Factor Humano

Recursos Humanos, Gestión de conocimiento, Seguridad aérea y temas culturales, sociales y políticos

“La elegancia del erizo” de Muriel Barbery

Delicioso y francés como una merienda con beaujolais y mantel de cuadros.

Normalmente, cuando a los franceses les entra la vena introspectiva, no suelen hacerlo en el vacío -estilo alemán- sino que siempre el sujeto es muy consciente de su entorno social y todo está referido a tal entorno. En este caso, el personaje central -la portera intelectual que trata por todos los medios de no ser descubierta como tal intelectual- es poco creíble pero no por ello menos interesante. Puede recordar bastante al “salvaje” de Un mundo feliz de Huxley para el cual, al parecer, había sido bastante la lectura de Shakespeare para llegar a un cuestionamiento completo del modelo social y para alcanzar unos niveles de reflexión propios, como es natural, del propio Huxley y no de alguien que simplemente ha leido a Shakespeare. En este caso estamos en lo mismo: La pasión por los clásicos rusos, en especial por Ana Karenina de Tolstoi, resultan una justificación insuficiente del refinamiento intelectual que le sale a la protagonista por todos los poros.

El descubridor es un vecino nuevo japonés, con la ayuda de una adolescente que también tenía su propio secreto y escondía su condición de superdotada. Una vez descubierto el secreto, la novela entra por otros derroteros y es difícil encontrar un final adecuado. Creo, sin embargo, que la autora lo encuentra aunque, por supuesto, no lo voy a contar aquí.

Con la excusa de tan curioso personaje central, la autora dibuja un panorama del comportamiento de los nuevos ricos franceses y de sus estereotipos tanto sociales como políticos

Julio 29, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores | | 1 comentario

Air France 447 ¿Tan difícil fue encontrar las “cajas negras”?

Lo último que nos dijeron es que el avión no se deshizo en el aire sino que cayó entero y sobre la panza al agua.

Si el avión se hubiera deshecho en el aire, probablemente el radio en que habrían salido despedido los restos habría hecho imposible localizar las “cajas negras”, especialmente si el terreno bajo el agua es montañoso pero ¿no cambia el panorama si el avión cae entero? Entiéndase que ésta no es una pregunta retórica sino la mera expresión de perplejidad ante un hecho que, tal vez, pueda explicarse perfectamente aunque no se me alcanza.

Si el avión cae entero, en el punto donde impactó cabe pensar que los elementos más pesados, entre los cuales se encuentran los FDR o “cajas negras”, van a descender hacia el fondo en vertical. Cuando comenzaron a aparecer restos ¿no se puede determinar con bastante precisión donde se produjo el impacto conociendo la dirección e intensidad de las corrientes esos días?  Más aún, algunos elementos muy pesados pueden tener piezas móviles metálicas que incluso hoy se sigan moviendo simplemente debido al movimiento del agua. ¿No son posibles de detectar los sonidos de piezas metálicas que puedan chocar entre sí con un sonar?

El punto donde cayó el avión tiene que ser, en este momento, una inmensa chatarrería subacuática y dentro de esa chatarrería se encuentran los FDRs. ¿Es indetectable una chatarrería de ese calibre? Probablemente tengamos que dar por definitivamente perdidos los FDRs ya que, si transcurre mucho tiempo, no sólo habrán dejado de emitir -cosa que ya tienen que haber hecho- sino que perderán estanqueidad y se convertirán en completamente inútiles pero insisto en el punto inicial: Si el avión impactó entero y se deshizo haciendo que las piezas más pesadas se hundieran inmediatamente en el lugar del impacto ¿no es posible detectar una chatarrería de ese calibre?

Julio 29, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Seguridad aérea | | Aún no hay comentarios

“La vida y la muerte me están desgastando” de Mo Yan

La literatura china es una gran desconocida, al menos fuera del terreno de los especialistas. Hace bastantes años, la vida en China pasó al terreno de la novela a través de las obras de Pearl S. Buck, lo que no puede propiamente considerarse literatura china, sobre todo, porque ha hecho del contraste Oriente-Occidente el principal eje de sus novelas. Alcanzó también bastante notoriedad Ami Tan pero, con todo, sigue siendo un terreno casi inexplorado.

En pleno verano, en que siempre se suele contar con algo más de tiempo para leer, la lectura de La vida y la muerte me están desgastando puede ser una buena opción y, con seguridad, es una garantía de leer algo diferente. La historia comienza en los inicios de la revolución china: Un terrateniente, Ximen Nao, es ejecutado y regresa reencarnado sucesivamente en burro, en buey, en cerdo, en perro y en mono antes de regresar de nuevo como persona.

Lo interesante está en que, en todos los casos, regresa a su aldea y conservando perfecta memoria de sus etapas anteriores cruzándose, por tanto, con personajes familiares con los que había una serie de afectos previos y reaccionando conforme a éstos con las limitaciones impuestas por su condición del momento. Otro aspecto aún más interesante es que, con la excusa del reencarnado Ximen Nao, el autor nos va mostrando un panorama de la China rural desde los inicios de la revolución hasta después de la muerte de Mao.

En el aspecto narrativo, sea por el estilo del autor o sea porque ése es el estilo chino habitual, se hace a veces prolijo recordando bastante a los clásicos rusos. La originalidad y el interés de los temas salvan al libro de un ritmo bastante lento y, aún así, es difícil evitar que ocasionalmente algunas páginas sean leídas en diagonal porque son 757 páginas de libro en la edición de Kailas y se acaba notando.

Por último, aparte de la recomendación positiva especialmente para todos los interesados en la sociedad china, el libro tiene un problema que, en realidad, no es del libro sino de los lectores no familiarizados con los nombres chinos: Hay tal cantidad de nombres poco familiares que llega un momento en que es fácil perderse y no saber de quién se está hablando y, para hacerlo más complicado, a algunos personajes los puede denominar de distintas formas, en unos casos utilizando o no el nombre completo y en otros utilizando apellidos distintos debido a que era hijo de una persona y  adoptada por otra y las conveniencias del momento político podían llevar a adoptar uno u otro nombre. Los editores son conscientes de esta dificultad y han incluido al inicio del libro un glosario que, en más de una ocasión, puede ser conveniente consultar.

Julio 24, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores | | 1 comentario

¿Qué ocurre en Honduras? ¿Me he perdido algo?

Los golpes de Estado siempre son rechazables pero, al igual que ser víctima de un asesinato no convierte al asesinado en santo, el sufrir un golpe de Estado no concede a nadie patente de demócrata.

Al escuchar las noticias encuentro siempre una omisión importante: El hecho de que el señor Zelaya iba a convocar un referendum para perpetuarse en el poder a pesar de que el Congreso hondureño le estaba negando la autorización para hacer tal cosa. Al actuar así, está claro que Zelaya seguía la senda marcada por su mentor Chávez y, tal vez por eso, quienes quieran mantener una buena relación con este último se abstienen de toda crítica a Zelaya.

Que Honduras tiene que recuperar una normalidad democrática parece evidente; que, a la vista de la conducta previa al golpe, normalidad democrática y Zelaya sean compatibles es harina de otro costal y que, por tanto, la recuperación de la situación democrática signifique el simple abandono del poder en manos de Zelaya es algo que parecería muy discutible pero que, por el motivo que sea, nadie quiere discutir.

Definitivamente, o se me está escapando algo o hay un punto al que televisiones y periódicos no quieren mirar.

Julio 22, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | 1 comentario

“La verdadera historia del Valle de los Caídos” de Daniel Sueiro

Para quien no conozca al autor, éste es un escritor poco común al que le ha gustado adentrarse en los terrenos más escabrosos dando todo lujo de detalles aunque dejando clara su posición. Hace ya bastantes años, lo descubrí con un ensayo titulado “La pena de muerte” donde daba una gran cantidad de información sobre ejecuciones en distintas modalidades y su propia posición quedaba resumida en una sola frase: Si es lícito matar, todo es lícito.

Hace muy poco, se me ocurrió entrar en una librería de viejo y la verdad es que el título no me habría llamado la atención pero el autor sí. Es del tipo de autores de los que siempre cabe esperar alguno nuevo y en esta ocasión no me ha decepcionado aunque el formato del libro me ha recordado a dos libros muy antiguos de Fernando Díaz Plaja llamados Otra historia de España y La España franquista por sus documentos. Recomiendo la lectura de ambos, no sólo por la selección documental sino por lo divertidos que pueden resultar algunos de sus episodios. Daré un ejemplo antes de entrar en el libro de Daniel Sueiro: Una carta del padre del Rey fue interceptada y cayó en manos de Franco a quien no le gustó su contenido. Como no quería privarse de contestar a un contenido que, supuestamente, no conocía inventó la excusa de que unos agentes extranjeros habían capturado la carta y ésta había llegado a su poder. La primera frase de la respuesta de Juan de Borbón a Franco es Honda preocupación me ha causado el hecho de que unos agentes extranjeros hayan podido interceptar una carta que iba de Irún a San Sebastián. Sin comentarios.

El libro de Daniel Sueiro está realizado mediante el sencillo recurso de transcribir -no literalmente- una serie de entrevistas con protagonistas de la construcción del Valle de los Caídos. Merece la pena ver las referencias a Pedro Muguruza, a Diego Méndez, a Juan de Ávalos y a algunos de los que estuvieron trabajando allí como prisioneros y que cuentan cómo llegaron allí, cómo era la vida en la construcción y cómo y cuándo salieron de allí.

Algunos historiadores neofranquistas han tratado de mostrar que, en realidad, se trataba de un monumento a la concordia y que están enterrados allí españoles de ambos bandos. Sin embargo, Sueiro desvela que, aunque eso es cierto, hubo unos criterios de selección muy rigurosos para los del bando republicano y menciona expresamente el caso del general de la Guardia Civil Antonio Escobar, sobre cuya vida se hizo una película hace ya varios años y del que fue ignorado el deseo de sus familiares de que fuera enterrado allí. Lo mismo ocurrió con Calvo Sotelo, cuyo asesinato fue el detonante de la Guerra Civil pero, al fin y al cabo, era un político de la República. En otras palabras, se hizo una cuidadosa depuración para determinar a quién se admitía y a quién no. No hablemos ya de qué se hizo con personajes como Julián Besteiro para quien el fiscal pidió la pena de muerte a pesar de reconocer que no estuvo implicado en ningún delito de sangre y que moriría en la cárcel pocos años después de la guerra o de Miguel Hernández y tantos otros.

Se ha hablado mucho de la cantidad de muertos que dejó la obra y siempre se ha dejado caer que esto era debido a las condiciones de campo de concentración que existían en la misma. Daniel Sueiro entra también en este tema y aclara varias cosas:

  1. Que muchos presos de las cárceles preferían ir allí a permanecer en la cárcel.
  2. Que los que hacían trabajos de excavación en la roca recibían una paga superior y eran muchos los que realizaban ese trabajo aún sabiendo el riesgo asumido no sólo por derrumbamientos sino por enfermedades pulmonares derivadas del polvo de la roca teniendo como toda protección una especie de esponja que les cubría boca y nariz y que se acababan quitando porque les impedía respirar.
  3. Que la práctica totalidad de los que estuvieron en este tipo de trabajo murieron jóvenes como consecuencia de enfermedades pulmonares.

Al parecer, hubo bastantes que decidieron permanecer en la obra una vez concluida su etapa de presidiarios y hay un comentario general sobre un deterioro de las condiciones y del ambiente cuando, además de presos políticos, empezaron a llevar también presos comunes a la obra y se relata alguna fuga.

En lo demás, destaca la actitud de prima donna de los dos arquitectos, especialmente del segundo, y del escultor principal, Juan de Ávalos. El segundo arquitecto, Diego Méndez, menciona que la obra le fue entregada a Muguruza por consejo suyo a Franco y que, cuando Muguruza falleció, él se hizo cargo de las obras para encontrar que tenía que partir casi de cero y de Ávalos viene a decir que era prácticamente un muerto de hambre al que acogió en la obra por caridad. Sin embargo, aparte de estas guerritas, puede tener mayor interés el que los distintos personajes medían su importancia en relación de la cercanía a Franco y cómo en todo momento tratan de mostrar un grado de familiaridad y de confianza con el personaje que no parecen muy verosímiles.

Alguien mencionaba que el Valle de los Caídos era “la querida de Franco” quien, al parecer, visitaba las obras con frecuencia y, a menudo, de improviso y entraba en numerosos detalles sobre lo que le gustaba y lo que no le gustaba realizando ocasionalmente bocetos propios sobre cómo quería que fuera la cruz o las esculturas de la base o la basílica excavada en la roca. No era el único; parece que Millán Astray iba también con frecuencia por allí pero había una notable diferencia: Algunos compañeros de promoción de Franco habían aterrizado en la obra como prisioneros y Franco jamás se dignó dirigirles la palabra mientras que Millán Astray es descrito por estos mismos prisioneros como loco pero mucho más cálido y siempre cargado de tabaco y con un trato cercano a pesar de las diferencias de posición en ese momento.

En suma, interesante por el retrato que hace de una época y de unos personajes utilizando casi como excusa la construcción del Valle de los Caídos. Ahora que algunos pretenden poner de moda la “recuperación de la memoria histórica”, éste puede ser un lugar ideal para su mantenimiento, especialmente si se hace de verdad como tal recordatorio y no es un mero ajuste de cuentas -uno más- entre enemigos enfrentados hace ahora setenta años y que, para muchos, quedan muy lejanos por más que haya quien se empeñe en resucitarlos. Si se pretende a estas alturas airear los crímenes de un lado, no habrá fuerza capaz de impedir que se haga lo propio también con los del otro lado y, al final, acabaremos como el título del libro de Díaz Plaja dedicado a la guerra civil: Todos perdimos.

Julio 20, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

Investigación de accidentes aéreos: Mitos y realidades detrás del AF-447 y otros.

Las tendencias actuales en aviación comercial parecen decir que se ha avanzado tanto en capacidad investigadora que ya es necesario recurrir a eventos de baja intensidad, es decir, a incidentes menores porque es ahí donde se encuentra el potencial de mejora.

Los hechos, sin embargo, parecen desmentir este mensaje tan optimista:

  • Tenemos muy reciente el accidente del Air France 447 donde la imposibilidad de encontrar las llamadas cajas negras hace que nunca vayamos a saber con completa certeza qué es lo que ocurrió y, por tanto, aparece un fleco que parecía resuelto en el apartado de trazabilidad, vital para el conocimiento real de los hechos previos al accidente.
  • Además, estas últimas semanas parece que alguien ha adelantado el reloj. En 1997, Boeing pronosticó que, si se mantenían los niveles de siniestralidad de ese momento, con los aumentos de tráfico previstos entonces en el año 2015 era esperable un accidente grave en algún lugar del mundo cada semana. No estamos todavía en 2015 pero parece que sí estamos en el accidente grave semanal, al menos en estas últimas semanas.

Está muy bien el intento de aprender de eventos de baja intensidad, tarea nunca fácil porque puede fallar por el lado de la motivación hacia el reporte de aquéllos que prefieren no comunicar eventos menores pero tendríamos también que preguntarnos si las investigaciones de accidentes llegan hasta el punto que deberían llegar o no.

Hay pocas piezas reconocidas como obras maestras de la investigación, tan pocas que sobran varios dedos de una mano, es decir…dos:

http://en.wikipedia.org/wiki/Air_Ontario_Flight_1363

http://en.wikipedia.org/wiki/Air_New_Zealand_Flight_901

Ambos casos tienen un punto en común y es el hecho de que los investigadores no se conformaron con lo que parecía más evidente y se atrevieron a tocar algunas vacas sagradas, haciendo que el impacto de su investigación fuera mucho mayor de lo inicialmente previsto.

No es, por desgracia, la actuación más habitual. Son muchos los procesos de investigación en que hay auténtica maestría en la reconstrucción de los eventos previos al accidente y casos como el reciente Air France 447 representan, afortunadamente, una excepción pero el problema real no está en la reconstrucción de los hechos sino en el grado de aceptación del entorno.

Los procesos de investigación parecen haber tomado prestado del ámbito del Derecho el concepto de jerarquía normativa y poner en duda normas aceptadas por autoridades nacionales o internacionales no es visto como un componente de la independencia de criterio sino, simplemente, como una manifestación de indisciplina.

Las investigaciones avanzan sin más problemas que los estrictamente técnicos mientras se muevan en el terreno de qué fue lo que pasó. Cuando se encuentra que hay un fallo claramente atribuible a la operación o al mantenimiento, tampoco existen grandes problemas y todo el mundo tiene la sensación de estar haciendo un buen trabajo de clarificación y, con ello, de contribuir a evitar que algo parecido vuelva a ocurrir.

Sin embargo, cuando se intenta ir más allá de la causa eficiente y se buscan causas raices, es fácil encontrar que esas posibles causas raíces cuenten con un sello que dice que tienen la bendición de la autoridad competente para poner tal sello. Entonces es cuando surgen los problemas.

El investigador se encuentra ante una decisión poco agradable, salvo que la haya tomado de antemano y haya escogido la opción más cómoda:

  • Puede optarse por entender que las normas definidas por autoridades superiores definen el terreno de juego y, por tanto, limitar su trabajo a la causa eficiente de máximo nivel que vaya a ser capaz de encontrar dentro de ese terreno definido a priori.
  • Puede también optarse por no respetar la delimitación del terreno de juego en los términos en que ésta se realiza y, al hacerlo así, asumir no sólo las dificultades del proceso investigador sino las posibles consecuencias negativas para su propia actividad profesional.

Es cierto que los modelos sistémicos dan cierto vértigo y que, como ya avisaba Yela hace mucho tiempo, todo tiene que ver con todo pero no del todo. La investigación de accidentes, como casi cualquier otra cosa, tiene que pararse en algún momento y no puede dedicarse a buscar relaciones cada vez más abstractas y más peregrinas llegando a la ceremonia de la confusión absoluta. Sin embargo, eso no puede servir para justificar la posición contraria y sumamente cómoda, es decir, aceptar la delimitación del terreno de la investigación a priori y no entrar en los asuntos que hayan sido aceptados por una autoridad que se supone superior -digo que “se supone” porque, en teoría, los procesos de investigación son independientes- y que puedan causar más impacto del esperado.

Un ejemplo: Hace tiempo, después de asistir a un entrenamiento de tripulaciones en simulador, tuve el dudoso honor de estrellar el avión. Tras unas maniobras poco problemáticas con el simulador, intenté hacer algo más violento y, en plena trepada, con la velocidad cercana a la pérdida le di una patada a uno de los pedales provocando con ello una configuración de barrena. El avión, en lugar de entrar en una barrena normal, entró en una barrena plana (con el morro alto) de la que no hubo forma humana de sacarlo simplemente porque no existe tal modo.

Después de que el instructor me dijese que ésta era la reacción normal y que obedecía al hecho de que el centro de gravedad del avión iba muy atrasado pero que esto no podía ocurrir debido a las protecciones que suministraban los sistemas del avión, tuve ocasión de hablar con otro piloto del mismo avión y me comentó que, ante las seguridades de un instructor en el sentido de que los sistemas del avión jamás permitirían que se produjese una situación como la que había provocado en el simulador y los niveles de protección, etc, etc…él le hizo un supuesto al instructor de la siguiente forma: “Supongamos que una turbulencia extrema me coloca el avión boca abajo. Esos sistemas que protegen al avión e impiden que salga de su posición normal ¿me van a permitir volver a colocarlo en esa posición normal o me lo van a impedir?” Al parecer, la respuesta fue una grosería sin relación alguna con la pregunta.

Las últimas noticas del caso AF-447 decían que el avión había llegado al agua entero, cayendo en vertical y sobre la panza. ¿Podría haberse dado un supuesto similar al que indicaba el piloto y que hubiera colocado al avión, como me ocurrió en el simulador, en una posición de barrena plana irrecuperable? La caída en vertical y sobre la panza sugiere precisamente eso pero no hay suficiente información, al menos pública, para poder aceptar o descartar dicha posibilidad.

Supongamos, a título de hipótesis, que fuera así. En tal caso, estaríamos hablando de muchos modelos de aviones que compartirían un elemento de diseño, estructura inestable cuya estabilidad queda garantizada por los sistemas a bordo del avión, que el accidente habría mostrado que era peligroso y, por ello, que era más razonable volver a estructuras estables y que, en caso de pérdida o barrena, cayeran por el morro en lugar de caer apuntando al cielo. ¿Tendrían que ponerles planchas de plomo en la parte delantera a todos los aviones con estructuras no estables que hoy transportan pasajeros disminuyendo su carga útil y alterando su comportamiento?

Todo lo anterior es una mera hipótesis que utiliza el caso AF-447 como una mera excusa para ilustrar un punto: Las investigaciones se tropiezan con un auténtico muro cuando tocan lo intocable, es decir, aquello que había sido previamente aceptado por quien tiene el poder para hacerlo y, si el investigador confunde la disciplina con la sumisión, se quedará en muchos casos a medio camino y no llegará en sus conclusiones más allá del punto en que sus mayores se empiezan a remover en la silla.

Julio 15, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Seguridad aérea | | 1 comentario

“El laberinto español” de Gerald Brenan

Se trata de un clásico sobre la historia de la pre-guerra civil española que es bastante difícil de conseguir aunque parece que todo llega.

Brenan no se escapa a un fallo común a la práctica totalidad de los historiadores que han tocado ese periodo negro de nuestra historia y es la mentira por omision, sea ésta consciente o deliberada.

En la mayoría de los casos, los hechos relatados responden a la realidad pero hay otros que se ocultan, de acuerdo con la tendencia política del autor, y eso produce una pintura distorsionada de la situación y, por supuesto, los análisis del autor se realizan sobre los datos presentados haciendo que tales análisis sufran la misma distorsión.

El punto de vista de Brenan queda claro en un simple párrafo:

Cuántos cayeron delante del piquete de ejecución es imposible saberlo, pero los relatos de testtigos, que acentúan la prolongada y sistemática naturaleza de la “purga”, junto con la evidencia de la historia, que demuestra que el terror blanco es peor que el rojo, nos conduce a suponer  que, por cada persona ejecutada en el territorio del gobierno, dos o tres fueron ejecutadas en la zona rebelde durante los seis primeros meses de la guerra.

La primera edición del libro es de 1943 y, tal vez por eso, Brenan estaba en ese momento poco informado sobre las andanzas de Stalin y mucho menos de otras posteriores como las de Pol Pot en Camboya pero, puesto que hay ediciones de fechas tan recientes como 2008 y 2009 y que no figuran como meras reimpresiones, tal vez una introducción hecha por un historiador con una perspectiva más reciente podría corregir este tipo de errores y deje claro detalles como, si al utilizar la palabra ejecutadas, quiere decir que hubo un juicio, con las nulas garantías en una y otra parte, o incluye también bajo ese capítulo los miles y miles de simples asesinatos sin tener siquiera la cobertura formal de un juicio.

Es difícil hacerse una idea completa de cómo fue esa época si no se recurre a distintas fuentes y, a ser posible, que tales fuentes sean contrapuestas en sus enfoques.

Frente a la opción de Brenan que considera el “terror rojo” mejor que el “terror blanco” puede colocarse a un Burnett Bolloten, quien acumuló tal cantidad de información que ha creado una institución en Estados Unidos para su custodia y que da una pintura muy diferente. Lo mismo puede decirse de Felix Schlayer quien, con toda probabilidad, estaría en total desacuerdo con Brenan como también lo estarian Hugh Thomas y Stanley Payne o, por muy distintos motivos, Ricardo de la Cierva, Vidal o Moa.

Brenan hace una pintura de trazo grueso y negro de la derecha española de la época y, al mismo tiempo, pinta de una forma bastante almibarada a la izquierda socialista reservando las críticas para los comunistas y para la evolución de los anarquistas que los llevó a tener entre sus filas a pistoleros profesionales.

Cuestiones como la liquidación del POUM por sus supuestos aliados son pasadas casi como una minucia, asunto en el que Eric Blair, más conocido por George Orwell, con toda seguridad tampoco estaría de acuerdo y tampoco otorga demasiada importancia a temas como las sacas de la cárcel de Madrid y la subsiguiente masacre de Paracuellos.

La visión de Brenan es, como la de la mayoría de los historiadores que han tratado esa época, descaradamente hemipléjica y, al igual que en los demás casos, lo es por motivos ideológicos que le llevan a falsear la realidad mediante la selección de los hechos.

Todo lo anterior no significa que el libro no tenga valor alguno. Antes al contrario, aún con las carencias señaladas, muestra pinturas bastante insólitas de personajes y situaciones:

Alfonso XIII, abuelo del actual rey, es presentado como un niñato inmaduro sin más meta que la de hacer notar su poder y de preservar su posición a costa de lo que fuera. El papel de la Iglesia y su evolución hasta resultar un bastión del poder establecido y cómo se produjo esa evolución es también otro tema del mayor interés así como las condiciones de vida en el campo en distintas regiones españolas, los abusos de los terratenientes, el falseamiento sistemático de las elecciones y cómo fue evolucionando todo este cóctel hasta desembocar en la guerra civil.

Esto es lo que se va a encontrar en el libro y que puede justificar su lectura. Sin embargo, cualquiera familiarizado con el tema y que haya usado otras fuentes “discutirá” a menudo con el libro, más por sus omisiones que por la existencia de falseamiento de hechos. Es cierto que  frases como la transcrita literalmente, si hubieran sido escritas hoy, invitarían a tener una perspectiva del autor como un rabioso sectario de izquierda, cosa que tampoco parece Brenan aunque su punto de vista sea muy claro y diste mucho de la imparcialidad.

Julio 8, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

¿Se puede ser hoy antinuclear y razonable al mismo tiempo?

Alguna pista debería darnos el hecho de que uno de los fundadores de Greenpeace y un ex-presidente socialista, el mismo que firmó la moratoria nuclear en España, critiquen abiertamente la decisión de Zapatero acerca del cierre de la central nuclear de Garoña.

El pasado domingo tuve oportunidad de ver un reportaje de TVE donde difícilmente podían colocarse más falsedades juntas incluyendo un supuesto superavit energético español que, al parecer, había olvidado que importamos energía de Francia y unos supuestos problemas de la central de Garoña en los que, al parecer, habían olvidado que los tales problemas procedían del diseño original y habían sido resueltos tan satisfactoriamente que la solución producida y patentada en España había sido vendida a otros países para centrales del mismo tipo.

Es cierto que hay quien dice que las nucleares de hoy son mucho más seguras que las de hace unos años. Me voy a permitir dudarlo; los hechos muestran que la energía nuclear ha sido siempre una tecnología segura y quien afirma esa supuesta evolución lo que está haciendo es, sobre todo, tratar de vestir de alguna forma su cambio de opinión del “Nucleares no, gracias” al “Nucleares ¿por qué no?”. Del mismo modo, ahora se amenaza con proyectos de ley sobre la energía nuclear en España con los que, simplemente, se trata de vestir el simple hecho de que la decisión de cierre en 2013 de una central cuya vida útil, a juicio del Consejo de Seguridad Nuclear, podía permanecer sin problemas hasta 2019, procede del capricho de un iluminado.

Que el coste energético es clave para la posibilidad de cualquier país para competir es algo tan elemental que no vale la pena argumentarlo; que hoy por hoy la energía nuclear es la forma más barata de producir energía e infinitamente más barata que los “molinillos” o los huertos solares que sólo se sostienen gracias a unas subvenciones masivas…o sea, a un aumento del déficit o a un aumento de la factura de la electricidad es también una evidencia. Que la energía nuclear no es de izquierdas ni de derechas como ha mostrado el hecho de que destacados dirigentes socialistas y ecologistas hayan cambiado su posición al respecto es otro hecho. Entonces ¿qué queda? Dos cosas: Seguridad y residuos.

En cuanto a la seguridad, después de estar bastante tiempo vinculado a la aviación, hay dos asuntos que echo de menos en la aviación y que la industria nuclear sí tiene:

  1. Me gustaría que, ante una situación que pudiera poner en riesgo la seguridad de un avión, éste se parase en el aire y pidiese tiempo muerto mientras se busca la solución al problema y que, durante todo ese tiempo, permaneciese la situación de congelación del avión.
  2. Me gustaría que, ante una situación de riesgo, la decisión no tuviera que ser tomada sin tener todos los datos y con una fuerte presión de tiempo sino que, al contrario, se le pudiera decir al piloto que no tomase ninguna iniciativa porque siempre iba a tener a mano a alguien que, ante cualquier situación no prevista, sabe más que él.

Chernobil, en su momento, se convirtió en una especie de icono del movimiento antinuclear y, al hacerlo, olvidaron varias cosas:

  • El diseño de Chernobil era intrínsecamente inestable, es decir, era un diseño en que la temperatura aumentaba la reactividad y viceversa. La práctica totalidad de las centrales occidentales son intrínsecamente estables teniendo un rango de temperaturas muy estrecho y fuera del cual, por arriba o por abajo, la reactividad disminuye hasta que el reactor se para.
  • Aún contando con ese diseño, el caso de Chernobil no se habría producido si, conscientemente, no hubieran ido eliminando una serie de mecanismos de seguridad de la planta.
  • Los reactores ex-soviéticos no contaban con el edificio de contención secundaria que, posiblemente, hubiera podido contener una explosión que no fue nuclear sino convencional derivada de la presión que se introdujo y que acabó haciendo saltar la tapa. Para entendernos, una olla a presión que estaba cocinando material nuclear y, al explotar, liberó ese material.

En el caso español, es fácil obtener un mapa de radiaciones del país y puede apreciarse que algunas zonas que no tienen centrales nucleares a su alrededor soportan una cantidad mucho mayor de radiación de origen natural -no por ello menos perjudicial- que el entorno más inmediato de algunas de las centrales.

En cuanto a los residuos, desde hace años hay programas destinados a disminuir de forma drástica la vida activa de los residuos mientras llega la tecnología nuclear del futuro, es decir, la tecnología de fusión en la que desaparecen todos y cada uno de los problemas reales o ficticios que han sido utilizados siempre en contra de la energía nuclear.

Las necesidades energéticas y la necesidad de obtener energía barata invitan a usar la energía nuclear. El historial es hoy suficientemente largo como para poder afirmar que la seguridad es adecuada y el asunto aún no resuelto que es el de los residuos está en vías de solución, por un lado, a través de su procesamiento y por otro lado a través de su mera desaparición una vez que aparezcan en producción las instalaciones de fusión.

A pesar de todo esto, el capricho de un personaje hace que una central nuclear se quiera cerrar con todos los efectos locales y generales, a corto y a largo plazo que eso va a generar. Ahora algunos quieren vestir ese capricho de adolescente de “estrategia de estadista”  aunque, para ello, tengan que andar produciendo leyes que no llevan a ningún sitio salvo a poner un marco a ese capricho.

Me gustaría concluir con una frase tomada del libro “Planeta azul, no verde” de Vaclav Havel que puede representar una adecuada respuesta a los que nos venden, como excusa para suprimir un tipo de energía necesaria y que no emite CO2, la alternativa de las energías renovables. Léase porque no tiene desperdicio:

Imaginen que levantan dos torres, una al lado de la otra, de una altura de 60 metros aproximadamente. En una de ellas colocan un ventilador, en la otra, la hélice de una turbina eólica. El ventilador será propulsado por energía eléctrica producida por una central eléctrica nuclear o de carbón. El viento del ventilador hará girar la hélice de la turbina eólica. Dado que el precio del suministro de la electricidad producida por la hélice eólica es tres veces más alto que el que hace girar el ventilador, un proyecto de estas características es económicamente sensato. Se sufragaría en once años y después empezaría a generar ganancias.

Julio 6, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | 1 comentario

Air France 447: Novedades inquietantes

Es posible que, a la vista de las últimas conclusiones, haya quien esté rogando que se acabe la batería de los registros de datos de vuelo para estar seguros de que nunca sabremos con certeza qué es lo que pasó.

Si es cierto que el avión cayó en vertical pero sobre la panza, eso tiene un nombre en aviación y es el de barrena plana.

La barrena plana es una situación de la que es imposible salir porque, a diferencia de la barrena normal en que el avión cae dando vueltas con el morro por delante, en la barrena plana el avión cae en una posición de morro alto y es eso lo que hace imposible la recuperación. Cuando el avión, en una pérdida o en una barrena, cae con el morro por delante, es posible recuperar velocidad en la posición normal de vuelo y, tras un susto si ha sido algo inesperado, recuperar la situación de vuelo normal. Si el avión cae con el morro arriba, lo hace como una hoja al caerse de un árbol y no es posible su recuperación.

Por diseño, normalmente los aviones están construidos de forma que su distribución de pesos coloque el centro de gravedad en un punto que, en caso de pérdida o barrena, el avión caiga por delante haciendo posible la recuperación. Hay, sin embargo, excepciones que pueden llevar a la mortal de necesidad barrena plana:

  • Distribución incorrecta de la carga haciendo que el centro de gravedad del avión quede muy atrás.
  • Diseño: En aviación militar, los cazas tienen el centro de gravedad muy atrasado porque eso facilita su maniobrabilidad. En aviación civil, esto no era frecuente hasta que se empezó a utilizar el sistema fly-by-wire y se comprobó que se podían obtener algunas ventajas en maniobrabilidad y consumo de un centro de gravedad más atrasado. El propio sistema fly-by-wire sería el que garantizaría por software que una estructura intrínsecamente inestable se comportase como si fuese estable.

Si se comprueba que realmente eso es lo que ha ocurrido con el avión de Air France, esto podría hacer cuestionar todo el modelo vigente en cuanto a diseño de aviones se refiere. No sería un cambio menor en el software sino volver a un punto del que tal vez jamás se debió salir: La exigencia de que los aviones sean estables por diseño estructural y no que esa estabilidad venga garantizada con unas limitaciones que habrían quedado en evidencia con este caso gracias al software del avión.

En aviación militar, la solución es válida porque, en primer lugar, maniobrabilidad significa seguridad ya que puede implicar la capacidad para eludir un impacto y, adicionalmente, los pilotos de cazas llevan asientos eyectores. En aviación civil, soluciones tan forzadas como ésta para conseguir ventajas en eficiencia operativa siempre han sido cuestionables y tal vez este caso invite a que se cuestionen de una vez por todas.

Julio 5, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Seguridad aérea | | 1 comentario

Michael Jackson y Howard Hugues: Cuando la libertad se convierte en ausencia de límites:

Debo reconocerlo: Siempre había tenido una idea de Michael Jackson como “rarito” pero enterarme de que pesaba 52 kilos, que no tenía pelo y llevaba peluca y que se metia de todo al cuerpo sobrepasa los limites.

No tengo la menor intención de criticar a Michael Jackson desde un punto de vista de la moral y las buenas costumbres al uso. Antes bien, es una prueba de que vivir es una tarea difícil para todos y, a veces, parece ser mas difícil precisamente para aquellos a los que parece haber sonreido la fortuna.

No hacía mucho que había vuelto a ver la película “Aviador” y, quizás por eso, he podido encontrar bastantes paralelismos entre la figura de Howard Hugues y la de Michael Jackson y el principal de ellos es el enorme daño que puede haber producido el dinero en estos dos personajes.

Cuando uno no es nadie, rarezas como prohibir que nadie lo mire ni, por supuesto, lo toque o pedir platos con doce guisantes perfectamente ordenados tiene como respuesta inmediata un “mira niño; vete a… (rellénese a gusto del consumidor)” y ese simple hecho ayuda a centrar la conducta.

Cuando eso mismo es considerado como un rasgo de originalidad propia del genio y es obedecido sin reservas, se invita al sujeto a una carrera en busca de un límite que nadie se atreve o quiere ponerle o, si se prefiere, una carrera hacia la locura y la desdicha.

El “ciudadano Kane” de Orson Welles tenia su “Rosebud” como ultimo refugio. Los dos personajes, Jackson y Hugues o viceversa, han tenido todo lo que el dinero podia comprar y, desgraciadamente, es mucho lo que puede comprar: Incluso la desdicha propia y ajena. Descansen en paz.

Julio 1, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Filosofía y religión, Temas sociales y políticos | | 1 comentario