrenos en los que la mano invisible de Adam Smith simplemente no funciona. Los ejemplos son buenos aunque producen una sensación extraña, algo así como si la crítica fuera correcta pero los motivos en que apoyan ésta tuvieran poca solidez o estuvieran mal argumentados.

Critican el supuesto básico de que las decisiones en una economía de mercado se tomen siempre de forma racional y, para ello, recurren a dos motivos básicos: Uno de ellos es criticable porque puede ser incluido también en el concepto mismo de economía de mercado y el otro lo es porque es difícil considerarlo como único: Conocimiento y equidad.

El concepto mismo de gestión de conocimiento apareció para mediados de la pasada década y, sin embargo, uno de los libros más brillantes que pueden encontrarse sobre el tema es Knowledge and Decisions de Thomas Sowell, escrito nada menos que en 1980.  Al margen del interés histórico, se da la circunstancia de que Sowell es un ferviente defensor de la economía de mercado y que, para que ésta funcione, se presupone también una completa transparencia y, por ende, un perfecto conocimiento sobre lo que se compra o vende.

La crítica de Animal Spirit en el sentido de que se necesitan estudios considerablemente sofisticados para cuestionar una clasificación AAA era ya anticipada en el libro de Sowell cuando señalaba que government regulatory agencies are often very ineffective in controlling the industry or sector which they have a legal mandate to regulate. Dicho de otro modo, cuando no existe una transparencia completa, no podemos decir que las decisiones no sean tomadas racionalmente sino que, aunque el proceso sea racional,  son tomadas sobre datos equivocados sin posibilidad de contrastarlos.

La crítica relativa al conocimiento es, por tanto, compartida por los defensores de la economía liberal y de ahí que haya una presión permanente hacia una mayor transparencia. Sin embargo, la complejidad obliga a tener que confiar en instituciones de control y, cuando reguladores, auditores y agencias de calificación fallan, las decisiones de los consumidores se ven traicionadas en una situación en que ni tienen acceso directo a la información necesaria ni, en caso de tenerlo, tienen los conocimientos necesarios para analizar esa información.

En cuanto al concepto de equidad, como justificación de toma de decisiones aparentemente no racionales, los autores dan buenos ejemplos aunque llegan a estirar tanto el concepto que acaba por representar un comodín válido para explicar todo lo que no se puede explicar desde un punto de vista de estricta racionalidad. Quizás falla ahí un mayor esfuerzo en el área de categorización de variables no estrictamente económicas.

Como síntesis, el libro es interesante, sus argumentos son buenos y su lectura es recomendable. Por el lado negativo, cabe decir que podría haber sido mejor si se hubieran trabajado un poco más las variables no económicas.

Octubre 7, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Gestión de conocimiento, Libros y autores, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

Caricatura de las ideologías: La vida de Brian

En los habituales y aburridos rifirrafes del Parlamento, hay un argumento que aburre ya más que cualquier otro y es reclamar la ayuda a la oposición y, de esa manera, poder echar la culpa a otros de la propia gestión.

Ese mismo argumento ya se dio, y era igualmente aburrido, con ocasión del pacto antiterrorista donde sólo hubo una persona, Rosa Díez, que señaló a una cláusula del pacto que estaba siendo deliberadamente ignorada, aquélla que establecía que desde la unidad de diagnóstico y ahí es donde está el truco.

Si en una consulta hay dos médicos y el primero dice que el enfermo tiene una gripe mientras que el segundo dice que es un inicio de infarto, quien tenga la capacidad de decisión lo hace en solitario y no puede reclamar ayuda del otro puesto que no hay una coincidencia en el diagnóstico. Por añadidura, los diagnósticos se realizan desde presupuestos ideológicos que, como tales, son inmunes a la realidad y cada uno ve lo que quería ver desde el principio. Hay una escena espléndida de La vida de Brian que refleja ese fenómeno:

Brian está en el balcón con una manifestación en la calle gritando que es el Mesías mientras el lo niega repetidas veces e inútilmente. De repente, el vidente ciego (ni ahí pueden parar de maquinar los de Monty Python) dice a toda la masa de gente con la voz profunda del que quiere establecer una gran verdad el verdadero Mesías dirá que él no es el Mesías. Naturalmente, eso multiplica aún más los gritos de la multitud porque el ciego les ha convencido de que la negativa de Brian certifica que es el Mesías y éste, al verse pillado, busca una salida y acaba diciendo Bueno, pues es verdad…soy el Mesías esperando que, de esa forma, le tomen por un falso Mesías y le dejen en paz. Lejos de esto, lo dicho por Brian es tomado por una confesión y los gritos de que es el Mesías de nuevo se multiplican.

Cuando esto lo vemos en una película, es divertido. Cuando vemos que responde al comportamiento habitual de los políticos, es patético.

Octubre 1, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

Elecciones en Portugal y en Alemania y lecciones para España

En un alarde de humor alguien dijo que “el futuro ya no es lo que era” y es posible que lo mismo ocurra con las elecciones. Antes, la pérdida de votos de un partido implicaba una ganancia más o menos equivalente del partido que se le oponía. Ahora no.

Lo ocurrido en Portugal podría fácilmente utilizarse como encuesta para las elecciones españolas previstas para 2012: Un partido socialista pierde votos ante el desánimo de un cuerpo electoral harto de una crisis que en nuestro país vecino se ha hecho ya crónica. Los especialistas hablan de crisis en “U” y crisis en “L” y la crisis portuguesa ha introducido como innovación la “L” lánguida como un fado, en la que la rama horizontal se cae.

Merkel y Sarkozy por un lado y Obama por el lado opuesto han sabido hacer discursos de principios. Esos discursos de principios son los que los han llevado al poder y, en el caso de Merkel, repitiendo con ventaja aumentada. Por ahí, el futuro tampoco es lo que era: Un partido conservador se alía con un partido liberal en Alemania pero, al mismo tiempo, como participante en el G-20 sostiene que hay que mantener el nivel de intervención en el sistema financiero. ¿Somos liberales o intervencionistas o somos una cosa en casa y otra fuera?

Obama, por otro lado, se encuentra con un tigre cogido por el rabo. Ha querido darle la vuelta a la política de Bush pero todavía recuerdan muchos en Estados Unidos el desastre de la etapa Carter y cómo los iraníes se burlaron de la superpotencia. ¿Cómo ir aflojando la presión sobre el rabo de un tigre que, como decía Balú en “El libro de la selva” tiene dientes al otro lado? Sencillo: Sacando a relucir la posibilidad de utilizar la fuerza y, como en el caso anterior, se plantea la pregunta de si somos pacifistas o belicosos.

Aunque en el escenario global las elecciones portuguesas tengan menor importancia, sus resultados pueden ser los más relevantes para España en el sentido de poder servir de reflejo del próximo futuro. Los políticos de los grandes países que hoy están en el poder lo están porque, aunque con algunas contradicciones como las señaladas, han sabido vender unos principios con los que la gente se ha identificado.

En España, la oposición parece nacida en la ventanilla de un ministerio: Esperan a que les lleguen los papeles y, cada vez que encuentran una equivocación, los rechazan y sacan el altavoz para decir que los han rechazado. No hay un discurso ni liberal ni conservador ni mediopensionista. Algo parecido puede decirse del partido del gobierno y sus estiras y aflojas en función de la aritmética parlamentaria. La conducta de ambos la han reflejado tanto Groucho Marx como Forges; el primero con su éstos son mis principios y, si no le gustan…tengo otros y el segundo con su juro mi más inquebrantable lealtad a lo que haga falta.

En ese entorno, tiene poco de extraño que ambos pierdan, como ha ocurrido en Portugal. Al final, parece que, como Rousseau y Voltaire, uno necesita al otro para tener a quién oponerse y darle sentido a su existencia. Mientras tanto, cada vez hay más gente que piensa que no necesita a ninguno de los dos.

Septiembre 28, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

“El desajuste del mundo” de Amin Maalouf

En principio, un libro que lleva en la solapa el nombre de Maalouf  lleva casi implícita una garantía de que dentro se va a encontrar algo interesante. Descubrí al autor hace algunos años con Los jardines de luz, auténtico tratado contra la intolerancia religiosa y, desde ese momento, no he dejado de leer lo que ha caído en mis manos de este autor. León el Africano es una novela en la que, si se busca una comparación, habría que retroceder hasta Sinuhé el Egipcio de Mika Waltari,  Identidades asesinas es un pequeño libro en el que Maalouf argumenta con una extraordinaria lucidez contra los nacionalismos y podríamos seguir con Samarkanda o con el libro en que muestra el punto de vista árabe sobre las Cruzadas…siempre se va a encontrar en Maalouf a un pensador original que aporta una nueva luz sobre los temas que toca.

