Factor Humano

Recursos Humanos, Gestión de conocimiento, Seguridad aérea y temas culturales, sociales y políticos

“Animal Spirits” de Akerlof y Shiller

Animal Spirits puede considerarse como una crítica de la economía liberal. Son muchos los autores que han ido por ese camino con diversa fortuna. Por ejemplo, aquí mismo puede encontrarse la crítica de Economía Humanista de José Luis Sampedro aunque la argumentación de Animal Spirits parece mucho mejor fundada que la de Sampedro.

Los autores comienzan por dar diversos ejemplos de terrenos en los que la mano invisible de Adam Smith simplemente no funciona. Los ejemplos son buenos aunque producen una sensación extraña, algo así como si la crítica fuera correcta pero los motivos en que apoyan ésta tuvieran poca solidez o estuvieran mal argumentados.

Critican el supuesto básico de que las decisiones en una economía de mercado se tomen siempre de forma racional y, para ello, recurren a dos motivos básicos: Uno de ellos es criticable porque puede ser incluido también en el concepto mismo de economía de mercado y el otro lo es porque es difícil considerarlo como único: Conocimiento y equidad.

El concepto mismo de gestión de conocimiento apareció para mediados de la pasada década y, sin embargo, uno de los libros más brillantes que pueden encontrarse sobre el tema es Knowledge and Decisions de Thomas Sowell, escrito nada menos que en 1980.  Al margen del interés histórico, se da la circunstancia de que Sowell es un ferviente defensor de la economía de mercado y que, para que ésta funcione, se presupone también una completa transparencia y, por ende, un perfecto conocimiento sobre lo que se compra o vende.

La crítica de Animal Spirit en el sentido de que se necesitan estudios considerablemente sofisticados para cuestionar una clasificación AAA era ya anticipada en el libro de Sowell cuando señalaba que government regulatory agencies are often very ineffective in controlling the industry or sector which they have a legal mandate to regulate. Dicho de otro modo, cuando no existe una transparencia completa, no podemos decir que las decisiones no sean tomadas racionalmente sino que, aunque el proceso sea racional,  son tomadas sobre datos equivocados sin posibilidad de contrastarlos.

La crítica relativa al conocimiento es, por tanto, compartida por los defensores de la economía liberal y de ahí que haya una presión permanente hacia una mayor transparencia. Sin embargo, la complejidad obliga a tener que confiar en instituciones de control y, cuando reguladores, auditores y agencias de calificación fallan, las decisiones de los consumidores se ven traicionadas en una situación en que ni tienen acceso directo a la información necesaria ni, en caso de tenerlo, tienen los conocimientos necesarios para analizar esa información.

En cuanto al concepto de equidad, como justificación de toma de decisiones aparentemente no racionales, los autores dan buenos ejemplos aunque llegan a estirar tanto el concepto que acaba por representar un comodín válido para explicar todo lo que no se puede explicar desde un punto de vista de estricta racionalidad. Quizás falla ahí un mayor esfuerzo en el área de categorización de variables no estrictamente económicas.

Como síntesis, el libro es interesante, sus argumentos son buenos y su lectura es recomendable. Por el lado negativo, cabe decir que podría haber sido mejor si se hubieran trabajado un poco más las variables no económicas.

Octubre 7, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Gestión de conocimiento, Libros y autores, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

“El desajuste del mundo” de Amin Maalouf

En principio, un libro que lleva en la solapa el nombre de Maalouf  lleva casi implícita una garantía de que dentro se va a encontrar algo interesante. Descubrí al autor hace algunos años con Los jardines de luz, auténtico tratado contra la intolerancia religiosa y, desde ese momento, no he dejado de leer lo que ha caído en mis manos de este autor. León el Africano es una novela en la que, si se busca una comparación, habría que retroceder hasta Sinuhé el Egipcio de Mika Waltari,  Identidades asesinas es un pequeño libro en el que Maalouf argumenta con una extraordinaria lucidez contra los nacionalismos y podríamos seguir con Samarkanda o con el libro en que muestra el punto de vista árabe sobre las Cruzadas…siempre se va a encontrar en Maalouf a un pensador original que aporta una nueva luz sobre los temas que toca.

El desajuste del mundo no es una excepción a esta regla y, tal vez por ser su último libro recientemente aparecido, lo que dice tiene una relevancia excepcional porque se refiere a nuestro mundo tal como está configurado hoy y las contradicciones y conflictos de carácter general.

Es difícil comprender cómo piensa Maalouf si no se sabe de dónde viene y, sobre todo, qué es lo que ha hecho con su personal patrimonio biográfico. Maalouf nació en Líbano en 1949 pero vive en Francia desde 1975, es decir, en este momento lleva viviendo en Francia más de la mitad de su vida. Hasta aquí, nada especialmente original y su biografía podría tener puntos de contacto con la ex-candidata socialista Segolène Royal e incluso con algunos terroristas islámicos. Más aún, los que provocaron los atentados de Londres habían nacido ya allí. Sin embargo, con esa herencia de exiliado compartida con muchos que han evolucionado de muy distintas formas, Maalouf ha hecho algo muy poco frecuente:

En primer lugar, se resiste a ser catalogado de libanés, francés o medio libanés y medio francés. En Identidades asesinas Maalouf utiliza como ejemplo su propio caso y afirma que tiene una identidad única compuesta de la totalidad de experiencias que ha vivido y que no renuncia a ninguna de ellas. No está dispuesto a desprenderse a una parte de sí mismo en nombre de una fidelidad a la otra parte sino que él mismo es un producto de ambas. Sería interesante que esta lección fuera aprendida por muchos nacionalistas.

En segundo lugar, rechaza el relativismo y un “respeto a las culturas” mal entendido, en nombre del cual lo que no es aceptable aquí puede ser aceptado como una peculiaridad en otro lugar.  Los siguientes textos, tomados de su libro son bastante claros al respecto:

Nuestra época le brinda a Occidente la oportunidad de restaurar su credibilidad ética, no dándose golpes de pecho, no abriéndose a “toda la miseria del mundo” ni transigiendo con valores importados de otros lugares sino, antes bien, siendo por fin fiel a sus propios valores, respetuoso con la democracia, respetuoso con los derechos humanos, atento a la equidad, a la libertad individual y al laicismo. En sus relaciones con el resto del planeta y, en primer lugar, en sus relaciones con las mujeres y los hombres que escogieron irse a vivir bajo su techo.

Respetar una cultura es propiciar la enseñanza de la lengua en que se funda, es favorecer el conocimiento de su literatura, de sus expresiones teatrales, cinematográficas, musicales, pictóricas, arquitectónicas, artesanales, culinarias, etc. A la inversa, ser complaciente con la tiranía, la opresión, la intolerencia o el sistema de castas, con los matrimonios concertados, la ablación, los crímenes “de honor” o el sometimiento de las mujeres,  ser complacientes con la incompetencia, con la incuria, con el nepotismo o con la corrupción generalizada, con la xenofobia o el racismo, so pretexto de que proceden de otra cultura diferente, eso no es respeto, opino yo, es desprecio encubierto, es un comportamiento de “apartheid”, aunque se haga con las mejores intenciones del mundo.

Éstos son, por tanto, los puntos de partida de Amin Maalouf y es entendiéndolos como es posible entender el conjunto de su obra en general y, en particular, este último libro suyo.

Aunque no es éste el único tema del libro, quizás el más relevante y al que más espacio dedica es al enfrentamiento Oriente-Occidente, con especial atención a los países islámicos, y cuenta desde una perspectiva muy infrecuente cómo se ha ido gestando esa situación y por qué no vale hablar de enfrentamientos milenarios ni de “peculiaridades del Islam” como explicación.

El punto de partida es el hecho de que cada uno se sumerge en su propia interpretación de los hechos y, desde su modelo interpretativo, consigue que todos los hechos tengan coherencia haciendo que no tenga el menor interés en conocer el punto de vista de la otra parte. Referido este principio al conflicto de Irak, Maalouf lo expresa de esta forma:

Si aceptamos, por ejemplo, el postulado según el cual la calamidad de nuestra época es la “barbarie del mundo musulmán”, fijarse en lo que pasa en Irak no puede sino reforzar esa impresión…si, en cambio, adoptamos como axiona el “cinismo de Occidente”, los acontecimientos tienen una explicación no menos coherente: como preludio, un embargo que sumió en la miseria a todo un pueblo y costó la vida a cientos de miles de niños sin que al dictador le faltasen nunca los puros; luego, una invasión cuya decisión se tomó arguyendo pretextos falsos y haciendo caso omiso de la opinión y de las instituciones internacionales y cuyo móvil, al menos en parte, fue la voluntad de hacerse con los recursos petrolíferos; inmediatamente después de la victoria estadounidense, el ejército iraquí y los órganos del Estado quedan disueltos a toda prisa y de forma arbitraria y se instaura explícitamente el comunitarismo en el seno de las instituciones, como si se hubiera elegido de forma deliberada la opción de sumir al país en una inestabilidad permanente…Para mí, son ciertos ambos puntos de vista y son falsos ambos. Cada uno de ellos gira en su órbita, ante su público que los entiende con medias palabras y no oye el punto de vista del adversario.

Partiendo de aquí, Maalouf comienza a analizar acontecimientos históricos pero, en contra de las frecuentes opiniones sobre enemistades milenarias e irreconciliables, Maalouf comienza su relato aproximadamente hacia la mitad del siglo pasado y puede encontrarse una perfecta coherencia sin necesidad de recurrir a acontecimientos anteriores. De hecho, comienza con el reconocimiento de que en los primeros momentos del Islam, judíos y cristianos eran reconocidos como gentes del Libro y, por tanto, aunque no eran considerados propios sí eran considerados cercanos. El progresivo corte de puentes y la conversión del Islam en un mecanismo de poder cada vez más rígido es relativamente reciente:

Algunos libros publicados en El Cairo en la década de 1930 están ahora prohibidos porque se los considera impíos; algunos debates que se celebraron en Bagdag en el siglo IX, en presencia del califa abasí, acerca de la índole del Corán, serían inconcebibles en nuestros días en cualquier ciudad musulmana, incluso en el recinto de una universidad.

Las críticas de Maalouf a Occidente no son, por tanto, por imponer sus valores sino precisamente por no hacerlo. Valores como la libertad o la igualdad son de tipo universal y no pueden estar sujetos a interpretaciones o peculiaridades culturales. En su relación con otros países, estos valores no han sido utilizados sino que, como señala Maalouf, han sido las elites de estos países las que los han utilizado en contra del dominador occidental. No obstante, como señala en el siguiente párrafo, la conducta occidental no sirve como excusa para todo:

Volvamos al ejemplo que tenemos constantemente ante los ojos en la actualidad, el Irak. Estoy convencido de que el comportamiento errático de los ocupantes americanos ha contribuido al hecho de que ese país se hundiera en la violencia comunitarista; estaría dispuesto a admitir, aunque tamaño cinismo me parezca monstruoso, que algunos aprendices de brujo de Washington y de otros lugares hayan podido beneficiarse de ese baño de sangre. Pero cuando un militante sunní se pone al volante de un camión bomba para saltar por los aires en un mercado al que acuden familias chiíes y a ese asesino algunos predicadores fanáticos lo llaman “resistente”, “héroe” y “mártir”, de nada vale ya acusar a “los otros”: es el propio mundo árabe el que tiene que hacer examen de conciencia. ¿Qué combate está peleando? ¿Qué valores defiende aún? ¿Qué sentido le está dando a sus creencias?

Las sucesivas humillaciones árabes primero a mano de los imperios coloniales y, más tarde, a manos del recién creado Israel darían lugar a una especie de nihilismo en los aspectos político y como civilización y esto sería lo que acabaría por crear otro tipo de legitimismo no político ni relativo a la cultura árabe sino basada en la religión como nexo común. Una vez que la religión fue utilizada como nexo, su evolución hacia un mayor extremismo era esperable y ha llevado a un conjunto de países a un callejón sin salida.

Cuando dirige su mirada hacia el lado occidental, Maalouf no sólo toca la evolución de los países emergentes sino que centra su análisis en el papel de Estados Unidos y su dudosa legitimidad. La duda sobre la legitimidad norteamericana no la refiere al funcionamiento del modelo democrático norteamericano sino a que, debido a su relevancia política y militar, un 5% de los habitantes del planeta eligen a alguien cuyas decisiones van a afectar gravemente al 100% de esos habitantes.

Estados Unidos, como potencia única, se encuentra también en su particular callejón sin salida. La utilización de una política de fuerza no hará sino mantener viva la llama del odio y alimentar la situación tal como se presenta en la actualidad; por otra parte, una política de apaciguamiento puede llevar en lugar de hacia el agradecimiento a una pérdida de respeto. En este sentido, comenta Maalouf el caso del presidente Carter y los nefastos resultados de su política de “aflojar la mano” en un momento en que el régimen iraní estaba derivando hacia un extremismo cada vez mayor.

El otro callejón sin salida es para Maalouf el que se ha puesto de manifiesto con la aún no resuelta crisis financiera y que hundiría sus raíces en la caída de la Unión Soviética haciendo que el modelo económico no tuviera que defenderse sino que fuera ya único. Este otro desajuste lo refleja en estos términos:

No es vergonzoso hacer dinero…pero eso de que el dinero esté completamente desconectado de cualquier tipo de producción, de cualquier esfuerzo físico o intelectual, de cualquier actividad de utilidad social…Eso de que nuestras bolsas se conviertan en casinos gigantescos en donde el destino de cientos de millones de personas, ricas o pobres, se decida en una tirada de dados…Eso de que nuestras instituciones financieras más venerables acaben comportándose como unos gamberros borrachos…Eso de que los ahorros de toda una vida de trabaj0 puedan esfumarse o multiplicarse por treinta en pocos segundos por procedimientos esotéricos que ni siquiera los banqueros entienden ya…Se trata de un trastorno grave cuyas implicaciones van mucho más allá del ámbito de las finanzas o de la economía. Porque podríamos preguntarnos, en vista de las cosas que suceden, por qué la gente va a seguir trabajando honradamente; por qué un joven va a querer hacerse profesor en vez de traficante; y cómo va a ser posible, en un entorno ético así, transmitir conocimientos, transmitir ideales; cómo va a ser posible conservar mínimamente el tejido social necesario para que sobrevivan todas esas cosas tan esenciales y tan frágiles que se llaman libertad, democracia, felicidad, progreso o civilización.

Se podrían multiplicar las citas literales pero posiblemente las que ya van incluidas y el comentario que las acompaña basten para hacerse una idea de un libro cuya lectura es muy recomendable para cualquier interesado en el mundo que le rodea. Aprovecho, no obstante, para hacer una reflexión y una recomendación últimas:

Amin Maalouf utiliza una forma de análisis que recuerda mucho a otro magnífico autor francés, Jean François Revel, autor de El conocimiento inútil, uno de los análisis más brutales y más certeros del último cuarto de siglo. Sin embargo, la diferencia es que Revel, liberal a ultranza, lanzaba sus dardos sobre todo contra la Unión Soviética, países satélites y todo tipo de dictaduras, en general. Maalouf toma como punto de partida la caída de la Unión Soviética y se centra más en el abismo cada vez mayor Oriente-Occidente pero, sin duda, son dos grandes autores que comparten un estilo de análisis.


Septiembre 22, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

Trilogía “Millenium” de Stieg Larsson

Me llamaban la atención los títulos bajo los que se estaban publicando los libros en español y tuve la curiosidad de buscar el título original para ver dónde estaba el misterio y la cosa es como sigue:

La publicación en inglés ha seguido literalmente el título del original sueco (al menos en los dos primeros; aún no he visto la edición inglesa del tercero) mientras que en francés ¡oh, sorpresa! utilizan los mismos absurdos títulos que le han puesto a los libros de la trilogía en español. O sea, encima de horteras, copiones.

El primer libro ya fue comentado aquí y el segundo no ha desmerecido -se le puede aplicar todo lo dicho al primero- excepto por un detalle: El primero dejaba un final abierto de modo que se podía continuar o no pero, en sí mismo, era un libro completo. El segundo, no. El final del segundo no es en absoluto un final y obliga necesariamente a comprar el tercero, “La reina del palacio de las corrientes de aire” o “El castillo que explota”, a elegir.

Tengo la sensación -acabo de empezar el libro- de que el segundo título, además de ser el original, va a ser más adecuado. Esperemos que, al menos, el libro tenga un final claro porque aunque sabemos que el autor no escribirá una cuarta parte -mis disculpas por la parte de humor negro- pueden ocurrir dos cosas:

  1. Puesto que la muerte del autor fue repentina, entra dentro de lo posible que se estuviera haciendo un capitalito, al estilo de la autora de Harry Potter, y estuviera pensando en una serie interminable de libros con idéntico formato y protagonista. Es dudoso que hubiera tomado la precaución de Agatha Christie de matar a su protagonista en una novela que, custodiada en su caja fuerte, debía ser publicada a su muerte. La novela se llama “Telón” y, efectivamente, la cosa se hizo tal como había previsto la autora.
  2. Los buitres acuden a los cadáveres de los escritores famosos y empiezan a aparecer libros en los que el autor de verdad aparece en letra pequeña y el autor muerto en letra grande y, a veces, se le atribuye el manuscrito al que ya no puede contestar. Hemos visto esta especie de circo con autores como Isaac Asimov, Mario Puzo e incluso con otros de menor renombre como Robert Ludlum. Algunos se buitrean a sí mismos en vida y prestan el nombre para que otro escriba y también tenemos ejemplos como Tom Clancy y algunos otros que ni siquiera tienen la generosidad de poner en la portada al autor en letra pequeña, o sea, lo que se llama un “negro”. En este apartado, sin salir de nuestra frontera, podemos encontrar conocidos periodistas de los que es difícil de creer que puedan sacar tiempo para la ingente cantidad de publicaciones con que nos inundan e incluso algún caso que ha sido muy aireado.

En otras palabras, como Larsson no escriba un final como es debido para su tercer libro y haya hecho la misma maniobra que en el segundo, aquí hay uno a quien no le va a gustar. Si así fuera, además de comentarlo aquí, recomendaría quedarse con el primero y no comprar ya el segundo porque, si no es así, ya no tiene solución.

ACTUALIZACIÓN DEL 7-10:

Tal como temía, ya anuncian que el autor quería hacer toda una serie pero sólo tenía completado el cuarto…o sea, el oportunismo que, como en los otros casos mencionados, va a hacer que aparezcan nuevos libros supuestamente del mismo autor.

Terminado el tercer libro, es en mi opinión el mejor de la saga y cuenta con un final claro aunque es perfectamente posible que continúe como así nos han anunciado ya.

Sólo una aclaración a los conocimientos geopolíticos del autor: Casi al final, se permite comparar Gibraltar con Ceuta y decir que los españoles harían mejor callándose con la situación de Gibraltar que equipara a la de Ceuta. Pequeño matiz:  Cuando Ceuta ya pertenecía a España, Marruecos aún no existía. Sólo eso.

Septiembre 17, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores | | Aún no hay comentarios

“El régimen de Franco” de Stanley Payne

Stanley Payne muestra con este libro ser uno de los mejores especialistas en la historia reciente española.

Cualquier lector interesado que haya explorado diversas fuentes puede haber llegado con facilidad a la conclusión de que todos faltan a la verdad. Unos lo hacen conscientemente, intentando favorecer una posición ideológica de partida, otros lo hacen porque muestran sólo una de las partes y otros en nombre de una objetividad mal entendida que les lleva a buscar la equidistancia en todo momento.

Cuando alguien intenta apoyar una posición ideológica, se dedica a enfatizar o rebajar determinados hechos en función de la idea que quiere vender y transforma la historia en una película de buenos y malos, película en la que, además, el bueno y el malo se identifican simplemente con leer el nombre del autor en la cubierta del libro. Ni siquiera hace falta leerlo. Cierto es que para llegar a eso, es necesario haber leído bastante de un autor y tenerlo perfilado en cuanto a tendencia política se refiere. Así, pueden encontrarse desde un Paul Preston que llega a dudar de la capacidad militar de Franco hasta un Ricardo de la Cierva, a quien sólo le falta beatificarlo.

Otros autores escriben sobre su experiencia propia y es eso lo que puede dar lugar a una imagen sesgada de la realidad. Autores como Burnett Bolloten, Felix Schlayer o el propio George Orwell estuvieron en la zona republicana y relatan las salvajadas que se pudieron cometer en esa zona en la preguerra y, especialmente, durante la guerra. Sin embargo, sin que ese hecho reste una pizca de validez a su testimonio, sobre todo ahora que en nombre de la “memoria histórica” hay quien está empeñado en contarnos que éstos eran los “buenos” y los “legítimos”, falta un elemento de contraste que sitúe las cosas en su contexto. El elemento de contraste no puede ser otro que el conocimiento de las salvajadas que, en ese momento, se estaban cometiendo también en la zona franquista. Algunos autores, como Pío Moa, se han pasado de frenada al tratar de justificar la rebelión encabezada por Franco y muestran la zona franquista casi como la quintaesencia del Estado de derecho ya durante la guerra lo que, desde luego, está muy lejos de la realidad.

Por último, están los autores que, como Eslava Galán, confunden objetividad con equidistancia y entienden que ser objetivo es mantener siempre la misma distancia entre las partes, incluso en situaciones donde una de las partes puede ejercer como agresora y la otra como víctima. Los avatares de la historia pueden hacer que, transcurrido un tiempo, los papeles se intercambien y nuestros “objetivos” autores continuarán manteniendo la equidistancia.

Afortunadamente, Stanley Payne se escapa de esta tipología que fácilmente podría abarcar a más del 90% de los autores que han escrito sobre la historia reciente española y, al hacerlo, contribuye a dar una visión mucho más clara de un periodo que siempre nos han tratado de esconder desde distintas posiciones y, al parecer, todavía hay gente que no tiene nada mejor que hacer que continuar intentándolo.

A pesar de ser un libro excelente, tendríamos que comenzar por una pequeña crítica: El título conduce a engaño ya que no trata sólo del régimen de Franco sino que comienza su relato mucho antes. Llamarlo “Franco” como el libro de Preston habría sido inadecuado porque no es una biografía pero “La época de Franco” o similar podría haber informado mejor acerca del contenido que el lector se va a encontrar.

Payne va mostrando en paralelo cómo van evolucionando los acontecimientos tanto del entorno político como de la carrera militar de Franco y hay puntos donde el autor se “pisa” a sí mismo y a su libro sobre “El colapso de la República” que, como éste, es de lectura recomendable.

La situación de preguerra es mostrada como difícilmente sostenible debido a que ambas partes consideraban la democracia como puramente instrumental y, una vez que se hubieran hecho con el poder, se trataba de no soltarlo a ningún precio y no se reconocía legitimidad alguna al adversario.

La victoria del Frente Popular daría lugar a gravísimos incidentes y la inacción de un gobierno que se resistía a desarmar a los grupos izquierdistas cargando todo el rigor sobre derechistas de distinto tipo crearía un caldo de cultivo propicio para el golpe militar. No obstante, Stanley Payne señala dos puntos importantes:

Hasta el último momento, Franco fue reticente y pensó que se podía reconducir la situación por la vía de la legalidad republicana.

No existía antes de la guerra civil ningún plan de entregar España a los soviéticos, excusa que sería utilizada para justificar el golpe y, de hecho, el Partido Comunista era muy minoritario y los comunistas estaban divididos siendo el grupo mayoritario claramente contrario a las líneas definidas por la Unión Soviética y el Komintern.

Sin embargo, una vez que el golpe militar fue efectivo, la situación se radicalizó aún más y comenzaron los asesinatos masivos en ambas partes con o sin apariencia de cobertura legal. Es entonces cuando el Partido Comunista comenzaría a tomar protagonismo al ejercer como correa de transmisión de la ayuda soviética mientras que Franco se vería forzado a volcarse hacia Italia y Alemania. En la postguerra, el juego de equilibrios y los cambios de posición de neutralidad a no beligerancia y el manejo de los tiempos darían lugar a situaciones que marcaron bastantes años de la vida española posterior.

Payne, a diferencia de otros autores, no maneja un doble rasero y en distintos puntos del libro puede realizar una crítica bastante dura de la actuación de uno de los bandos para, en otro momento distinto, criticar al contrario. Al fin y al cabo, la búsqueda de objetividad no es la búsqueda de equidistancia sino el mantenimiento de unos criterios homogéneos en la evaluación de los hechos con independencia de quien los realice. Éste es, tal vez, el mayor atractivo del libro y es por ello que resulta clarificador en muchas materias.

Entre las cosas más destacadas, cabría señalar las siguientes:

  1. En las hagiografías de la monarquía española, siempre se ha considerado a Juan de Borbón como un personaje con unas claras credenciales democráticas y firme partidario de una monarquía parlamentaria. Stanley Payne cuenta cómo en los primeros tiempos de la II Guerra Mundial, cuando la victoria alemana parecía incuestionable, Juan de Borbón pidió su apoyo a Hitler y Mussolini ofreciendo a cambio un sistema político que imitase al fascismo o al nazismo. Sólo cuando las cosas cambiaron y la victoria aliada se empezó a perfilar en el horizonte, Juan de Borbón se convertiría en “demócrata de toda la vida”. Parece, por tanto, que el partidario de la monarquía parlamentaria tenía mucho más interés en la monarquía que en el parlamentarismo, que pasaba a ser un mero instrumento desechable si las circunstancias así lo aconsejaban.
  • El personaje de Franco siempre ha sido mostrado como un sujeto gris, carente de toda sutileza y cuyo único mérito era una terquedad a toda prueba. Payne nos muestra un personaje distinto, dotado de una enorme habilidad para mantener los equilibrios de poder y al que, aunque su aspecto externo no fuera atractivo y estuviera muy lejos del perfil-tipo de un líder, era muy difícil que se le escapasen aspectos clave de una situación. Durante la II Guerra Mundial, su liderazgo fue cuestionado y tuvo que navegar en aguas muy turbulentas y mostró auténtica maestría en la persecución de su objetivo de perpetuarse en el poder. Este objetivo fue expresado de una forma tan explícita como “De aquí al cementerio”.
  • Sobre la posibilidad de que España hubiera entrado en la II Guerra Mundial, también se ha escrito mucho. Los partidarios de Franco siempre se han referido como momento clave a la entrevista de Franco con Hitler en Hendaya y cómo Franco consiguió mantener a Hitler en la espera con el objetivo de no entrar en guerra por los perjuicios que hubiera supuesto para España. Payne da una versión distinta y más verosímil: Alemania no había sido especialmente generosa con España durante la guerra y pidió fuertes contrapartidas a cambio de su participación; en consecuencia, Franco puso un precio alto a su entrada en la guerra y el precio era el mantenimiento de la presencia española en Marruecos como potencia dominante. Hitler no accedió a esta petición porque significaba desairar al gobierno francés de Vichy, colaborador de Alemania, y Franco era consciente de que, una vez que España hubiera entrado en guerra, su posición negociadora quedaba muy debilitada.

Por otro lado, la posición española tras la guerra era de una debilidad extrema y el valor militar español era prácticamente de cero. La eventual entrada española en la guerra significaba que Alemania habría tenido que desviar recursos para la defensa de España ya que no podía confiarse en una defensa interna. Por este motivo, ni Alemania ni los aliados llegarían a dar el paso definitivo de la invasión consentida o forzada: Era un aliado que requería mucho más de lo que valía.

  • Durante los llamados “años de hierro”, cuando parecía que las cosas iban a comenzar a calmarse, volvió a aumentar el número de ejecuciones de opositores políticos. El momento coincidió con una situación de fuertes presiones externas e internas encaminadas al abandono del poder por parte de Franco o a conseguir que una rebelión interna tuviera éxito. El miedo a esa posibilidad forzó un endurecimiento del trato a los opositores políticos en un intento de evitar por cualquier medio la eventualidad de que éstos pudieran formar parte de una maniobra encaminada a derribar a Franco del poder. En una entrevista, Stanley Payne diría que la guerra española no fue una guerra de buenos contra malos sino de malos contra malos. La conducta del franquismo durante los “años de hierro” así parece atestiguarlo ya que la proliferación de ejecuciones debida a la inseguridad del régimen tiene un paralelismo cercano en el tiempo para el cual se dio una explicación idéntica e idénticamente insatisfactoria: Las matanzas de Paracuellos, en las cuales se asesinó a unas 4.000 personas que estaban encarceladas. La justificación para los asesinatos fue que, en caso de que se rompiera el frente en Madrid, era previsible que estas personas se incorporasen al bando franquista.
  • Otro capítulo que ha generado ríos de tinta es el motivo por el cual los aliados, una vez concluida la II Guerra Mundial, decidieron no intervenir en España. Algunas “explicaciones” se han referido a un atávico carácter español según el cual una intervención extranjera aglutinaría a los españoles en torno a Franco. Parece, sin embargo, que la realidad era otra y que los motivos eran mucho más racionales que los atavismos del carácter hispano:

Churchill sabía que Stalin esperaba una segunda oportunidad para conseguir hacerse con el control sobre España y temía que, en caso de conseguirlo, el movimiento se extendiese a Francia e Italia y los soviéticos acabasen teniendo controlada toda Europa.

La supuesta recuperación de la democracia en España podía, fácilmente, haber degenerado en situaciones similares a las que condujeron a la guerra civil pero con Stalin en una posición de fuerza que no tenía ningún contrapeso en Europa. Si esa hipótesis se daba, no habría nadie que fuera capaz de enfrentarse a Stalin y España habría caído en sus manos formando una pinza difícil de resistir para los países centroeuropeos no controlados por la Unión Soviética. Ese riesgo y la imposibilidad de garantizar que, en esta ocasión, se lograse establecer una democracia parlamentaria real hizo que Churchill considerase que Franco representaba la alternativa menos mala de las posibles y, por ello, apoyase la no intervención aunque, al mismo tiempo, se presionase a Franco para conseguir que saliese del poder de una forma ordenada.

Éstas son algunas de las principales cuestiones que quedan bastante más claras en la obra de Payne que en la de muchos otros autores por los motivos ya señalados. Ciertamente, puede conseguirse una visión semejante a la planteada en el libro a través de la lectura de diversos autores contrapuestos. Sin embargo, el filtro por el que pasa toda la información en una gran mayoría de los autores dificulta extraordinariamente la tarea.

La lectura de otros autores no es estéril, máxime en un momento en que desde instancias oficiales parece querer recuperarse la idea de “buenos” y “malos” y eso hace más necesaria la búsqueda de elementos de contraste. Sin embargo, el gran mérito de Stanley Payne está en que, gracias a su rigor como historiador, consigue que las distintas piezas vayan quedando colocadas en su lugar y eso convierte a su libro en una lectura obligada para todo interesado en ese periodo de la historia española.

Agosto 16, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

“El guardián entre el centeno” de R.D. Salinger

Puede decirse que la razón que me llevó a leer este libro es cuando menos pintoresca:  La noticia de que este libro había sido considerado como inspirador por algunos conocidos asesinos en serie y terroristas.

Es curioso porque el libro no trata de ningún terrorista sino que es el relato de un corto periodo en la vida de un adolescente próximo a la entrada en la universidad.

Paradójicamente, no es difícil de entender que El guardián entre el centeno haya sido adoptado como libro de cabecera por semejante escoria humana. Cierto que sería más fácil de comprender la adopción de American Psycho cuyo protagonista tiene un perfil psicológico bastante similar al de El guardián entre el centeno pero el título puede hacer la identificación incómoda.

Se trata de un personaje que queda definido perfectamente por la etiqueta de psicópata y esta etiqueta, prescindiendo de definiciones clínicas del tipo DSM-IV, tiene un rasgo que está por encima de todos los demás:  El hecho de que el individuo se considera una especie única y observa a los demás como objetos susceptibles de manipulación sin la menor inhibición de tipo ético.

En el terreno literario pueden observarse multitud de muletillas repetidas aunque cabe atribuirlas al intento de imitar un habla adolescente ya que todo el libro está escrito en primera persona.

Al final de la lectura, resultaría difícil sorprenderse de que este libro sea la biblia del psicópata.

Agosto 1, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores | | 1 comentario

“La elegancia del erizo” de Muriel Barbery

Delicioso y francés como una merienda con beaujolais y mantel de cuadros.

Normalmente, cuando a los franceses les entra la vena introspectiva, no suelen hacerlo en el vacío -estilo alemán- sino que siempre el sujeto es muy consciente de su entorno social y todo está referido a tal entorno. En este caso, el personaje central -la portera intelectual que trata por todos los medios de no ser descubierta como tal intelectual- es poco creíble pero no por ello menos interesante. Puede recordar bastante al “salvaje” de Un mundo feliz de Huxley para el cual, al parecer, había sido bastante la lectura de Shakespeare para llegar a un cuestionamiento completo del modelo social y para alcanzar unos niveles de reflexión propios, como es natural, del propio Huxley y no de alguien que simplemente ha leido a Shakespeare. En este caso estamos en lo mismo: La pasión por los clásicos rusos, en especial por Ana Karenina de Tolstoi, resultan una justificación insuficiente del refinamiento intelectual que le sale a la protagonista por todos los poros.

El descubridor es un vecino nuevo japonés, con la ayuda de una adolescente que también tenía su propio secreto y escondía su condición de superdotada. Una vez descubierto el secreto, la novela entra por otros derroteros y es difícil encontrar un final adecuado. Creo, sin embargo, que la autora lo encuentra aunque, por supuesto, no lo voy a contar aquí.

Con la excusa de tan curioso personaje central, la autora dibuja un panorama del comportamiento de los nuevos ricos franceses y de sus estereotipos tanto sociales como políticos

Julio 29, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores | | 1 comentario

“La vida y la muerte me están desgastando” de Mo Yan

La literatura china es una gran desconocida, al menos fuera del terreno de los especialistas. Hace bastantes años, la vida en China pasó al terreno de la novela a través de las obras de Pearl S. Buck, lo que no puede propiamente considerarse literatura china, sobre todo, porque ha hecho del contraste Oriente-Occidente el principal eje de sus novelas. Alcanzó también bastante notoriedad Ami Tan pero, con todo, sigue siendo un terreno casi inexplorado.

En pleno verano, en que siempre se suele contar con algo más de tiempo para leer, la lectura de La vida y la muerte me están desgastando puede ser una buena opción y, con seguridad, es una garantía de leer algo diferente. La historia comienza en los inicios de la revolución china: Un terrateniente, Ximen Nao, es ejecutado y regresa reencarnado sucesivamente en burro, en buey, en cerdo, en perro y en mono antes de regresar de nuevo como persona.

Lo interesante está en que, en todos los casos, regresa a su aldea y conservando perfecta memoria de sus etapas anteriores cruzándose, por tanto, con personajes familiares con los que había una serie de afectos previos y reaccionando conforme a éstos con las limitaciones impuestas por su condición del momento. Otro aspecto aún más interesante es que, con la excusa del reencarnado Ximen Nao, el autor nos va mostrando un panorama de la China rural desde los inicios de la revolución hasta después de la muerte de Mao.

En el aspecto narrativo, sea por el estilo del autor o sea porque ése es el estilo chino habitual, se hace a veces prolijo recordando bastante a los clásicos rusos. La originalidad y el interés de los temas salvan al libro de un ritmo bastante lento y, aún así, es difícil evitar que ocasionalmente algunas páginas sean leídas en diagonal porque son 757 páginas de libro en la edición de Kailas y se acaba notando.

Por último, aparte de la recomendación positiva especialmente para todos los interesados en la sociedad china, el libro tiene un problema que, en realidad, no es del libro sino de los lectores no familiarizados con los nombres chinos: Hay tal cantidad de nombres poco familiares que llega un momento en que es fácil perderse y no saber de quién se está hablando y, para hacerlo más complicado, a algunos personajes los puede denominar de distintas formas, en unos casos utilizando o no el nombre completo y en otros utilizando apellidos distintos debido a que era hijo de una persona y  adoptada por otra y las conveniencias del momento político podían llevar a adoptar uno u otro nombre. Los editores son conscientes de esta dificultad y han incluido al inicio del libro un glosario que, en más de una ocasión, puede ser conveniente consultar.

Julio 24, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores | | 1 comentario

“La verdadera historia del Valle de los Caídos” de Daniel Sueiro

Para quien no conozca al autor, éste es un escritor poco común al que le ha gustado adentrarse en los terrenos más escabrosos dando todo lujo de detalles aunque dejando clara su posición. Hace ya bastantes años, lo descubrí con un ensayo titulado “La pena de muerte” donde daba una gran cantidad de información sobre ejecuciones en distintas modalidades y su propia posición quedaba resumida en una sola frase: Si es lícito matar, todo es lícito.

Hace muy poco, se me ocurrió entrar en una librería de viejo y la verdad es que el título no me habría llamado la atención pero el autor sí. Es del tipo de autores de los que siempre cabe esperar alguno nuevo y en esta ocasión no me ha decepcionado aunque el formato del libro me ha recordado a dos libros muy antiguos de Fernando Díaz Plaja llamados Otra historia de España y La España franquista por sus documentos. Recomiendo la lectura de ambos, no sólo por la selección documental sino por lo divertidos que pueden resultar algunos de sus episodios. Daré un ejemplo antes de entrar en el libro de Daniel Sueiro: Una carta del padre del Rey fue interceptada y cayó en manos de Franco a quien no le gustó su contenido. Como no quería privarse de contestar a un contenido que, supuestamente, no conocía inventó la excusa de que unos agentes extranjeros habían capturado la carta y ésta había llegado a su poder. La primera frase de la respuesta de Juan de Borbón a Franco es Honda preocupación me ha causado el hecho de que unos agentes extranjeros hayan podido interceptar una carta que iba de Irún a San Sebastián. Sin comentarios.

El libro de Daniel Sueiro está realizado mediante el sencillo recurso de transcribir -no literalmente- una serie de entrevistas con protagonistas de la construcción del Valle de los Caídos. Merece la pena ver las referencias a Pedro Muguruza, a Diego Méndez, a Juan de Ávalos y a algunos de los que estuvieron trabajando allí como prisioneros y que cuentan cómo llegaron allí, cómo era la vida en la construcción y cómo y cuándo salieron de allí.

Algunos historiadores neofranquistas han tratado de mostrar que, en realidad, se trataba de un monumento a la concordia y que están enterrados allí españoles de ambos bandos. Sin embargo, Sueiro desvela que, aunque eso es cierto, hubo unos criterios de selección muy rigurosos para los del bando republicano y menciona expresamente el caso del general de la Guardia Civil Antonio Escobar, sobre cuya vida se hizo una película hace ya varios años y del que fue ignorado el deseo de sus familiares de que fuera enterrado allí. Lo mismo ocurrió con Calvo Sotelo, cuyo asesinato fue el detonante de la Guerra Civil pero, al fin y al cabo, era un político de la República. En otras palabras, se hizo una cuidadosa depuración para determinar a quién se admitía y a quién no. No hablemos ya de qué se hizo con personajes como Julián Besteiro para quien el fiscal pidió la pena de muerte a pesar de reconocer que no estuvo implicado en ningún delito de sangre y que moriría en la cárcel pocos años después de la guerra o de Miguel Hernández y tantos otros.

Se ha hablado mucho de la cantidad de muertos que dejó la obra y siempre se ha dejado caer que esto era debido a las condiciones de campo de concentración que existían en la misma. Daniel Sueiro entra también en este tema y aclara varias cosas:

  1. Que muchos presos de las cárceles preferían ir allí a permanecer en la cárcel.
  2. Que los que hacían trabajos de excavación en la roca recibían una paga superior y eran muchos los que realizaban ese trabajo aún sabiendo el riesgo asumido no sólo por derrumbamientos sino por enfermedades pulmonares derivadas del polvo de la roca teniendo como toda protección una especie de esponja que les cubría boca y nariz y que se acababan quitando porque les impedía respirar.
  3. Que la práctica totalidad de los que estuvieron en este tipo de trabajo murieron jóvenes como consecuencia de enfermedades pulmonares.

Al parecer, hubo bastantes que decidieron permanecer en la obra una vez concluida su etapa de presidiarios y hay un comentario general sobre un deterioro de las condiciones y del ambiente cuando, además de presos políticos, empezaron a llevar también presos comunes a la obra y se relata alguna fuga.

En lo demás, destaca la actitud de prima donna de los dos arquitectos, especialmente del segundo, y del escultor principal, Juan de Ávalos. El segundo arquitecto, Diego Méndez, menciona que la obra le fue entregada a Muguruza por consejo suyo a Franco y que, cuando Muguruza falleció, él se hizo cargo de las obras para encontrar que tenía que partir casi de cero y de Ávalos viene a decir que era prácticamente un muerto de hambre al que acogió en la obra por caridad. Sin embargo, aparte de estas guerritas, puede tener mayor interés el que los distintos personajes medían su importancia en relación de la cercanía a Franco y cómo en todo momento tratan de mostrar un grado de familiaridad y de confianza con el personaje que no parecen muy verosímiles.

Alguien mencionaba que el Valle de los Caídos era “la querida de Franco” quien, al parecer, visitaba las obras con frecuencia y, a menudo, de improviso y entraba en numerosos detalles sobre lo que le gustaba y lo que no le gustaba realizando ocasionalmente bocetos propios sobre cómo quería que fuera la cruz o las esculturas de la base o la basílica excavada en la roca. No era el único; parece que Millán Astray iba también con frecuencia por allí pero había una notable diferencia: Algunos compañeros de promoción de Franco habían aterrizado en la obra como prisioneros y Franco jamás se dignó dirigirles la palabra mientras que Millán Astray es descrito por estos mismos prisioneros como loco pero mucho más cálido y siempre cargado de tabaco y con un trato cercano a pesar de las diferencias de posición en ese momento.

En suma, interesante por el retrato que hace de una época y de unos personajes utilizando casi como excusa la construcción del Valle de los Caídos. Ahora que algunos pretenden poner de moda la “recuperación de la memoria histórica”, éste puede ser un lugar ideal para su mantenimiento, especialmente si se hace de verdad como tal recordatorio y no es un mero ajuste de cuentas -uno más- entre enemigos enfrentados hace ahora setenta años y que, para muchos, quedan muy lejanos por más que haya quien se empeñe en resucitarlos. Si se pretende a estas alturas airear los crímenes de un lado, no habrá fuerza capaz de impedir que se haga lo propio también con los del otro lado y, al final, acabaremos como el título del libro de Díaz Plaja dedicado a la guerra civil: Todos perdimos.

Julio 20, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

“El laberinto español” de Gerald Brenan

Se trata de un clásico sobre la historia de la pre-guerra civil española que es bastante difícil de conseguir aunque parece que todo llega.

Brenan no se escapa a un fallo común a la práctica totalidad de los historiadores que han tocado ese periodo negro de nuestra historia y es la mentira por omision, sea ésta consciente o deliberada.

En la mayoría de los casos, los hechos relatados responden a la realidad pero hay otros que se ocultan, de acuerdo con la tendencia política del autor, y eso produce una pintura distorsionada de la situación y, por supuesto, los análisis del autor se realizan sobre los datos presentados haciendo que tales análisis sufran la misma distorsión.

El punto de vista de Brenan queda claro en un simple párrafo:

Cuántos cayeron delante del piquete de ejecución es imposible saberlo, pero los relatos de testtigos, que acentúan la prolongada y sistemática naturaleza de la “purga”, junto con la evidencia de la historia, que demuestra que el terror blanco es peor que el rojo, nos conduce a suponer  que, por cada persona ejecutada en el territorio del gobierno, dos o tres fueron ejecutadas en la zona rebelde durante los seis primeros meses de la guerra.

La primera edición del libro es de 1943 y, tal vez por eso, Brenan estaba en ese momento poco informado sobre las andanzas de Stalin y mucho menos de otras posteriores como las de Pol Pot en Camboya pero, puesto que hay ediciones de fechas tan recientes como 2008 y 2009 y que no figuran como meras reimpresiones, tal vez una introducción hecha por un historiador con una perspectiva más reciente podría corregir este tipo de errores y deje claro detalles como, si al utilizar la palabra ejecutadas, quiere decir que hubo un juicio, con las nulas garantías en una y otra parte, o incluye también bajo ese capítulo los miles y miles de simples asesinatos sin tener siquiera la cobertura formal de un juicio.

Es difícil hacerse una idea completa de cómo fue esa época si no se recurre a distintas fuentes y, a ser posible, que tales fuentes sean contrapuestas en sus enfoques.

Frente a la opción de Brenan que considera el “terror rojo” mejor que el “terror blanco” puede colocarse a un Burnett Bolloten, quien acumuló tal cantidad de información que ha creado una institución en Estados Unidos para su custodia y que da una pintura muy diferente. Lo mismo puede decirse de Felix Schlayer quien, con toda probabilidad, estaría en total desacuerdo con Brenan como también lo estarian Hugh Thomas y Stanley Payne o, por muy distintos motivos, Ricardo de la Cierva, Vidal o Moa.

Brenan hace una pintura de trazo grueso y negro de la derecha española de la época y, al mismo tiempo, pinta de una forma bastante almibarada a la izquierda socialista reservando las críticas para los comunistas y para la evolución de los anarquistas que los llevó a tener entre sus filas a pistoleros profesionales.

Cuestiones como la liquidación del POUM por sus supuestos aliados son pasadas casi como una minucia, asunto en el que Eric Blair, más conocido por George Orwell, con toda seguridad tampoco estaría de acuerdo y tampoco otorga demasiada importancia a temas como las sacas de la cárcel de Madrid y la subsiguiente masacre de Paracuellos.

La visión de Brenan es, como la de la mayoría de los historiadores que han tratado esa época, descaradamente hemipléjica y, al igual que en los demás casos, lo es por motivos ideológicos que le llevan a falsear la realidad mediante la selección de los hechos.

Todo lo anterior no significa que el libro no tenga valor alguno. Antes al contrario, aún con las carencias señaladas, muestra pinturas bastante insólitas de personajes y situaciones:

Alfonso XIII, abuelo del actual rey, es presentado como un niñato inmaduro sin más meta que la de hacer notar su poder y de preservar su posición a costa de lo que fuera. El papel de la Iglesia y su evolución hasta resultar un bastión del poder establecido y cómo se produjo esa evolución es también otro tema del mayor interés así como las condiciones de vida en el campo en distintas regiones españolas, los abusos de los terratenientes, el falseamiento sistemático de las elecciones y cómo fue evolucionando todo este cóctel hasta desembocar en la guerra civil.

Esto es lo que se va a encontrar en el libro y que puede justificar su lectura. Sin embargo, cualquiera familiarizado con el tema y que haya usado otras fuentes “discutirá” a menudo con el libro, más por sus omisiones que por la existencia de falseamiento de hechos. Es cierto que  frases como la transcrita literalmente, si hubieran sido escritas hoy, invitarían a tener una perspectiva del autor como un rabioso sectario de izquierda, cosa que tampoco parece Brenan aunque su punto de vista sea muy claro y diste mucho de la imparcialidad.

Julio 8, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

“Anatomía de un instante” de Javier Cercas

Análisis muy interesante sobre quién, cómo y por qué fraguó el golpe fallido del 23F. De lectura obligada para todo interesado en la historia española reciente.

Toma como centro a la figura de Suárez pero trata a fondo las relaciones previas, durante y después del golpe de todos los que, de una forma u otra, estuvieron implicados en el mismo y, aunque descarta la tantas veces traída idea de que fuera el Rey quien lo organizase, una conducta de éste abiertamente crítica hacia Suárez pudo dar lugar a malentendidos de forma que, hasta el último momento, los golpistas estuvieran convencidos de que tenían realmente su apoyo.

El libro da la sensación de haber sido escrito con prisa y recuerda, por su constante recurso a la repetición, a la escritura homérica donde el mil veces aludido  “Héctor, el del tremolante penacho” puede ser el “falangistilla de provincias” y “Aquiles, el de los pies ligeros” puede ser “las balas zumbando a su alrededor”. Ambas expresiones, y algunas más, se repiten con tal frecuencia que obligan a preguntarse si el corrector de estilo estaba  de vacaciones.

A este lector, sin embargo, la profusión de datos le produce una duda: Cuando el autor menciona a Hernández Mancha, comete un error y es que, en una interpelación a Suárez, Hernández Mancha atribuyó un ripio propio transformado de un verso original a Lope de Vega a pesar de que el original era de Santa Teresa. Esta equivocación dio lugar a que Suárez le diese un revolcón memorable a Hernández Mancha que representó casi el final de su fugaz carrera política. El autor, Cercas, comete también un error sobre cómo fue este episodio a pesar de que, incluso, está documentado ya que era un debate transmitido por televisión. ¿Cuántas entrevistas y cuántos hechos mencionados en el libro, cuyo contraste no sea tan fácil como éste, estarán también equivocados? Ésa es mi duda particular.

Otro elemento que no es ya de duda sino de una interpretación difícilmente aceptable para muchos es la comparación de la situación política española previa al golpe con la situación de la II República y, en paralelo, del golpe del 23F con el inicio de la guerra civil por parte de Franco. Que yo sepa, en 1981 y en los años anteriores no se entregaron armas a la gente y, por tanto, el número de asesinatos y la situación de descontrol que se produjo en la II República -y que anuló toda legitimidad que ésta pudiera tener en contra de lo que ahora tratan de hacer creer algunos- no se había producido en España tras la muerte de Franco.

Que yo sepa, el detonante del inicio de la guerra fue el asesinato del líder de la oposición de derechas a manos de la escolta de un ministro socialista. Creo que en las fechas previas a 1981 Martín Villa no envió a su escolta para que asesinase a Felipe González (por poner paralelismos entre los hechos) y, en suma, la situación española de esa época podía representar un desastre político y económico con notables paralelismos con el actual pero, de ninguna forma, con el que se produjo en las fechas previas a la guerra civil. Hay abundante documentación al respecto pero puede ser suficiente leer las “Matanzas en el Madrid republicano” de Felix Schlayer para hacerse una idea del grado de descomposición de una situación que el autor trata de equiparar con la existente en 1981. De ninguna manera.

Otro aspecto no menor de revisionismo histórico es el guante blanco con que el autor trata a la figura de Santiago Carrillo en cuanto a su relación con los crímenes de Paracuellos se refiere. La desclasificacion de documentos de la época por parte de la ex-Unión Soviética deja poco lugar a dudas sobre el papel de Carrillo que, en contra de cómo lo presenta el autor, no era ya en absoluto un político bisoño en aquella época y fue la principal pieza de los comunistas para eliminar de la escena a Largo Caballero cuando comenzó a hacerse molesto. Es muy difícil alegar ignorancia y asumir responsabilidad sólo en la medida en que algunos subordinados habían cometido una masacre sin su conocimiento, es decir, asumir responsabilidad por la incompetencia como gestor y no por los asesinatos. Por otra parte, algunos subordinados claves como Melchor Rodriguez manifestaron con absoluta claridad su desacuerdo con las actuaciones y fueron retirados de sus puestos precisamente por eso.

En suma, interesante el tratamiento de un episodio vital de nuestra historia reciente, necesita mejorar en el aspecto literario y rechazable en el intento de revisionismo de una historia afortunadamente ya más lejana.

Junio 24, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario