El Watergate climático o “Climategate”
¿Será casualidad que coincidiendo con el estallido del escándalo, Al Gore ha excusado su asistencia a uno de sus actos modelo telepredicador en la Cumbre de Copenhague?
Había razones más que suficientes para tener dudas sobre que el calentamiento global fuera global y, además, que estuviera generado por la actividad humana pero el estallido del Climategate levantado por el Washington Post con un artículo titulado In the trenches on climate change http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2009/11/21/AR2009112102186.html?nav=hcmodule ha alcanzado resonancias similares a las que tuvo el caso Lysenko cuando, por decreto, se estableció que los geneticistas estaban equivocados porque así lo requería la visión oficial “progresista” de la ciencia.
No se puede decir que no hubiera indicios de que, bajo todo el ruido mediático, estaba latiendo algo que más se parecía a una religión o a un credo político que a una posición científica. Aquí mismo pueden encontrarse referencias a contracorriente como la Guía políticamente incorrecta del calentamiento global o un curioso libro extensísimamente documentado con referencias científicas de Michael Crichton titulado State of Fear.
Lo que deja claro el asunto ahora levantado por el Washington Post es que hay un lobby de personajes que se han hecho multimillonarios con el espantajo del cambio climático y, como sucede siempre que se mezclan el oportunismo político, económico o ambos en cuestiones científicas, al final quien sale perjudicada es la ciencia misma.
El hecho de que se haya estado ocultando información que apuntaría en sentido contrario al supuesto calentamiento global producido por la actividad humana, que esto fuera descubierto hace meses por un hacker y que medios como la propia BBC no se hayan atrevido a publicar esta información porque saben que les iban a echar encima los perros mediáticos es muy grave. Se han desviado durante años ingentes cantidades de dinero que habrían sido mejor utilizadas para otros fines -por ejemplo, paliar el hambre o las enfermedades- y que han ido a parar a objetivos inútiles cuando no a los bolsillos de los promotores del invento.
El que se haya descubierto a esta panda de “megachorizos” capitaneados por su apóstol dedicado a dar conferencias multimillonarias debería invitar a que, de una vez, todo lo relativo al cambio climático, real o inventado, natural o generado por la actividad humana se trajera de nuevo al terreno de donde nunca debió salir, esto es, al científico y no permitir que los políticos metan ahí las manos.
Hasta ahora, lo único que sabemos de cierto con respecto al entorno es una verdad muy simple: Cuanta menos mierda le echemos encima, mejor. La película del cambio climático en los términos presentados por los ahora descubiertos es “una verdad incómoda” pero no la que ellos nos han estado vendiendo. La Real Academia Española tiene un bonito lema “Limpia, fija y da esplendor” y los propagandistas han tratado por todos los medios de fijar y, sobre todo, de dar mucho esplendor. Ahora toca limpiar.
Crucifijos en las escuelas públicas, sensibilidad e hipersensibilidades
Partamos de un hecho: Estamos en un estado laico. A partir de ahí, y sin que esto represente el menor atentado o falta de respeto a la libertad religiosa, podría esperarse razonablemente que las instalaciones públicas no exhibieran signos externos de ningún culto. Cierto que, a pesar de la laicidad del Estado, existe una mayoría católica en España pero, si se me permite la irreverencia, la razón de la mayoría podría igualmente justificar el que en instalaciones públicas pudieran exhibirse posters de equipos de fútbol.
Los centros privados son otra cosa; tienen su ideario y, por tanto, colocan los símbolos que les apetece aunque, gracias a la ausencia de libertad de elección de centro, en España tenemos todavía una complicación más: Los centros concertados. Si en lugar de un sistema de baremos, cada uno pudiera elegir el centro en que escolariza a sus hijos público o privado, no tendría razón de ser el invento de los colegios “concertados”, una especie de híbrido de propiedad privada y financiación pública que, si desapareciera y se permitiera la libertad de elección, desaparecerían muchos problemas.
Dicho esto, tengo que añadir también que, aunque los crucifijos no sean santo de mi devoción -nunca más adecuada la expresión- tampoco me molestan. Entiendo que haya personas que puedan tener una sensibilidad más exquisita que la mía pero ya fastidia que los excesos de sensibilidad siempre vengan por los mismos sitios.
Al parecer, los crucifijos son muy ofensivos para las sensibilidades exquisitas pero, en cambio, todos nos tenemos que conformar con la ausencia de libertad para la elección del centro donde escolarizar a nuestros hijos y optar por el centro público o concertado que nos toque u optar por un centro privado…sin dejar por ello de financiar el sistema público de enseñanza que no usamos.
Hace sólo dos días se armó el gran escándalo porque un obispo dijo una misa con una bandera preconstitucional detrás. Añadiré que a mí también me molestó, no sólo la bandera sino la conversión de un homenaje a las víctimas de la masacre de Paracuellos en un aquelarre de la extrema derecha. Las víctimas de la guerra, se hayan producido en Paracuellos o en los bombardeos masivos de Guernica o Cabra, son víctimas de todos y es impresentable que alguien las pretenda patrimonializar políticamente.
No obstante, no era éste el motivo por el que se escandalizaban los “hipersensibles oficiales” sino porque el uso de la bandera preconstitucional implicaba una exaltación del franquismo. Aceptémoslo pero, cuando esos mismos escandalizados sacan de paseo de vez en cuando algo tan preconstitucional como la bandera republicana pierden toda legitimidad para la protesta. La defensa de la república como forma de Estado es perfectamente legítima, tanto más vista la cuestionable utilidad de la monarquía, pero la bandera de la II República española nos retrotrae a una de las épocas más negras de nuestra historia reciente. Si lo que quieren es demostrar su querencia republicana, no necesitan cambiar de bandera pero, si quieren hacerlo, pueden utilizar la de la I República…¿o lo que se pretende no es manifestar la adhesión a la república como modelo de Estado sino a ESA república?
No es éste el único caso. Hace escasos días, el uso de la palabra “equidad” ha sido interpretado por algunos políticos nacionalistas como “un ataque a Cataluña”. ¿Cabe mayor despropósito?
Volviendo al punto de inicio, creo que hay razones objetivas para que no existan símbolos religiosos en las instituciones públicas de un Estado laico pero, cuando la protesta más ruidosa al respecto viene de gente que aprecia por encima de todo la ley del embudo, como en los casos comentados, al igual que Woody Allen decía que al escuchar a Wagner le daban ganas de invadir Polonia, a mí me dan ganas de decir misa desde el balcón de San Pedro.
¿Hablamos de piratería o hablamos de falta de habilidad comercial y de robo?
Comenzaré por admitir que no me inspira la menor simpatía la SGAE. Un organismo que se supone que gestiona los derechos de autor sin que jamás se haya conocido cuáles son los criterios de reparto es digno de toda sospecha y, por mucho que se autodenominen “la gente de la cultura” y tengan el favor del gobierno, la razón para la sospecha existe. Por añadidura, esa sospecha se transforma en certeza cuando se han presentado con su particular “cobrador del frak” pretendiendo cobrar derechos de autor de obras en las que tales derechos no se le podían transmitir a nadie como, por ejemplo, en unas sevillanas del siglo XVI.
También hay que admitir que no es justo pedirle a alguien que desarrolle un tipo de actividad, sea musical, cinematográfica, literaria o lo que sea, renuncie al producto de su obra y que ésta pueda estar accesible para todos by-fhe-face. Dicho de otro modo, autores sí pero bandas de chorizos, con o sin patente de corso gubernamental, no.
No voy a negar -ni afirmar porque nunca se sabe hasta dónde puede llegar la cosa- que haya hecho descargas por la red. Sin embargo, sí tengo que decir que me encuentro entre los muchos que preferirían que hubiera un lugar de Internet desde el que se pudiera tener acceso virtualmente a cualquier obra , con una buena calidad de audio o video, y a un precio razonable antes que recurrir a una descarga gratuita donde, a menudo, una descarga de Bambi puede concluir habiéndose descargado una película de porno duro. Ahí sí tengo que admitir que, como una broma para adolescentes, cambié en una ocasión el nombre a una canción poniéndole un título tan atractivo para ese colectivo como The whore who gave birth to them supuestamente interpretada por uno de los conjuntos de moda y, sin embargo, el fichero era una conocida canción española sobre las aventuras de un toro de especial belleza
Es difícil ponerle puertas al campo y, por mucho que un gobierno se empeñe en favorecer a sus incondicionales, siempre van a existir programas de ocultación de IP de modo que no se sepa quién está descargando material. En el terreno literario, la aparición del libro electrónico -aún caro y pequeño pero eso cambiará- también va a suponer una innovación importante: Un libro bajado de la red va a ser más fácil de leer en una pantalla mucho más cómoda que la del ordenador y, por tanto, puede representar una amenaza para el libro de papel comprado en la librería.
Sin embargo, una cosa es la dificultad de control y otra cosa es que ésta deba consagrar un principio según el cual no se respeta la propiedad intelectual de los autores. Insisto en que este principio de respeto no es trasladable a las entidades gestoras, dignas de toda sospecha cuando no de certeza.
Lo que está fallando en todo esto es la habilidad comercial y la capacidad para explotar nuevos canales de venta. Ya hay portales de música que permiten descargar legalmente y a bajo precio música en formato MP3 pero esto, y lo mismo referido a películas o libros, tendría que generalizarse mucho más. Una calidad garantizada junto a servicios como poder escuchar la música o ver las películas seleccionadas en cualquier parte y a través de Internet podrían representar un incentivo importante.
Ahora mismo, tenemos presentes dos modelos de negocio opuestos: El de Microsoft y el de Google. Microsoft está cobrando por algo que Google da gratis y, sin embargo, esto no significa que Google no obtenga beneficios e incluso la próxima aparición del Chrome OS y la posible liberación que muchos sentirían abandonando el Windows es algo que preocupa seriamente a Microsoft.
¿Por qué se empeñan en unos formatos que cada día van a resultar más marginales en lugar de utilizar la red como un lugar preferente de venta? ¿Por qué en lugar de perseguir algo que no van a poder perseguir, pese a quien pese, no cambian sus modelos comerciales? Pagar 20 euros por un DVD es un robo; bajárselo de las redes P2P evitando el pago, también.
Busquen canales de comercialización alternativos. La amenaza de cortar la conexión a Internet sólo puede favorecer a una ya odiada panda de corsarios -por aquello de la patente de corso concedida por el gobierno- a la vez que cabrea a muchísima gente. No es ése el camino.
“A conflict of visions: Ideological Origins of Political Struggles” de Thomas Sowell (Un conflicto de visiones: Orígenes ideológicos de las luchas políticas)
El texto es una reedición de 2007 de un texto escrito 20 años antes y en el que Sowell, con su brillantez habitual, trata del tema reflejado por el título. Lamentablemente los títulos de Sowell traducidos al español son escasísimos y, que yo sepa, éste no está entre ellos.
Lo primero que habría que decir es que éste es un libro que lleva, casi por obligación, a la lectura de Camino de servidumbre de Hayek en la misma forma que la lectura de Rousseau conduce inexorablemente a Platón.
La idea principal del libro es que existen dos modelos extremos de visión, a menudo ni siquiera completamente conscientes, a las que denomina limitada e ilimitada.
La visión limitada partiría de que las personas son como son y que no podemos intentar cambiarlas sino, a lo sumo, poner en marcha los procesos que les permitan vivir de la mejor manera posible interfiriendo lo menos posible con su iniciativa porque -y éste es otro punto crucial- nadie, por iluminado que pueda ser, tiene más conocimiento que uno mismo en las cosas que le afectan. En consecuencia, se trataría de permitir que fuera utilizado un conjunto de conocimientos no articulados que están en todas las sociedades y que constituyen un patrimonio que se puede perder si la iniciativa queda en manos de la “ingeniería social” con todos los efectos asociados o, en las palabras de Sowell, en la visión limitada, los beneficios de una civilización avanzada se derivan de una mejor coordinación social de fragmentos de conocimiento ampliamente dispersos, no del mayor conocimiento de un individuo. La visión limitada, por tanto, no se ocuparía de los resultados sino de asegurar que los procesos que conducen a éstos no queden entorpecidos.
El polo opuesto lo constituiría una visión ilimitada que cree en la posibilidad de una intervención directa y que está más movida por los resultados que por los procesos por los cuáles esto pueda ser conseguido. Esta visión tendría además una fe ilimitada en el conocimiento de las elites y de los líderes visionarios y de su capacidad para mover el mundo. En palabras de Sowell, la propia naturaleza humana es una variable y, de hecho, es la variable principal a cambiar. Los grandes obstáculos para conseguirlo son la oposición de aquéllos que se benefician del orden social actual y la inercia y ceguera de otros. Si estos obstáculos al progreso se van a derribar, ha de ser mediante el acuerdo, la inteligencia y la imaginación de aquéllos que son capaces de atisbar las posibilidades abiertas a la sociedad.
Los criterios básicos para distinguir ambos tipos de visión serían el lugar y el modo en que se toman las decisiones. Las decisiones sociales permanecen como tal pero se derivan de principios muy distintos. Las decisiones sociales son realizadas de modo deliberado por los elegidos para ello basado en modelos explícitamente racionalistas en el caso de la visión ilimitada. Por el contrario, las decisiones sociales evolucionan sistémicamente partiendo de las interacciones entre las decisiones individuales, ejercidas para el beneficio individual, en la visión limitada. Tales decisiones servirían al bien común sólo como un objetivo no buscado y como consecuencia de las características de procesos sistémicos como, por ejemplo, la competitividad en una economía de mercado.
Una identificación facilona nos llevaría a equiparar la visión limitada a la derecha política y la visión ilimitada a la izquierda. Sin embargo, la prueba de que esto no es así en rigor es el hecho de que movimientos como el nazismo o el fascismo quedarían claramente inscritos también dentro de esa visión ilimitada.
Éste es el punto de partida. Desde aquí, Sowell comienza a extraer conclusiones en distintos ámbitos y cómo esas conclusiones nos pueden traer de vuelta de la teoría política a la práctica. Algunos fragmentos lo mostrarán:
Sobre la política social
Es consistente con la visión ilimitada promer fines igualitarios por medios no igualitarios, dada la gran diferencia entre los que Mill lama “los más sabios y los mejores” y aquéllos que no han alcanzado todavía su nivel moral e intelectual. A la inversa, aquellos con visión limitada tienden a ocuparse menos con promover la igualdad económica y social y, en su lugar, se preocupan de los peligros de una desigualdad de poder y la producción consiguiente de una elite de racionalistas.
Sobre el propio país
Llevado al extremo, la visión limitada dice: “Mi país, tanto si acierta como si está equivocado” mientras que la visión ilimitada se coloca en un papel de ciudadano del mundo, dispuesto a oponerse a su propio país en palabras u obras. Patriotismo o traición se convierten así en una distinción sin significado en el caso extremo de la visión ilimitada mientras que, por el contrario, esa distinción es una de las principales y más poderosas en la visión limitada.
Libertad y justicia
En la visión ilimitada, para la que las intenciones y la justicia individual son centrales, es enormemente importante el hecho de que las recompensas individuales sean merecidas o sólo reflejen una situación de suerte y privilegio. Los líderes individuales y las políticas sociales deberían ser elegidas con vistas a su dedicación a la meta de finalizar privilegios y promover la igualdad y el mérito. Por el contrario, en la visión limitada, los procesos sociales deben ser juzgados por su capacidad para extraer el máximo beneficio social de las limitades posibilidades del hombre al coste más bajo posible. Esto significaría recompensar habilidades escasas y valiosas, incluyendo aquellas que podrían deberse a la fortuna o al hecho de haber sido cultivadas a expensas de padres prósperos.
Un proceso social que asegura igual tratamiento representaría la igualdad para la visión limitada, tanto si los resultados finales son iguales como si no. Igual tratamiento, según Hayek, no tiene nada que ver con el hecho de que la aplicación de unas reglas generales en una situación particular pueda conducir a resultados más favorables a unos grupos que a otros.
La visión limitada del hombre conduce a un concepto limitado de igualdad, entendida ésta como un proceso dentro de las capacidad del hombre y, en contraste con la definición de igualdad en razón de los resultados…El argumento no sería si es literalmente imposible reducir o eliminar casos específicos de desigualdad sino que los procesos creados para hacerlo puedan generar otras desigualdades, incluyendo algunas peligrosas, causadas por una expansión del papel del gobierno.
Para los partidarios de la visión ilimitada, estos riesgos son evitables cuando no ilusorios y, por tanto, detenerse en los procesos puramente formales es innecesario e inexcusable.
Muchos de los partidarios de la visión ilimitada con una apasionada oposición hacia la desiguadad medida por los resultados asumen que aquellos que se oponen a ellos deben ser favorables a la desigualdad de resultados, bien por razones filosóficas o por una cuestión de interés propio. En realidad, los partidarios de la visión limitada pueden estar apasionadamente dedicados a ciertos procesos como la libertad de elección y sólo secundariamente preocupados por el hecho de que tales procesos, diseñados para garantizar una iguadad de trato, puedan no producir iguales resultados para todos.
Libertad
La definición misma de libertad difiere entre las dos visiones. A pesar de la ausencia de restricciones legales, uno no es libre según la definición de la visión ilimitada “si no puede conseguir sus metas”…esta definición según los resultados de la visión ilimitada es anatema para los partidarios de la visión limitada en la cual la libertad es definida en términos de características del proceso.
Guerra
Loa partidarios de la visión ilimitada tienden a explicar la existencia y recurrencia de las catástrofes provocadas por el hombre en términos de malentendidos, en un sentido intelectual, o de emociones hostiles o paranoides que se supersonen a la racionalidad.
Los pasos a seguir por una nación que busca la paz para reducir la probabilidad de la guerra serían aumentar la influencia de los grupos de población más avanzados intelectual o moralmente, mejor comunicación con los enemigos potenciales, eliminación de la retórica militante, restricción en la producción de armamento o de alianzas militares que pudieran provocar contramedidas, limitar el énfasis del nacionalismo o patriotismo y negociar diferencias con potenciales adversarios como forma de evitar las posibles causas de guerra.
Los partidarios de la visión limitada ven la guerra en términos completamente diferentes. De acuerdo con su visión, las guerras son una actividad perfectamente racional desde el punto de vista de aquéllos que anticipan la posibilidad de obtener ganancias para ellos, su grupo o su nación aunque tal anticipación pudiera estar equivocada.
Desde esa perspectiva, los pasos para garantizar la paz y reducir la probabilidad de una guerra serían directamente opuestos y consistirían en aumentar el coste de la guerra para potenciales agresores mediante la preparación militar y alianzas militares, hacer consciente al público de los riesgos en tiempos de amenaza, promoción del patriotismo y disposición a luchar, confiar en el conocimiento de los adversarios del poder militar propio, negociar sólo desde una posición de fuerza y evitar todo tipo de chantajes que pudieran animar a chantajes posteriores y confiar más en el buen sentido y la fortaleza de la gente que en los moralistas e intelectuales más sensibles a las palabras y a las modas.
El delito
Los partidarios de la visión limitada enfatizan la prevención del delito o su castigo. Por el contrario, el partidario de la visión ilimitada no comprende cómo alguien puede cometer un delito terrible sin alguna causa distinta que la ceguera.
El concepto de rehabilitación y sus posibilidades es visto de una forma muy distinta en los dos casos. En la visión ilimitada de la naturaleza humana, la rehabilitación es un proceso de devolver a la persona a su más o menos natural condición de decencia. En la visión limitada, la decencia es más artificial que natural y, si no ha sido creada durante los años maleables de la niñez, es improbable que se cree después.
Creo que esto es suficiente para dar una idea del contenido del libro y, sin duda, hay muchos elementos fácilmente identificables en la actualidad política nacional e internacional que nos indican cuál es el modelo en que se mueven sus autores. Lo que Sowell llama visión ilimitada es equiparable en algunos contextos a lo que también se ha llamado buenismo en política, fenómeno del que los ejemplos son múltiples ahora y en el pasado.
La visión respecto de la guerra o de la eventual utilización de la violencia legítima por parte de un Estado tanto frente a terceros países como frente a la delincuencia pura y dura puede llevar a extremos peligrosos en cualquiera de las visiones. En el caso de la visión limitada extrema, se puede llegar a convertir un país en un campo de concentración con urnas, como estuvo muy cerca de ocurrir en los Estados Unidos de la época de McCarthy. En el caso de la visión ilimitada extrema, se puede llegar a convertir un país en una agrupación de pánfilos a los que les puede perder el respeto cualquier otro país e incluso cualquier banda de delincuentes con o sin coartada política.
Busque cada cual dónde se ve mejor reflejado y dónde ve mejor reflejados a distintos gobiernos.
IPv6: Otra maravilla de la informática “user friendly”
Ayer traté de instalar en el ordenador que utilizo habitualmente la versión 11.2 de OpenSuse. Aparentemente todo fue normal hasta que, al intentar arrancar desde el disco duro, me salió un letrero diciendo que no había sistema operativo.
Como no hay mal que por bien no venga y el ordenador está preparado para un sistema operativo de 64 bits, decidí instalar no el Windows que se había cargado la instalación de Linux sino el Vista de 64 bits. Por lo menos me reconocería el total de memoria y algo ganaríamos. Además, el XP empezaba a ir lento a pesar de que la máquina, para los estándares actuales, no lo es.
La primera sorpresa fue que, al particionar en automático, la versión 11.2 de OpenSuse era mucho más ambiciosa y no tomaba lo necesario preguntando por el resto sino que, directamente, se asignaba la mitad del disco duro. Los que utilizamos el ordenador para trabajar raramente nos podemos permitir ese lujo dado el todavía escaso número de programas muy habituales que trabajan bajo Linux.
El Partition Magic no me sirvió de gran cosa porque no funciona con Windows Vista de modo que tuve que volver a utilizar el propio programa de instalación del Linux para reparticionar aunque, a la vista de los resultados, no tuviera ya la menor intención de volver a instalar Linux.
A partir de ahí, se supone que no debería tener demasiados problemas puesto que siempre he tomado la precaución de tener los datos en un disco externo que, por tanto, no se veía afectado por toda esta historia. Pues bien, el primer problema surge con la red inalámbrica y la necesidad, no explicada en ninguna parte, de introducir la clave de acceso utilizando su equivalencia hexadecimal. Como esto me había pasado hace muy poco al poner en marcha un disco duro externo conectado a la tele, no me sorprendió demasiado.
Lo que sí me sorprendió más es que, después de realizar una serie de actualizaciones, Internet dejó de funcionar. Me mostraba una etiqueta de “conectividad limitada” e incluso cuando pinché al ordenador un cable de red me ocurría lo mismo. La “ayuda” de Microsoft se limitaba a repetir lo mismo que estaba viendo en los menús incluyendo algún hipervínculo a zonas del panel de control que podía haber descubierto por mí mismo. Todo un homenaje a la inutilidad.
Naturalmente, para la “ayuda” todo tenía la culpa menos el puñetero Vista dando recomendaciones como desenchufar y volver a enchufar el cable-modem a pesar de que otro ordenador estaba accediendo normalmente a Internet a través de él. Finalmente utilicé ese ordenador “vivo” para buscar información sobre qué ocurría. Me encontré con que no era el único y que había mucha gente que estaba harta del Windows Vista, de las IPv6 y de todos los inventos semejantes y no explicados. Recomendación recibida en un foro: Desactiva las IPv6. Como tenía poco que perder lo hice y ¡oh, sorpresa! el ordenador se conectó normalmente a Internet.
Ahora que sigan hablando de informática “user friendly”. A lo mejor el problema no es la informática sino los informáticos como decía Rousseau de la relación entre la medicina y los médicos. En una frase para enmarcar en Emilio Rousseau decía “Se me dirá que la medicina es un arte y que los fallos son del médico. Sea enhorabuena; venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte”. Sustitúyase la medicina por la informática y puede que estemos en una situación parecida pero, sea por culpa de la informática o de los informáticos, lo cierto es que el uso de un ordenador casero es todavía suficientemente enrevesado como para hacer que muchos usuarios medios decidan declararse incompetentes. ¿”User-friendly”? Sí, “as far as the user is an expert”. Eso es lo que hay.
Banderas de conveniencia
El secuestro del atunero “Alakrana” y antes del esto el “Playa de Bakio” tiene muchas derivadas pero, por la razón que sea, parece que nadie ha querido entrar en una de ellas: El uso de las banderas de conveniencia.
Éste es un uso muy extendido y parece que el primero o uno de los primeros innovadores en este terreno fue el griego Onassis. Al parecer, la práctica común de los petroleros era la de llevar bandera de Estados Unidos porque, de esta forma, consideraban que su situación estaba más protegida aunque, eso sí, suponía estar sujetos al fisco -y a la protección- de Estados Unidos. Onassis pensó que el coste de la protección no le compensaba y empezó a buscar países en los que matricular sus barcos donde el pago de impuestos fuera escaso o nulo. Tradicionalmente, estos países han sido Panamá y Liberia aunque parece que más adelante se unieron al club de las banderas de conveniencia otros lugares como Seychelles.
Así, cuando se habla de “el atunero vasco”, habría que matizar que la empresa puede ser vasca pero, si la bandera no es española, cualquier petición de protección debería de realizarse al país del que lleva la bandera el barco. Por añadidura, sólo un tercio de la tripulación es de origen español. ¿Por qué, entonces, es España quien tiene que afrontar un problema que no parece más suyo que de cualquiera de los países de origen de los tripulantes o del país de abanderamiento del barco?
En estos días se han oído argumentos absolutamente peregrinos, incluyendo el de que el ayuntamiento de donde proceden la mayoría de los tripulantes españoles es abertzale y que sus familiares también y que, por tanto, no les correspondería protección de un Estado que rechazan. Es difícil encontrar un argumento más miserable que ése. Lo mismo si son de Batasuna que si son hinchas del Rayo Vallecano, son acreedores a la protección del Estado que le correspondería a cualquier otro español. Cosa distinta es si le corresponde la protección del Estado español a un barco matriculado en otro país.
Habría que ver en qué medida la situación actual no procede de la conducta seguida con el anterior secuestro con el “Playa de Bakio” al haber transmitido el mensaje claro de que el secuestro de barcos que puedan ser utilizados para presionar al gobierno español es rentable. Al parecer, en aquel caso hubo una oportunidad disponible, después de haber pagado el rescate, de haber echado a pique la barca de los piratas que abandonaban el barco con el dinero a bordo. Si se hubiera hecho y se hubiera actuado en una línea similar a la seguida por los franceses ¿tendríamos ahora otro caso similar o se lo habrían pensado mejor?
Inevitablemente, el uso de la fuerza tiene que ser una posibilidad a plantear por mucho que uno quiera que, por méritos similares al último, le regalen el Nobel de la Paz. La protección de los propios barcos implica la disposición a, si es necesario, utilizar la fuerza y hacer valer el viejo principio de que en democracia es el Estado quien tiene el monopolio de la violencia. Cosa distinta, y que no parece estarse planteando en el nivel que se debiera, es si un barco con bandera no española es acreedor o no a esa protección y si, en su caso, la preocupación debería limitarse exclusivamente a los ciudadanos españoles sea cual sea el medio que los transporte o hacerse extensiva a los demás tripulantes y al propio barco.
Si no se está en disposición de usar la fuerza, como parece dejar claro la actuación seguida con el caso anterior, el “Playa de Bakio”, nos encontraremos en una situación que describe espléndidamente José Antonio Marina en “Anatomía del miedo” con estas palabras:
En caso de guerra ¿querría alguien un ejército dubitativo, asambleario, crítico, democrático, donde cada soldado mantuviera su libertad de juicio, evaluación y decisión? No, porque sería un ejército parecido al que popularizó Gila, que pedía al enemigo que no atacara muy temprano porque querían dormir o le pedía prestado el cañón. Parece que este asunto no tiene solución posible. O tener unos ejércitos inútiles o tener unos ejércitos salvajes…seguirá habiendo guerras, porque basta con que alguien desee hacerlas para que las haya; será necesario ir a la guerra para defender valores importantes o la supervivencia y entonces harán falta ejércitos eficaces.
Se habla de autorizar a los barcos a llevar vigilantes civiles armados pero, en realidad, eso lo único que hace es invitar a los piratas a que vayan mejor armados porque cabe esperar que ningún atunero vaya a llevar ningún ejército dentro para protegerlo. Las preguntas más sencillas son las que parece que nadie quiere plantear:
- ¿Es sujeto de protección del Estado español un barco con una matrícula no española y con un tercio de su tripulación compuesta por españoles?
- En caso afirmativo ¿se está dispuesto a utilizar la fuerza como medio de garantizar esa protección? Si no es así, ya pueden contar con que esta situación con componentes de drama por lo que toca a los afectados y sus familiares y de ópera bufa por el papelón de los politicos y del ejército se repetirá bastantes veces por mucho “segurata” que quieran poner a bordo de los atuneros.
Tamaño y riesgo sistémico en los mercados
La siempre recomendable newsletter Wharton-Universia acaba de publicar un artículo sobre las organizaciones que, sobre el papel, son demasiado grandes para caer o para permitir que caigan:
http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1795&language=spanish
Llueve sobre mojado. El último número de la Harvard-Deusto publicaba otro excelente artículo, reproducido de la Sloan Management Review del MIT, recomendando cambiar el lenguaje que se utiliza en los negocios porque la contabilidad actual no es capaz de capturar el riesgo sistémico.
Lo malo de todo ello es que no es nuevo pero dice poco y malo de nuestra capacidad real de aprendizaje y sólo ante una crisis de dimensiones descomunales nos acordamos de que existe un riesgo sistémico que, simplemente, había sido ignorado. Autores como Ulrich Beck con “La sociedad del riesgo global” se anticiparon varios años a la crisis actual, otros como Peter Senge lo hicieron aún más aunque de forma acaso más superficial y así podríamos ir retrocediendo en el tiempo hasta los Forrester, Luhmann, Bertalanffy y muchos otros.
Mecanismos como las titulizaciones consiguieron hacer mucho más eficientes los movimientos de dinero pero, al hacerlo así, alguien se olvidó de un principio básico: El fallo en una organización eficiente utiliza para multiplicar sus efectos los mismos canales que esa misma organización utiliza para su funcionamiento normal. En otras palabras, a más eficiente la organización más eficiente el fallo y mayor es su posible impacto. Por ejemplo ¿podría esperarse una expansión importante de un virus si no existiera Internet?
El riesgo sistémico nos aguarda escondido en multitud de lugares. La historia nos habla incluso de guerras evitadas o iniciadas por incidentes menores que entraron en una espiral de autorrefuerzo y no fueron más que una humilde cerilla en un polvorín. Intentar detectar todas las cerillas es inútil y costoso pero hacerlo con los polvorines y no cerrar los ojos al riesgo que éstos encierran es suicida.
En el ámbito de la aviación, Michael O’Leary, gran jefe de Ryanair, afirmaba que un riesgo real para su compañía es la eventualidad de que una compañía low-cost importante tenga un accidente grave. Cualquier accidente deja al descubierto prácticas inadecuadas y regulaciones insuficientes o erróneas pudiendo afectar gravemente a los implicados. Algunos de ellos, al ejercer al mismo tiempo como juez y parte, intentan ponerse a salvo aunque, afortunadamente, en la sociedad de la información global les resulta cada vez más difícil.
En ese mismo ámbito, un único modelo de avión cuyo diseño demostró tener demasiados agujeros de seguridad, el DC-10, fue suficiente para provocar la bancarrota de McDonnell Douglas, el que era el segundo gran fabricante norteamericano. El avión fue rechazado y la empresa se quedó sin la posibilidad de competir en el mercado de los aviones grandes. Sin duda, Boeing tiene a esta compañía entre sus más cariñosos recuerdos ya que, al hacerse cargo de la compañía y sus productos, le ha tocado asumir fallos de diseño y actuaciones que no eran propios.
¿Por qué se cayeron las torres gemelas si estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión? Puesto que el Empire State ya sufrió el choque de un avión, esa eventualidad no era algo del ámbito de la ciencia-ficción sino una posibilidad real y, por tanto, se diseñaron atendiendo a ella y, sin embargo, se cayeron. ¿Por qué? Porque, desde el momento de la construcción de las torres los aviones habían crecido mucho y, además, estaban preparadas para resistir el impacto pero no el fuego de unas cuantas decenas de miles de litros de combustible. Una vez que la temperatura hizo que colapsase un piso, los que estaban debajo podían aguantar el peso añadido de uno más pero no de todos los que estaban encima repitiendose ese proceso piso a piso.
¿Por qué se caen espléndidas estructuras diseñadas con magníficos programas de CAD? Porque los programas pueden reproducir las cargas sobre las estructuras pero es mucho más difícil reproducir cómo deben ser las uniones entre los distintos componentes; no falla la viga sino su unión con otras. Una vez que una ha fallado, las contiguas comienzan a soportar un peso mayor del que están preparadas para aguantar y colapsan repitiéndose el proceso por toda la estructura.
Los organismos reguladores a menudo no disponen de la posibilidad de contrastar si existe o no riesgo sistémico ya que éste se puede encontrar escondido en muchos lugares, tanto si hablamos de productos puramente ingenieriles diseñados mediante programas cuyos resultados el ingeniero no puede contrastar por sus propios medios como de sistemas financieros o cualquier otra cosa. Hace algún tiempo me llevé una sorpresa al enterarme de que algo parecido ocurría también en un ámbito aparentemente más trivial como es el de la meteorología:
A medida que se han ido aumentando las estaciones de observación, ha crecido la dificultad para procesar todos los datos recibidos y más aún para procesarlos en un tiempo que hiciera que la información resultante fuera de interés y no que estuviéramos dando como primicia la previsión meteorológica esperable hace una semana. Los meteorólogos (o metereólogos según numerosos periódicos y televisiones) reciben los resultados de un procesamiento sin que tengan posibilidad alguna de contrastarlo con sus propias observaciones. No es de extrañar, por tanto, que los informes meteorológicos en televisión hayan mejorado notablemente en lo que se refiere a la presencia del presentador. Puesto que un meteorólogo auténtico no serviría de nada ¿por qué no utilizar un presentador que pasado mañana pueda estar en el área de deportes y dejar que la presencia sea el criterio principal? Si a alguien le parece exagerada esta reflexión, acuérdese de Minerva Piquero, que comenzó precisamente dando el informe meteorológico.
Algunos hablan de codicia, otros de espíritus animales y otros de punto ciego del refuerzo inmediato pero, sea cual sea la etiqueta que le apliquemos, no es sostenible un modelo en el que, de la forma más inesperada, pueden producirse explosiones de un tamaño descomunal y que tienen impacto en todo el mundo. Cuando se habla de economía sostenible y de evitar estos riesgos, todos podemos estar de acuerdo pero ¿cómo? ¿no estamos en la vieja historia de “quién le pone el cascabel al gato”?
Hacer lo mismo pero dando una “estética verde” no deja de ser una estupidez más procedente del ámbito “políticamente correcto”. Intentar dar poderes extraordinarios a unos reguladores que, simplemente, no comprenden qué está pasando y, en caso de comprenderlo, se encuentran en la situación del meteorólogo y no pueden alcanzar conclusiones a tiempo tampoco sirve de gran cosa. Si se quiere evitar el riesgo sistémico y buscar una sostenibilidad real, no queda más remedio que ir a los principios mismos de funcionamiento del sistema y la forma en qué este consigue eficiencia.
En El mundo feliz de Huxley cualquier juego nuevo, para ser admitido, tenía que ser más complicado y requerir más medios que otro previamente existente. En el mundo real tenemos también una regla que debería ser seguida y es la regla de Rassmussen: “El operador ha de ser capaz de correr cognitivamente el programa que está ejecutando el sistema”. En sistemas críticos, esta regla no debería ser saltada jamás y en sistemas menos críticos debería ser susceptible de sustitución por la comprobación cruzada: Un sistema complejo no debería ser aceptado si otro sistema de diseño completamente independiente no es capaz de replicar sus resultados.
La receta no es nueva. Es aplicada en aviación como una forma de garantizar que, en el caso de un fallo de software producido en varios sistemas idénticos, la redundancia resultase ser absolutamente inútil. Sin embargo, ese modelo que puede ser suficiente en muchos ámbitos no debería serlo en aviación, precisamente por tratarse de un sistema crítico.
Volvamos a la meteorología: Es dudoso que 1.000 estaciones de observación sean capaces de generar una previsión meteorológica el doble de precisa que 500 ya que en éste, como en cualquier otro ámbito, se produce el fenómeno del coste creciente de la mejora marginal. ¿Es posible que el meteorólogo pueda generar una previsión menos precisa procesando los resultados de muchas menos estaciones de observación? Para ello, tendría que tener claro cuáles son las que le permiten generar ese pronóstico y, con ello, validar unos resultados producidos a un nivel de detalle que le resulta inalcanzable.
Un mundo sostenible pasa necesariamente por eliminar el riesgo sistémico y, como ya anticipaba Beck, no está en absoluto eliminado. Puede hacerse pero ¿se hará o nos quedaremos esperando a la siguiente gran crisis que puedan provocar las finanzas internacionales, la incompetencia de los gobiernos, la contaminación, la falta de combustibles para cubrir las necesidades energéticas, la falta de alimentos o de agua potable, una pandemia, el terrorismo nuclear…? Son muchas las situaciones explosivas que nos rodean y, en lugar de eliminarlas con el grado de dureza o suavidad que proceda en cada caso, todavía nos seguimos empeñando en requisar las cerillas.
La guerra de Cajamadrid
Cualquier lector que no siga minuto a minuto las noticias relativas a Cajamadrid, sin duda se va a perder algunas cosas. Por ejemplo, en estos días se ha presentado como el gran triunfo en clave interna de Rajoy el que finalmente Rodrigo Rato vaya a ser el nuevo presidente de Cajamadrid. Esos mismos palmeros no explican que en marzo http://www.soitu.es/participacion/2009/03/18/u/basiliopozoduran_1237383024.html fue la propia Esperanza Aguirre quien propuso a Rato como presidente y que fue Rajoy quien lo rechazó, cabe suponer que porque no le gustaba tener de vuelta tan cercano a la política nacional a quién en su día fue su oponente y, dada su propia ejecutoria, hoy podría ser el Terminator de las ambiciones políticas de Rajoy. ¿Qué ha cambiado desde entonces para que, al parecer, las posiciones se hayan invertido?
Las malas lenguas aseguran que lo que ha cambiado es la situación actualmente crítica del grupo PRISA, con una importante deuda con Cajamadrid cuya renovación, de producirse, debería ser inmediata y que al citado grupo le interesa tener un amigo en la presidencia de Cajamadrid y Rato lo es…y tal vez por eso ahora Esperanza Aguirre prefiriese alguien que contribuyese a apuntillar a un grupo de comunicación que nunca se ha distinguido por su amistad hacia el PP aunque sí hacia alguno de sus miembros, fundamentalmente Ruiz-Gallardón y Rodrigo Rato. ¿Busca Rajoy convertirse en el salvador de PRISA para disfrutar del mismo trato favorable que sus compañeros de partido?
El PP lleva mucho tiempo bajo los focos como consecuencia de sus temas relacionados con la corrupción. No cabe duda de que los medios de comunicación no tratan igual a todos los partidos cuando alguien mete la mano en la caja pero ese hecho, con ser cierto, de ninguna forma justifica la inacción de que ha hecho gala Rajoy en el asunto de la corrupción. De repente, salta otra corruptela en Cataluña que, en este caso, afecta directamente a ex-altos cargos de Pujol y dirigentes de Convergencia y del PSOE y, justo en ese momento, se descuelga Manuel Cobo en El País con unas declaraciones en contra de Esperanza Aguirre en relación con Cajamadrid que hacen que los focos que, por un momento, se habían desviado vuelvan inmediatamente a enfocar al PP y pase el otro asunto a segundo plano.
¿Casualidad o ejercen Cobo y Gallardón o viceversa como caballos de Troya del PSOE en el PP con el intermedio de PRISA?
El caso es que Rajoy no parece necesidad de ayuda externa o interna para enredarse él solo. La diferencia entre el trato recibido por el ex-secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, y el primer teniente de alcalde de Madrid, Manuel Cobo, a quien su jefe apoya y mantiene en el puesto a pesar de una suspensión cautelar de militancia muestra que el anunciado puñetazo en la mesa lo ha dado flojito para no hacerse daño. No hay que extrañarse de que el ministro de Fomento, José Blanco, manifestase su alegría porque la figura de Rajoy pudiera salir reforzada de todo este enredo. Como Josep Piqué dijo de él cuando le preguntaron cómo lo estaba haciendo, es difícil no hacerlo mejor.
Cajamadrid ha resultado ser un campo de batalla donde se aludía a grandes principios y a respeto a la legalidad pero lo que se estaba cociendo era la pura y simple lucha por el poder entre dos bandos enfrentados del PP. No se sabe si por la importancia de la entidad o por ese distinto tratamiento que los medios de información dan a la porquería dependiendo del lado del que viene, el tema ha gozado de bastantes titulares pero está muy lejos de ser el único enjuague con cajas de ahorros de por medio.
Los políticos de todo signo han entrado al asalto en las cajas de ahorros y las han convertido en el brazo financiero del partido en el poder en cada sitio y, al final, es el Estado -o sea, todos nosotros- quien tiene que pagar la fiesta que se han corrido y se siguen corriendo nuestros honorabilísimos padres de la patria repartiendo dinero entre sus amigos. No resulta extraño que la conducta de los políticos haya pasado a estar, según el último sondeo del CIS, entre las preocupaciones de los ciudadanos por encima incluso del terrorismo. Lo que no nos dicen es que es una preocupación relacionada con la salud como la relativa a la gripe A, sólo que en este caso más que a la gripe se refiere a las ganas de vomitar que producen unos y otros.
El Nobel de Obama
Vaya por delante que un premio Nobel de la Paz otorgado por una fundación que lleva el nombre del inventor de la dinamita es, cuando menos, contradictorio en su origen.
Es difícil estar de acuerdo en todos los nombramientos e incluso lo mismo nos podría ocurrir con el santoral donde, por ejemplo, ha estado a punto de colarse un personaje de méritos más que dudosos y algún otro ha sido designado con el jocoso nombre de “el santo de alta velocidad”.
Lo malo es que las concesiones inmerecidas de premios supuestamente importantes devalúan no sólo el premio sino el mérito de personas que lo han obtenido en el pasado y que realmente sí lo hayan podido merecer.
Obama puede haber levantado expectativas pero el tiempo que lleva en el poder es absolutamente insuficiente para saber siquiera si tales expectativas son fundadas. Que alguien diga que una de las cosas que más ha pesado en la concesión del premio es su discurso de El Cairo suena a chiste malo. En primer lugar, los premios de este tipo se suelen conceder por hechos y no por palabras, aunque este premio ya tenga el triste precedente de haber sido otorgado a alguien con una biografía totalmente falsificada, y en segundo lugar el discurso citado tenía errores garrafales que aquí movieron a risa a muchos, por ejemplo, las referencias a Al-Andalus y a la Inquisición en el mismo paquete.
El premio Nobel de la Paz ya fue concedido hace años al primer presidente negro de un país, Nelson Mandela, que, sin duda, en el momento de la concesión había hecho muchos más méritos que Obama para ello. ¿Es eso lo que se está premiando en Obama? ¿Ser el primer presidente negro de su país? Si es así, resulta escaso mérito y de ninguna manera es comparable con el del citado Mandela que, tras muchos años en la cárcel, fue capaz de conseguir en su país una transición ejemplar sin que se convirtiera en un baño de sangre.
Si premian a Obama por su discurso -no hechos, por el momento- acerca del desarme, tal vez a alguien se le olvidaron personajes como Gorbachov y Reagan que tuvieron una actuación mucho más decisiva que la que hasta el momento ha tenido oportunidad de exhibir Obama.
Si premian a Obama por haber conseguido, como algunos dicen, que Estados Unidos haya pasado a ser una sociedad post-racista, hecho del cual su propia elección sería la prueba, habría también que preguntar si conseguir un voto de la población negra superior al 90% no indica claramente que esta población ha votado en clave racista y que, por tanto, tal objetivo está aún lejos de ser conseguido.
Es difícil saber si Obama se hará merecedor, a medida que transcurra el tiempo y tenga oportunidades de demostrarlo, del premio que ahora le están regalando. Lo que sí puede saberse fácilmente es que hoy no lo es y que si la pieza de convicción no la constituyen los hechos sino los discursos a lo mejor incluso podemos proponer algún candidato más cercano.
“Animal Spirits” de Akerlof y Shiller
Animal Spirits puede considerarse como una crítica de la economía liberal. Son muchos los autores que han ido por ese camino con diversa fortuna. Por ejemplo, aquí mismo puede encontrarse la crítica de Economía Humanista de José Luis Sampedro aunque la argumentación de Animal Spirits parece mucho mejor fundada que la de Sampedro.
Los autores comienzan por dar diversos ejemplos de terrenos en los que la mano invisible de Adam Smith simplemente no funciona. Los ejemplos son buenos aunque producen una sensación extraña, algo así como si la crítica fuera correcta pero los motivos en que apoyan ésta tuvieran poca solidez o estuvieran mal argumentados.
Critican el supuesto básico de que las decisiones en una economía de mercado se tomen siempre de forma racional y, para ello, recurren a dos motivos básicos: Uno de ellos es criticable porque puede ser incluido también en el concepto mismo de economía de mercado y el otro lo es porque es difícil considerarlo como único: Conocimiento y equidad.
El concepto mismo de gestión de conocimiento apareció para mediados de la pasada década y, sin embargo, uno de los libros más brillantes que pueden encontrarse sobre el tema es Knowledge and Decisions de Thomas Sowell, escrito nada menos que en 1980. Al margen del interés histórico, se da la circunstancia de que Sowell es un ferviente defensor de la economía de mercado y que, para que ésta funcione, se presupone también una completa transparencia y, por ende, un perfecto conocimiento sobre lo que se compra o vende.
La crítica de Animal Spirit en el sentido de que se necesitan estudios considerablemente sofisticados para cuestionar una clasificación AAA era ya anticipada en el libro de Sowell cuando señalaba que government regulatory agencies are often very ineffective in controlling the industry or sector which they have a legal mandate to regulate. Dicho de otro modo, cuando no existe una transparencia completa, no podemos decir que las decisiones no sean tomadas racionalmente sino que, aunque el proceso sea racional, son tomadas sobre datos equivocados sin posibilidad de contrastarlos.
La crítica relativa al conocimiento es, por tanto, compartida por los defensores de la economía liberal y de ahí que haya una presión permanente hacia una mayor transparencia. Sin embargo, la complejidad obliga a tener que confiar en instituciones de control y, cuando reguladores, auditores y agencias de calificación fallan, las decisiones de los consumidores se ven traicionadas en una situación en que ni tienen acceso directo a la información necesaria ni, en caso de tenerlo, tienen los conocimientos necesarios para analizar esa información.
En cuanto al concepto de equidad, como justificación de toma de decisiones aparentemente no racionales, los autores dan buenos ejemplos aunque llegan a estirar tanto el concepto que acaba por representar un comodín válido para explicar todo lo que no se puede explicar desde un punto de vista de estricta racionalidad. Quizás falla ahí un mayor esfuerzo en el área de categorización de variables no estrictamente económicas.
Como síntesis, el libro es interesante, sus argumentos son buenos y su lectura es recomendable. Por el lado negativo, cabe decir que podría haber sido mejor si se hubieran trabajado un poco más las variables no económicas.
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