El desajuste del mundo no es una excepción a esta regla y, tal vez por ser su último libro recientemente aparecido, lo que dice tiene una relevancia excepcional porque se refiere a nuestro mundo tal como está configurado hoy y las contradicciones y conflictos de carácter general.

Es difícil comprender cómo piensa Maalouf si no se sabe de dónde viene y, sobre todo, qué es lo que ha hecho con su personal patrimonio biográfico. Maalouf nació en Líbano en 1949 pero vive en Francia desde 1975, es decir, en este momento lleva viviendo en Francia más de la mitad de su vida. Hasta aquí, nada especialmente original y su biografía podría tener puntos de contacto con la ex-candidata socialista Segolène Royal e incluso con algunos terroristas islámicos. Más aún, los que provocaron los atentados de Londres habían nacido ya allí. Sin embargo, con esa herencia de exiliado compartida con muchos que han evolucionado de muy distintas formas, Maalouf ha hecho algo muy poco frecuente:

En primer lugar, se resiste a ser catalogado de libanés, francés o medio libanés y medio francés. En Identidades asesinas Maalouf utiliza como ejemplo su propio caso y afirma que tiene una identidad única compuesta de la totalidad de experiencias que ha vivido y que no renuncia a ninguna de ellas. No está dispuesto a desprenderse a una parte de sí mismo en nombre de una fidelidad a la otra parte sino que él mismo es un producto de ambas. Sería interesante que esta lección fuera aprendida por muchos nacionalistas.

En segundo lugar, rechaza el relativismo y un “respeto a las culturas” mal entendido, en nombre del cual lo que no es aceptable aquí puede ser aceptado como una peculiaridad en otro lugar.  Los siguientes textos, tomados de su libro son bastante claros al respecto:

Nuestra época le brinda a Occidente la oportunidad de restaurar su credibilidad ética, no dándose golpes de pecho, no abriéndose a “toda la miseria del mundo” ni transigiendo con valores importados de otros lugares sino, antes bien, siendo por fin fiel a sus propios valores, respetuoso con la democracia, respetuoso con los derechos humanos, atento a la equidad, a la libertad individual y al laicismo. En sus relaciones con el resto del planeta y, en primer lugar, en sus relaciones con las mujeres y los hombres que escogieron irse a vivir bajo su techo.

Respetar una cultura es propiciar la enseñanza de la lengua en que se funda, es favorecer el conocimiento de su literatura, de sus expresiones teatrales, cinematográficas, musicales, pictóricas, arquitectónicas, artesanales, culinarias, etc. A la inversa, ser complaciente con la tiranía, la opresión, la intolerencia o el sistema de castas, con los matrimonios concertados, la ablación, los crímenes “de honor” o el sometimiento de las mujeres,  ser complacientes con la incompetencia, con la incuria, con el nepotismo o con la corrupción generalizada, con la xenofobia o el racismo, so pretexto de que proceden de otra cultura diferente, eso no es respeto, opino yo, es desprecio encubierto, es un comportamiento de “apartheid”, aunque se haga con las mejores intenciones del mundo.

Éstos son, por tanto, los puntos de partida de Amin Maalouf y es entendiéndolos como es posible entender el conjunto de su obra en general y, en particular, este último libro suyo.

Aunque no es éste el único tema del libro, quizás el más relevante y al que más espacio dedica es al enfrentamiento Oriente-Occidente, con especial atención a los países islámicos, y cuenta desde una perspectiva muy infrecuente cómo se ha ido gestando esa situación y por qué no vale hablar de enfrentamientos milenarios ni de “peculiaridades del Islam” como explicación.

El punto de partida es el hecho de que cada uno se sumerge en su propia interpretación de los hechos y, desde su modelo interpretativo, consigue que todos los hechos tengan coherencia haciendo que no tenga el menor interés en conocer el punto de vista de la otra parte. Referido este principio al conflicto de Irak, Maalouf lo expresa de esta forma:

Si aceptamos, por ejemplo, el postulado según el cual la calamidad de nuestra época es la “barbarie del mundo musulmán”, fijarse en lo que pasa en Irak no puede sino reforzar esa impresión…si, en cambio, adoptamos como axiona el “cinismo de Occidente”, los acontecimientos tienen una explicación no menos coherente: como preludio, un embargo que sumió en la miseria a todo un pueblo y costó la vida a cientos de miles de niños sin que al dictador le faltasen nunca los puros; luego, una invasión cuya decisión se tomó arguyendo pretextos falsos y haciendo caso omiso de la opinión y de las instituciones internacionales y cuyo móvil, al menos en parte, fue la voluntad de hacerse con los recursos petrolíferos; inmediatamente después de la victoria estadounidense, el ejército iraquí y los órganos del Estado quedan disueltos a toda prisa y de forma arbitraria y se instaura explícitamente el comunitarismo en el seno de las instituciones, como si se hubiera elegido de forma deliberada la opción de sumir al país en una inestabilidad permanente…Para mí, son ciertos ambos puntos de vista y son falsos ambos. Cada uno de ellos gira en su órbita, ante su público que los entiende con medias palabras y no oye el punto de vista del adversario.

Partiendo de aquí, Maalouf comienza a analizar acontecimientos históricos pero, en contra de las frecuentes opiniones sobre enemistades milenarias e irreconciliables, Maalouf comienza su relato aproximadamente hacia la mitad del siglo pasado y puede encontrarse una perfecta coherencia sin necesidad de recurrir a acontecimientos anteriores. De hecho, comienza con el reconocimiento de que en los primeros momentos del Islam, judíos y cristianos eran reconocidos como gentes del Libro y, por tanto, aunque no eran considerados propios sí eran considerados cercanos. El progresivo corte de puentes y la conversión del Islam en un mecanismo de poder cada vez más rígido es relativamente reciente:

Algunos libros publicados en El Cairo en la década de 1930 están ahora prohibidos porque se los considera impíos; algunos debates que se celebraron en Bagdag en el siglo IX, en presencia del califa abasí, acerca de la índole del Corán, serían inconcebibles en nuestros días en cualquier ciudad musulmana, incluso en el recinto de una universidad.

Las críticas de Maalouf a Occidente no son, por tanto, por imponer sus valores sino precisamente por no hacerlo. Valores como la libertad o la igualdad son de tipo universal y no pueden estar sujetos a interpretaciones o peculiaridades culturales. En su relación con otros países, estos valores no han sido utilizados sino que, como señala Maalouf, han sido las elites de estos países las que los han utilizado en contra del dominador occidental. No obstante, como señala en el siguiente párrafo, la conducta occidental no sirve como excusa para todo:

Volvamos al ejemplo que tenemos constantemente ante los ojos en la actualidad, el Irak. Estoy convencido de que el comportamiento errático de los ocupantes americanos ha contribuido al hecho de que ese país se hundiera en la violencia comunitarista; estaría dispuesto a admitir, aunque tamaño cinismo me parezca monstruoso, que algunos aprendices de brujo de Washington y de otros lugares hayan podido beneficiarse de ese baño de sangre. Pero cuando un militante sunní se pone al volante de un camión bomba para saltar por los aires en un mercado al que acuden familias chiíes y a ese asesino algunos predicadores fanáticos lo llaman “resistente”, “héroe” y “mártir”, de nada vale ya acusar a “los otros”: es el propio mundo árabe el que tiene que hacer examen de conciencia. ¿Qué combate está peleando? ¿Qué valores defiende aún? ¿Qué sentido le está dando a sus creencias?

Las sucesivas humillaciones árabes primero a mano de los imperios coloniales y, más tarde, a manos del recién creado Israel darían lugar a una especie de nihilismo en los aspectos político y como civilización y esto sería lo que acabaría por crear otro tipo de legitimismo no político ni relativo a la cultura árabe sino basada en la religión como nexo común. Una vez que la religión fue utilizada como nexo, su evolución hacia un mayor extremismo era esperable y ha llevado a un conjunto de países a un callejón sin salida.

Cuando dirige su mirada hacia el lado occidental, Maalouf no sólo toca la evolución de los países emergentes sino que centra su análisis en el papel de Estados Unidos y su dudosa legitimidad. La duda sobre la legitimidad norteamericana no la refiere al funcionamiento del modelo democrático norteamericano sino a que, debido a su relevancia política y militar, un 5% de los habitantes del planeta eligen a alguien cuyas decisiones van a afectar gravemente al 100% de esos habitantes.

Estados Unidos, como potencia única, se encuentra también en su particular callejón sin salida. La utilización de una política de fuerza no hará sino mantener viva la llama del odio y alimentar la situación tal como se presenta en la actualidad; por otra parte, una política de apaciguamiento puede llevar en lugar de hacia el agradecimiento a una pérdida de respeto. En este sentido, comenta Maalouf el caso del presidente Carter y los nefastos resultados de su política de “aflojar la mano” en un momento en que el régimen iraní estaba derivando hacia un extremismo cada vez mayor.

El otro callejón sin salida es para Maalouf el que se ha puesto de manifiesto con la aún no resuelta crisis financiera y que hundiría sus raíces en la caída de la Unión Soviética haciendo que el modelo económico no tuviera que defenderse sino que fuera ya único. Este otro desajuste lo refleja en estos términos:

No es vergonzoso hacer dinero…pero eso de que el dinero esté completamente desconectado de cualquier tipo de producción, de cualquier esfuerzo físico o intelectual, de cualquier actividad de utilidad social…Eso de que nuestras bolsas se conviertan en casinos gigantescos en donde el destino de cientos de millones de personas, ricas o pobres, se decida en una tirada de dados…Eso de que nuestras instituciones financieras más venerables acaben comportándose como unos gamberros borrachos…Eso de que los ahorros de toda una vida de trabaj0 puedan esfumarse o multiplicarse por treinta en pocos segundos por procedimientos esotéricos que ni siquiera los banqueros entienden ya…Se trata de un trastorno grave cuyas implicaciones van mucho más allá del ámbito de las finanzas o de la economía. Porque podríamos preguntarnos, en vista de las cosas que suceden, por qué la gente va a seguir trabajando honradamente; por qué un joven va a querer hacerse profesor en vez de traficante; y cómo va a ser posible, en un entorno ético así, transmitir conocimientos, transmitir ideales; cómo va a ser posible conservar mínimamente el tejido social necesario para que sobrevivan todas esas cosas tan esenciales y tan frágiles que se llaman libertad, democracia, felicidad, progreso o civilización.

Se podrían multiplicar las citas literales pero posiblemente las que ya van incluidas y el comentario que las acompaña basten para hacerse una idea de un libro cuya lectura es muy recomendable para cualquier interesado en el mundo que le rodea. Aprovecho, no obstante, para hacer una reflexión y una recomendación últimas:

Amin Maalouf utiliza una forma de análisis que recuerda mucho a otro magnífico autor francés, Jean François Revel, autor de El conocimiento inútil, uno de los análisis más brutales y más certeros del último cuarto de siglo. Sin embargo, la diferencia es que Revel, liberal a ultranza, lanzaba sus dardos sobre todo contra la Unión Soviética, países satélites y todo tipo de dictaduras, en general. Maalouf toma como punto de partida la caída de la Unión Soviética y se centra más en el abismo cada vez mayor Oriente-Occidente pero, sin duda, son dos grandes autores que comparten un estilo de análisis.


Septiembre 22, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

Limitación de los sueldos de los banqueros: ¿Medida útil o populismo barato?

Hoy mismo, el comisario socialista europeo, Joaquín Almunia, explicaba cuál puede ser el sentido de la medida. Lo malo es que, al hacerlo, venía a decir también que una limitación no era ni útil ni conveniente sino que se estaba hablando de otra cosa: El hecho de que las retribuciones pueden estar sujetas a acciones dañinas para sus empresas y, sobre todo, para sus clientes. Por tanto, el asunto no era tanto “limitar” los sueldos sino explicar claramente a qué variables estaban sujetos los incentivos que se recibían.

Sobre el papel, y una vez que se aclara de qué se está hablando, resulta difícil no estar de acuerdo y, sin embargo, una medida de este tipo deja tantos cabos sueltos que acaba oliendo de lejos a populismo:

  • Son muchas las empresas, no sólo los Bancos, las que pueden causar un grave impacto en el público y en las que la existencia de incentivos dirigidos a la maximización de beneficios a corto plazo puede ser dañina para el público. Ejemplo: Hace años, una compañía aérea decidió aplazar por cinco años la sustitución de aviones ya amortizados y, al hacerlo, inyectó en su balance una cantidad que, no por ficticia, dejó de aparecer en su cuenta de resultados. Si esa chatarra volante hubiera producido algún accidente ¿no estamos en una situación parecida?
  • ¿Cómo se va a controlar la eventualidad de que parte de la retribución pase a ser opaca? Como han mostrado mecanismos como las cesiones de créditos, los seguros de prima única y muchos otros, hay una elevada creatividad en este terreno y, sin duda alguna, sería utilizada también en favor propio. Los paraísos fiscales reverdecerán, como ya ha empezado a ocurrir cuando en Estados Unidos los banqueros han empezado a moverse hacia allí para evitar restricciones en este terreno.
  • ¿Cómo se va a evitar la competencia desleal? Si Estados Unidos y Europa entran en este tipo de medidas, podría estarse abriendo la puerta a Bancos de otras procedencias y sin esa restricción. ¿Van a asumir los Estados responsabilidad directa sobre los Bancos con salarios limitados? Si lo hacen, es una nacionalización virtual que requeriría muchas más medidas de control. Si no lo hacen, la medida relativa a los sueldos es una garantía bastante pobre de cara a los potenciales afectados.

Probablemente se está jugando con otras cosas en las que no se quiere entrar y se están buscando medidas muy visibles y, si es posible, que sean también populares aunque no sirvan para nada. Hace años, tres profesores de Harvard encabezados por Michael Beer pusieron de manifiesto qué tipos de beneficios obtenían los gestores de programas de actuación que no servían para nada. El factor clave era la visibilidad y, si a ésta le añadimos el regocijo popular, mejor todavía.

La aún no resuelta crisis del sistema financiero ha puesto en entredicho para muchos la viabilidad del modelo económico liberal. Sin embargo, se ha olvidado que un autentico liberalismo económico se apoya sobre una información transparente -lo contrario es lo más parecido a la mafia- y que si algo ha faltado ha sido transparencia. Tres semanas antes de quebrar, las agencias de calificación estaban dando las máximas puntuaciones a Lehmann Brothers. ¿Con qué tipo de información contaban para haberse equivocado de ese modo? Naturalmente, existe también la posibilidad -aún peor- de que no se hubieran equivocado y que no fuera ignorancia sino connivencia. Sea cual sea la situación, se puede optar por la transparencia o por aumentar el control. Medidas como ésta implican que se está optando por lo segundo.

En el caso de Lehmann Brothers, ha habido inversores especialmente conservadores que habían dado a sus Bancos instrucciones de colocar su dinero sólo en lugares exentos de riesgo. Es de imaginar la sorpresa que se han llevado al saberse afectados por la quiebra de Lehmann y, más aún, sin poder reclamarle a su Banco que, de acuerdo con las valoraciones de las agencias de calificación, había actuado de forma impecable.

Que es necesario hacer algo, nadie lo pone en duda. Que no vale hacer cualquier cosa sino sólo cosas que sean efectivas, debería ser igualmente claro y el populismo es pocas veces una solución.

Volviendo al principio, no son sólo los Bancos los que pueden afectar gravemente a sus clientes y tal vez conocer qué se está haciendo en el ámbito de la seguridad aérea podría ser de utilidad: No es necesario decir que hay una gran cantidad de regulaciones en lo que a transporte aéreo se refiere. Sin embargo, no es excesivamente complicado  cumplir con la letra de la norma violando su espíritu y, de hecho, el máximo dirigente de una conocida compañía decía que el único riesgo que veía para su compañía era la eventualidad de un accidente grave en su compañía o en otra de perfil parecido. La afirmación sólo tiene una explicación posible y volvemos a la idea de transparencia: Un accidente y la investigación posterior dejaría al descubierto prácticas que, estando dentro de la ley, pueden derivar en situaciones de riesgo. En el momento en que tal riesgo derive en un accidente, alguien pagará un precio muy caro y sin duda, quienes más caro lo pagarán serán los directamente afectados. El paralelismo con lo ocurrido con el sistema financiero es, como puede verse, bastante cercano.

Las empresas de transporte aéreo no han sido invitadas a limitar los sueldos de sus directivos sino que se ha tomado una medida de tipo muy diferente. Por un lado, aumentar la transparencia en la información ofrecida relativa a la seguridad y, por otro lado, se ha establecido la figura del accountable manager que, para entendernos, es el que tiene más probabilidades de ir a la cárcel en la eventualidad de que se descubran irregularidades graves o de que se produzca un accidente.

Si, mediante la transparencia, se aumenta la posibilidad de ser cazado y si la propia regulación establece sin lugar a dudas quién es el responsable de los aspectos que se quieren mantener a salvo, el resultado es una invitación a no jugar con fuego. El argumento dado por Almunia es correcto pero establecer limitaciones salariales a los banqueros es una solución de más que dudosa efectividad. Eso sí, el desempleado y el mileurista se sentirán muy consolados de ver que se ataca a los teóricamente poderosos.

Septiembre 18, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Recursos Humanos, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios