Factor Humano

Recursos Humanos, Gestión de conocimiento, Seguridad aérea y temas culturales, sociales y políticos

“The Reader”

Una de las múltiples metáforas utilizadas en español para señalar algo como inútil consiste en decir que algo es “tan inútil como un Ferrari en Tenerife”.

Tenerife, para quien no la conozca, es una isla no excesivamente grande donde, a pesar de ello, se encuentra la montaña más alta de España con algo más de 3.700 metros sobre el nivel del mar. Este dato puede servir como indicación acerca de cómo son las carreteras en Tenerife, con la única excepción de la autopista que circunvala la isla, y de ahí el dicho relativo al Ferrari.

En The Reader tenemos también “un Ferrari en Tenerife”. El “Ferrari” se llama Kate Winslet y resulta demasiada actriz para tan poco guión. En honor a la verdad, la película entretiene pero, sobre todo al final, es cuando aparece la auténtica debilidad del guión. Kate Winslet borda un papel que, sin embargo, está incluido en un guión un tanto absurdo.

Hacia la mitad de la película, el personaje de Winslet nos aparece como alguien con un pasado nazi y, a pesar de ello, tiene un secreto mucho mayor que ese pasado. El secreto lo es hasta tal punto que es capaz de aceptar una condena muy superior a la que podría haber conseguido en el caso de revelar el terrible secreto de que…no sabía leer y, por tanto, la acusación de que era la autora de un documento condenatorio carecía de cualquier base, a pesar de lo cual ella confiesa la autoría en lugar de mostrar que era imposible.

La relación entre los dos protagonistas está bien tratada y la película tiene claros detalles de calidad pero, al mismo tiempo, tiene una base tan poco creíble que resulta estúpida: La base de que alguien acepte un montón de años de cárcel que no le corresponderían antes que confesar que no sabía leer, hecho que habría resultado su principal baza exculpatoria.

Marzo 17, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Cine y teatro | | Aún no hay comentarios

“El efecto Riverside” de Dr. Montgomery Lee P.D.F.

No recuerdo haberme reído tanto con un libro desde la aparición de “La conjura de los necios”.

El autor (mejor que ni intentemos saber a qué responden las siglas P.D.F.) hace una sátira feroz de las prácticas de la consultoría y puede ser interesante para aquéllos que no están familiarizados con ese mercado. Los que sí lo estén, tienen las risas garantizadas porque el disfraz de algunas compañías muy conocidas es tan tenue que se identifican perfectamente.

La trama de la novela tiene su interés. Una persona quiere mejorar la infraestructura informática de su empresa y busca expertos; el proyecto resulta un fiasco total debido a la asignación de personas sin ningún tipo de experiencia que quedan abandonadas a su suerte por la compañía pero señaladas como culpables del fracaso.

Cuando la víctima del engaño se dedica a buscar a antiguos amigos suyos desaparecidos, encuentra que todos ellos habían desaparecido tras situaciones similares que les habían arruinado y que son detalladas cuidadosamente mostrando una buena parte de las variantes de fracaso derivadas del modelo de funcionamiento de la consultoría.

En la parte final del libro, el autor se pone algo más serio y dedica un capítulo al funcionamiento de las distintas ramas de la consultoría.

La parodia es buena y, como buena parodia que es, es una caricatura de la realidad que, para serlo, tiene que parecerse y ser reconocible en la realidad. Claramente lo es pero ¿qué ocurre si hablamos de la alternativa?

Hace ya tiempo tuve ocasión de conocer y sufrir esa alternativa que merecería ser tan parodiada, como mínimo, como las prácticas de la consultoría:

Una conocida empresa editorial decide mejorar sus sistemas de información internos. Hay que empezar por decir que uno de sus objetivos era impedir que buena parte de la información se basase en relaciones personales de sus editores y, en lugar de esto, pretendían que un área editorial bastante díscola dejase de campar por sus respetos y que los planes de sistemas empezasen a funcionar como un “gran hermano” que les controlase y les extrajese esos conocimientos que les convertían en imprescindibles.

Cuando pidieron propuestas a las principales consultoras, los precios les parecieron exagerados -como en el libro- y decidieron que tenían una solución mejor. La solución era contratar al gerente que les había hecho la propuesta para que, desde dentro, se encargase de dirigir el proyecto contratando para ello a los recursos que necesitase.

A partir de ese momento, empezó a entrar más y más gente en el área informática y, por decreto, toda aplicación debía hacerse internamente -si no era así, no se podía justificar la ingente plantilla que llegaron a tener- provocando retrasos y pérdida de funcionalidad.

Programas disponibles en el mercado eran aplazados un par de años -que era el momento en que se suponía que tendrían tiempo- para ser desarrollados internamente porque las peculiaridades de la empresa al parecer así lo exigían y dejando a áreas enteras de la empresa esperando durante dos años más el tiempo de desarrollo suponiendo que funcionase éste.

Al cabo del tiempo, quien fue contratado para dirigir el invento saldría de una forma un tanto violenta de la empresa -encontrándose su despacho cerrado un día que llegaba a trabajar- y quien le contrató pasaría de una dirección general a dirigir un centro de atención telefónica. Otros que, viendo lo que se venía encima, decidimos no jugar tuvimos que abandonar antes.

La parodia está bien, es ingeniosa y pone el dedo en la llaga de algunas prácticas casi mafiosas de la consultoría.  A algunos nos habría gustado que, junto con esto, estuviera también la contraparte, es decir, lo que ocurre cuando alguien decide contratar recursos permanentes para proyectos temporales y cómo, al hacerlo, consigue que los proyectos se hagan también permanentes, es decir, que no se acaben nunca.

Marzo 16, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Organizaciones, Recursos Humanos | | Aún no hay comentarios

Crisis económica y oportunismo político

Estamos en una situación que nadie sabe cuánto va a durar y, lo que es casi peor, cuando se intenta explicar cómo y por qué ha aparecido la crisis, cada cual intenta arrimar el ascua a su sardina y decir que la receta suya es la buena.

Si comenzamos por el gobierno, la propia palabra “crisis” estuvo proscrita hasta bien pasadas las últimas elecciones generales, con ridículas acusaciones de “antipatriota” a aquéllos que pusieran la crisis encima de la mesa. Cuando ya la situación y el crecimiento del paro hicieron totalmente imposible negar la realidad, la crisis vino siempre acompañada de “internacional” para indicar que no era nuestra ni el gobierno era responsable de ella.

Por su parte, la oposición exhibe su curriculum de creación de empleo durante su etapa de gobierno frente a la destrucción de empleo actual, enfatiza los aspectos estrictamente nacionales y la atribuye en su casi totalidad a la mala gestión del gobierno.

La cosa no queda aquí sino que, para algunos, esta crisis es la prueba del fin del sistema capitalista y del modelo económico “neoliberal”.  Lo cierto es que todos mienten y lo hacen de forma, por supuesto, interesada.

Lo primero que habría que aclarar es que en España no hay una crisis sino dos. Hay una crisis financiera cuyo origen está en el exterior y hay una crisis económica que es totalmente propia y a eso obedece que el desempleo crezca mucho más en España que en otros sitios.

Los términos “financiero” y “económico” son, para gran parte del común de los mortales, sinónimos y, sin embargo, se refieren a cosas muy distintas. Para entenderlo fácilmente, hablamos de situación financiera cuando nos referimos al dinero disponible y hablamos de situación económica cuando nos referimos a la capacidad de producir y competir con otros.

Durante la época en que la actual oposición estaba en el gobierno, la entonces oposición y hoy gobierno hablaba de la “burbuja inmobiliaria” y tenían razón. No se puede asfaltar ni llenar de edificios un país entero y llega un momento en que ya no se necesitan más casas ni más puentes ni más autopistas ni más trasvases. Dicho de otro modo, se trataba de un modelo de crecimiento frágil que tenía que hacer crisis en algún momento y tuvieron la suerte de que la crisis profunda se produjo en un momento en que ya no estaban en el gobierno y, por tanto, se la podían atribuir a sus contrarios.

¿Qué ocurre con la entonces oposición y hoy gobierno? Nada más llegar al poder se olvidó de la “burbuja inmobiliaria” y continuó haciendo exactamente lo mismo con la única excepción del famoso Plan Hidrológico que, al margen de cualquier otra consideración, puede que fuera la única obra pendiente realmente necesaria y que no se hizo.

En conclusión, nos encontrábamos en una situación de dificultad para competir -somos caros, no somos punteros en tecnología ni en otros elementos que signifiquen alto valor añadido- y esa situación fue disfrazada echándole ladrillos encima, tanto con el gobierno anterior como con el actual. Ésa es la crisis económica que es exclusivamente nuestra y sobre la que ni se hizo ni se hace absolutamente nada salvo empeorar cada vez más el sistema educativo, que es una de las claves para ser competitivos en el medio y largo plazo.  Ésa es también la crisis que hoy se camufla debajo de la crisis financiera para eludir la responsabilidad propia dándole ese componente de “internacional” que sí tiene la crisis financiera pero no la económica.

La crisis financiera está siendo además utilizada con gran contento de aquéllos que, tras la desaparición de la Unión Soviética, se quedaron huérfanos de referencias y anticipan que esta crisis representa el fin del capitalismo y del liberalismo económico.

Es una mentira más. Un auténtico liberalismo económico se sustenta sobre una intensa actividad del regulador destinada a que nadie pueda vallar a su antojo el terreno de juego y a procurar que haya información clara y contrastable.

La surrealista pero certera explicación de la televisión inglesa http://www.youtube.com/watch?v=ze_MOIWS26g o las realizadas en España http://www.youtube.com/watch?v=UDcjqqYM8Ho dejan claro que no existió tal información y que, si algo faltó, fue transparencia.

Ciertamente, en el ámbito de la crisis financiera, hay mucho trabajo que hacer en lo relativo a los reguladores y hay que buscar una respuesta al “quién vigila al vigilante” pero en este momento nos quedan vivas dos preguntas:

  • Si el sistema actual ha muerto, dígase claramente cuál se pretende que sea la alternativa.
  • ¿Qué se va a hacer en España para ir solucionando la crisis económica, la que es propia y no importada, de forma que pueda existir una recuperación real?

Las acusaciones mutuas sirven de poco, sobre todo cuando cada uno trata de eludir su parte y echar la culpa a otros y, mientras permanecen las discusiones sobre si son galgos o son podencos, ahí seguimos con el paro creciendo, con la deuda creciendo y sin que se vea ninguna decisión de trascendencia para el medio o largo plazo.

Marzo 6, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios