Bombay: Alianza de civilizaciones ¿con quién?
A Zapatero hay que reconocerle su habilidad para el “slogan”. La insulsa “alianza de civilizaciones” sólo ha servido hasta el momento para su campaña de márketing personal y para gastarse una millonada en una obra de discutible mérito.
El caso de Bombay ha dejado, una vez más, en evidencia el absurdo. ¿Es necesaria una alianza entre civilizaciones o una alianza entre civilizados? Cuando alguien nos considera infieles y, desde ese momento, se cree autorizado por su particular dios para masacrarnos porque, de esa forma, gana un sitio en su paraíso ¿hay que buscar cómo comprenderle o hay que tomar posiciones mucho más contundentes?
La libertad es algo que ha costado siglos ganar y que, una vez ganada, no está garantizada sino que hay que pelearla cada día, dentro y fuera de las fronteras propias. El camino no pasa por iniciativas a medio camino entre el márketing y el puro y simple ridículo sino por la completa firmeza.
Por cierto, aquéllos para los que todo es relativo y piensan que hay que buscar siempre cómo comprender al otro -aunque el objetivo de ese otro sea machacarnos- siempre han tratado de justificar su postura aludiendo a injusticias históricas y han visto el terrorismo como una especie de Robin Hood que rompe la tranquilidad del rico en su favorecimiento del pobre. Quienes compartan esa idea, tal vez deberían explicar por qué el terrorismo no nace en los países más pobres de África sino que es animado y financiado en los países más ricos de Oriente Medio.
Servicios inservibles: RENFE
Cualquiera que utilice el tren con frecuencia y vaya a una estación de cierta importancia está, sin duda, acostumbrado a colas que, no sólo son kilométricas, sino que se mueven a una velocidad a la que los caracoles les sacan una clarísima ventaja. Eso, sin contar con la situación frecuente de que, después de soportar la cola, resulte que la ventanilla adecuada no era ésa sino que eso corresponde a “Atención al cliente” o “tienes que traer la tarjeta en la que se hizo el cargo” y con un añadido: Si han pasado más de 24 horas, en muchas transacciones pasó tu oportunidad. Ya no se puede.
No creo que sólo sea incompetencia. Es peor. Por ejemplo, poca gente se va a dedicar a solicitar la devolución del dinero establecido por un retraso del AVE si el billete se lo ha pagado la empresa y, siendo a ésta a quien le van a hacer la devolución, conseguirla puede suponerle aguantar más de una hora de cola. En muchos casos, no va a hacerlo o no va a poder hacerlo ni siquiera aunque el billete haya ido con cargo a su bolsillo. De esta forma, cumplir la promesa de puntualidad resulta barato aunque muchos podamos pensar que ese tipo de actuación es una auténtica estafa.
Tampoco parece que sea accidental el que las ventanillas de Renfe estén permanentemente colapsadas. Es una forma de invitar a la gente a que haga las transacciones por Internet y la cosa sería aceptable -al final, el tráfico en las ventanillas quedaría muy disminuido y se suprimirían los atascos- si se cumpliera una insignificante condición: Que las transacciones web de Renfe funcionen adecuadamente.
Como ya he comentado en otro post, dos tarjetas utilizadas exclusivamente para comprar billetes en Renfe nos han sido “cazadas” y, aunque no podamos probarlo, tenemos muy pocas dudas sobre dónde se produjo el hecho. Con una de ellas, American Express, no hubo problema (tal vez por eso ya no la aceptan en la web de Renfe) y con la otra, una Visa, hubo que pasar por denuncia de policía, etc. para recuperar el dinero al cabo de dos meses.
El tema de la seguridad es importante pero no es el único. Con cierta frecuencia ocurre que no aparecen todos los trenes disponibles, aunque haya plazas, y las posibilidades disponibles a través de la web no son las mismas que en ventanilla. Ejemplos:
-
Tarifas reducidas no disponibles en web pero que, si se va incluso al día siguiente a ventanilla, pueden conseguirse.
-
No hay posibilidad de elección de asiento. En los trenes suele haber unos asientos horrorosos que son los de final de vagón donde las plazas van enfrentadas y no hay forma de estirar las piernas. No se sabe por qué los cobran al mismo precio ni por qué en ventanilla es posible evitarlos pero no si se hace la transacción por Internet.
Si cabe, la cosa es ahora mejor porque tienen huelgas intermitentes con el lema “por un servicio público de calidad”. No sé por qué sospecho que todo lo anterior -la absoluta falta de calidad de servicio- no es el motivo de la huelga sino que es la forma de vestirlo para no hacerse antipáticos por tratar de mantener unos privilegios que no están al alcance de la mayoría de los trabajadores en este país.
Tal vez, conseguir un “servicio público de calidad” tendría que pasar por una renovación completa, empezando por la cabeza de la organización, y haciendo desaparecer una situación de monopolio que, público o privado, los hechos acaban demostrando que funcionan siempre igual.
Cuando el consumidor vote con su bolsillo, tal vez se consiga tener un servicio de calidad; lo de “público” es más difícil si, para conseguir la calidad, se requiere competencia entre varios…y ahí es donde les duele, no en el impresentable nivel de dejadez, desorganización e incompetencia que padecemos los que les pagamos, no poco por cierto.
El cielo y el infierno en Europa: La organización alemana
Dicen las malas lenguas que en el cielo los organizadores son alemanes, los policías son ingleses, los diseñadores son italianos y los cocineros son franceses.
Si nos vamos al otro lado, el infierno, los organizadores son italianos, los policías alemanes, los cocineros ingleses y los diseñadores franceses.
Como todos los estereotipos, es una generalización que va más allá de lo razonable aunque, como buena parte de las generalizaciones, también tiene parte de razón.
Hace ya tiempo, me encontré en un congreso en Italia donde, habiendo organizado una cena de gala, decidieron que la mejor forma de transportar a los congresistas era alquilando un autobús urbano -con su dispositivo para picar el bonobus y todo- y, además, decidieron ahorrar en autobuses poniendo pocos y la gente iba apiñada. Era divertido ver a gente vestida con sus mejores galas, trajes largos y demás, en un autobús urbano como en una hora punta. Por añadidura, la cena fue tan lenta que, cuando aún no habíamos empezado el postre, nos dijeron que si queríamos volver en autobús corriésemos porque el autobús se tenía que ir…organización acorde al infierno italiano.
En el momento de escribir estas líneas me encuentro en el cielo alemán, es decir, disfrutando de la capacidad organizadora alemana. Ayer empiezo un seminario en Colonia a las diez de la mañana y hoy, por aquello de enseñar un edificio en que es imposible moverse sin acompañantes, nos cambian de piso y de sala. Hasta ahí, vale. Lo malo es que la nueva sala no tenía absolutamente ninguno de los medios requeridos para el seminario aunque, eso sí, a cambio se podía ver el Rhin y la catedral desde las ventanas.
Después de avisar, llega una persona y creí ver la luz al final del túnel y, como a menudo ocurre, era un tren que venía de frente: Una persona se asoma a la sala y, con tono horrorizado, afirma There’s no coffee!! El hecho de que tampoco hubiera un ordenador ni un proyector ni una pizarra parece que se había volatilizado ante la magnificencia del otro evento que competía por su atención, la falta de café.
O los alemanes están perdiendo cualidades o me han tocado los que nunca las han tenido o, como decía Aristóteles al referirse a las formas de gobierno, la corrupción de lo mejor es lo peor porque ayer tuve otra muestra: Un ordenador que no se entiende con el proyector y, cuando alguien decide cambiar el ordenador, se enfrenta con una monumental bronca de la gente de Informática porque, si cometía tamaño desmán, iba a haber un desajuste en el control de inventario.
Empecé mal; el tren que me tenía que llevar del aeropuerto de Dusseldorf a Colonia , según la planificación alemana que señala en qué vía va a parar un tren con una enorme antelación, no iba a llegar por la vía prevista sino por otra distinta. Hasta ahí, vale. Lo malo es que llega con veintinco minutos de retraso sin que en ningún momento se avise que lleva retraso ni, por supuesto, cuánto y, por tanto, obliga a los sufridos viajeros a esperar la llegada del tren al aire libre, de noche, en mitad de una nevada más que copiosa y con un viento y un frío que congelaban las ideas.
Creía que para un viaje ya había tenido bastantes desdichas pero no; por eso actualizo este post. El tercer día de seminario, y día de regreso, nuevamente había habido una mano negra que había hecho desaparecer todos los medios necesarios para su uso en la clase y de nuevo hubo que remover toda la organización; por cierto, en esta ocasión no hubo nadie que se diera cuenta de que faltaba el café y ni siquiera el café llegó.
Antes de empezar la clase y sabiendo que tenía el tiempo muy ajustado, pasé por la estación que tenía justo enfrente para comprar el billete del tren que me tenía que llevar al aeropuerto. La máquina tenía todos los idiomas imaginables en el menú pero los billetes venían en perfecto alemán sin más opciones; la sorpresa vino cuando la revisora del tren me cuenta que eso que llevaba no eran los billetes sino sólo el cargo en la tarjeta de crédito. Ante mi afirmación de que eso fue todo lo que salió de la máquina, optó por creerme no sin señalar que normalmente no lo habría dado por bueno.
Aún hubo más. En el embarque -retrasado- del vuelo para Madrid, empezamos a bajar una escalera y me pareció que bajábamos demasiado. Así era…tanto bajamos que nos quedamos al pie del avión estacionado a escasos cinco metros del finger que, por la razón que fuera, decidieron no utilizar. A las siete y media de la tarde, ya noche en Dusseldorf, a finales de noviembre y acabando de pasar un temporal de nieve y frío, lo cierto es que la temperatura no es agradable y lo es menos todavía si nos tienen, como así fue, diez minutos esperando a la intemperie a pie de avión.
Todavía hubo un final aunque éste ya no es imputable a la organización alemana y es que, escasos segundos antes del aterrizaje, el avión se fue de nuevo al aire porque, según nos informaron después, el precedente tardó demasiado en abandonar la pista en Barajas y eso nos añadió unos quince minutos más de viaje.
En fin, que si lo sé no vengo.
“De la buena y la mala educación: Reflexiones sobre la crisis de la enseñanza” de Ricardo Moreno Castillo
El primer libro de Ricardo Moreno, “Panfleto antipedagógico” me recordó a una película: “Un día de furia” protagonizada por Michael Douglas y donde narraba las hazañas de alguien que había aguantado en silencio más de lo que podía.
Este segundo libro va en la misma línea, es decir, denuncia de las salvajadas cometidas en la enseñanza por los visionarios de la pedagogía y de sus efectos. Adicionalmente, además de aportar alguna información nueva como la justificación de los menos que mediocres resultados por parte de la enseñanza española en su comparación con otras, dedica cierto espacio a contestar a sus críticos con la agudeza que ya caracterizó su primer libro.
El libro vale la pena como es frecuente que ocurra con aquellos libros en los que sus autores no sólo denuncian que “el emperador está desnudo” sino que se esfuerzan en demostrarlo; sin embargo, a diferencia de lo que le decía Sancho a don Quijote, tal vez haya que decirle a Ricardo Moreno “que no son molinos, amigo Ricardo…que son gigantes”, gigantes de sectarismo y de negación de la realidad más evidente en nombre de unas teorías preconcebidas, pero gigantes al fin. No hay que olvidar que, como decía Revel, ”la primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira”.
Llama la atención, entre las diversas críticas respondidas por el autor, una en el sentido de que no se puede estar en contra de la pedagogía y le aportaría una reflexión más: ¿Te has dado cuenta, Ricardo, de que utilizan el mismo modelo que los nacionalistas? No se puede criticar a los nacionalistas porque es criticar a Cataluña, Galicia…o a quien sea; por idéntica lógica, no se puede criticar a los pedagogos porque es criticar a la enseñanza. Es un viejo truco muy usado por los políticos, el de tomar una parte -su parte- por el todo para intentar que todos se consideren agraviados por algo que va dirigido exclusivamente en contra de ellos.
Me encanta la última parte -la más radicalmente nueva con respecto al libro anterior- con las recomendaciones de leer y algunas indicaciones sobre qué cosas leer y sólo me voy a permitir discrepar en una cosa: La valoración de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” y la posición sobre la objeción de conciencia. Permíteme, Ricardo, que conteste a tus argumentos en segunda persona:
Entre las muchas magníficas lecturas que recomiendas, he echado una a faltar y creo que es importante: “La sociedad abierta y sus enemigos” de Karl Popper. No voy a repetir algunos argumentos que ya he dado en este blog http://factorhumano.wordpress.com/2007/09/25/educacion-para-la-ciudadania-visto/en contra de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” -algunos de ellos, simplemente citando textos literales del BOE- pero sí me gustaría justificar más mi posición de discrepancia con tus argumentos en un libro con el que, en todo lo demás, estoy de completo acuerdo:
No tengo nada en contra de que exista tal materia, llámese así o de cualquier otra forma, sino de los contenidos con que ésta sale a la luz. Si se trata de mostrar en el aula los valores constitucionales o si se trata de hablar de cuestiones básicas como la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, me parecería correcto que existiera tal materia.
Si se utilizase como texto de la asignatura el que he mencionado -”La sociedad abierta”- o cualquier otro que no trate de dar una visión cerrada de la sociedad (algunos textos de Bertrand Russell serían una excelente alternativa) estaré también completamente de acuerdo. Entre los argumentos de defensa de la materia, comentas que “sería objetable una asignatura donde adoctrinasen en marxismo y no lo es una asignatura de historia de la filosofía donde el marxismo es un tema más de estudio” y no puedo estar más de acuerdo contigo…y es precisamente por eso por lo que me opongo a la asignatura tal como está configurada.
Mis motivos para la oposición no tienen nada que ver con el clericalismo al que aludes como motor de tal oposición. Difícilmente podría ser así pero eso ya es otra historia. Creo que, al poner a los obispos como los promotores del ataque contra la asignatura, concedes a la Iglesia una importancia que en el terreno ideológico no tiene.
Supongo que sabes que éste es un punto común de tus argumentos con los de Fernando Savater sobre la misma materia. Me llama la atención de Savater que quien ha repetido más de una vez que “no se puede ser tolerante con la intolerancia” a veces se olvide de aplicar esa doctrina en algunos contextos.
Ése es el motivo real de la oposición. Tal como está configurada ahora, la materia no es una escuela de respeto y tolerancia sino todo lo contrario. Esta materia nace como el producto de una izquierda de salón o, si lo prefieres, de lo “políticamente correcto” que siempre se ha arrogado una superioridad moral y, desde esa pretendida superioridad, imparte lecciones y la configuración de “Educación para la ciudadanía” es una de esas lecciones.
Por cierto, en su defensa en el Congreso de la materia, Zapatero, gran abanderado de esa izquierda insustancial que sustituye los argumentos por imágenes, utilizó el mismo truco dialéctico de los nacionalistas al preguntar qué es lo que molesta de la materia, si es la “educación” o si es la “ciudadanía”. Habría que responder que ninguna de las dos cosas; que lo que molesta es la manipulación.
Como decía antes, los hechos no demuestran tal pretendida superioridad y un hecho que habla de cuáles son las pretensiones reales es lo que dice el BOE de la asignatura…no digamos ya lo que dicen algunos de sus libros de texto. Esta materia no es una mera defensa de valores democráticos y constitucionales sino que trata de imponer una visión única y, por ello, partidista.
Un ejemplo que encontrarás en el vínculo de más arriba: ¿Cómo puede alguien decir que uno de los temas de la materia es “conocer las causas de la pobreza en el mundo”? Inmediatamente habría que preguntar “¿Según quién?” porque los diagnósticos son radicalmente distintos…y eso sin salirnos del universo de posiciones políticas democráticas.
Cosa distinta sería que se dijera “debatir” o “analizar” y las palabras utilizadas aquí tienen su trascendencia, porque eso da lugar a distintos puntos de vista pero…¿conocer? Es un mero ejemplo pero encontrarás muchos más siguiendo ese vínculo.
Vuelvo a otra cita de Savater aunque no sea literal: Hay dos cosas muy distintas que, a menudo, se confunden. Una de ellas es el problema y su solución asociada y la otra es la pregunta y la respuesta. En el momento en que aparece la solución, el problema deja de existir. Por el contrario, la respuesta no hace desaparecer la pregunta.
Muchos de los temas tocados en “Educación para la ciudadanía”, por su propia naturaleza, responden al modelo de “preguntas” que no desaparecen con la “respuesta” y no al de “problemas” que desaparecen en el momento en que nos dan la “solución”. Esa confusión interesada se llama adoctrinamiento… y es adoctrinamiento precisamente porque trata de borrar la pregunta del mapa mental del alumno en lugar de invitarle a buscar respuestas.
Ésta es la discrepancia -ciertamente importante- dentro de un conjunto de acuerdo general. Naturalmente, los que se sientan atacados por tu libro te pondrán la etiqueta de nostálgico, etc. pero las cosas son mucho más complejas y diversas. No todo el que se opone a algo lo hace por los mismos motivos y desde idénticas posiciones aunque es verdad que cuando el agua -o las miasmas de lo políticamente correcto- llegan al cuello, es más fácil centrarse en lo que hay de común que en las discrepancias.
El fracaso del sistema educativo es suficientemente importante para centrarse más en lo que une que en lo que separa y, por ello, es un libro a leer por todo el que comparta esa preocupación aunque -siempre desde el punto de vista particular de cada uno- pueda encontrar partes en las que, como en “El alcalde de Zalamea” se pueda decir lo de “Que errar lo menos no importa si acertó en lo principal”.
“El engaño Google” de Gerard Reischl
Interesante. El libro es una crítica sobre Google pero, en realidad, va mucho más allá: Al hablar del fenómeno Google y describir cómo funcionan lo que podrían considerarse sus distintas ramas, nos está diciendo algo más: Tenemos una especie de “Gran Hermano” que se llama Internet. Hoy, Google puede ser su administrador y pasado mañana podría ser otro pero el Gran Hermano mismo continuaría existiendo.
Hace unos cuantos años, nadie podría pensar que IBM iba a ser descabalgada de su puesto como la potencia dominante en el mundo del procesamiento de datos, unos pocos años más tarde nadie podría pensar que lo mismo le iba a ocurrir a Microsoft y hoy parece que nadie puede pensar que eso mismo le pudiera ocurrir en un futuro a Google.
Cuestiones como los trucos utilizados por los anunciantes como incluir en sus páginas web letra y fondo del mismo color -no visibles, por tanto, para las personas pero sí para los buscadores- como forma de aumentar su presencia o trucos más o menos sucios destinados a engañar a los buscadores con el objetivo de difamar a alguien son interesantes, del mismo modo que lo es todo el entramado de servicios gratuitos y el hecho de que una potencia como Google pueda tener información -a través de las direcciones IP y, si se tiene cuenta de Gmail y se utiliza iGoogle más todavía- sobre cada uno de nosotros, qué buscamos en Internet, qué hacemos, cuáles son nuestros intereses y más aún…si utilizamos servicios de almacenamiento en Internet, tanto de tipo general como específico -por ejemplo, historiales de salud- todo esto está registrado y es una información que puede ser cruzada en cualquier momento para tener un perfil de alguien hasta el más mínimo detalle.
La empresa que retrata el autor se ha ido haciendo con ese poder despacito, silenciosamente y cayendo bien a mucha gente que considera a Microsoft como “el poder establecido” y a la que le repelen las actitudes del gigante establecido. No obstante, el problema puede ir mucho más allá del que señala el autor: El problema no es “Google sí o Google no” sino el hecho de que alguien -quien y cuando sea- pueda acumular tal volumen de información individual sin que ésta haya sido proporcionada voluntariamente.
Los que frecuentamos redes sociales tipo Facebook, Xing u otras sabemos que nuestros datos están ahí y que, al fin y al cabo, muchos creemos que son suficientemente públicos como para que haya que ocultarlos. Sin embargo, aún así, siempre se toma la precaución de no aceptar invitaciones de desconocidos porque, automáticamente, éstos tienen acceso al perfil completo. Que Facebook haga una alianza con Microsoft y una de sus partes consista en facilitar a la primera el acceso a los datos de los usuarios no tiene nombre…que algo parecido lo haga Google tampoco y, al final, llegamos al punto de partida: Estamos vigilados en Internet.
Puede que resulte tener razón uno de los protagonistas de “Red de mentiras” (Russell Crowe) cuando, casi al principio de la película establecía que la mayor dificultad para combatir con terroristas islámicos era que no entraban en Internet ni miraban el correo electrónico todos los días. ¿Tenemos entonces que asumir que quien sí lo hace está sujeto a una permanente vigilancia sobre dónde está (localización geográfica de la dirección IP), qué le interesa (búsquedas o textos de mensajes de correo), cuáles son sus planes (calendarios personales en Internet) y así un larguísimo etcétera?
Google no es la enfermedad; es el síntoma.
“Red de mentiras” de Ridley Scott
Los nombres de Di Caprio y Russell Crowe prometían. Quien hubiera caído en el error de considerar al primero un niño bonito ha tenido ya varias ocasiones de comprobar su error en El aviador, Diamante de sangre, Infiltrados…y las que puedan venir.
De Russell Crowe poco se puede decir. Un actor que es capaz de brillar en personajes tan diferentes como el de Master and Commander y el de Un buen año (que, en realidad, debió traducirse como “Una buena añada”) es difícil de encasillar salvo en la categoría de los monstruos de la pantalla.
Russell Crowe borda su papel aunque, en honor a la verdad, se le podría considerar casi un secundario de superlujo y hay un tercero en discordia, Mark Strong, que no se queda a la zaga de los dos monstruos.
La película es de trama muy compleja. Sería difícil que fuera de otra forma una película que ha hecho una coctelera de tramas de espionaje y de la realidad del terrorismo islamista de Oriente Medio. Por eso, no es de las películas para sentarse en un sillón y disfrutarla sino que exige mantener la atención en todo momento para no perder claves que, más adelante, nos permitan seguir sin perder el hilo.
El título es adecuado; se trata de un conjunto de mentiras anidadas con distintos protagonistas y la interacción entre ellas dibuja escenarios que no parecen inverosímiles.
Conclusión: Vale la pena verla si no se va con la idea de tumbarse en el sillón y relajarse. A los admiradores de Crowe nos habría gustado que tuviera más ocasión de lucirse. Di Caprio, en su línea, recordaba a sus papeles en Infiltrados y Diamante de sangre.
“Planeta azul (no verde)” de Václav Klaus
Puede definirse contra un libro contra los ecologistas sin que esto, de ningún modo, pueda definirse como sinónimo de libro contra la ecología o contra la naturaleza.
Trae a colación el ya famoso calentamiento global y las consecuencias del activismo político ecologista en torno a esta supuesta o real amenaza. Hay que decir, en primer lugar, que en el aspecto científico no hay aportaciones que no hayan sido hechas ya antes. Por ejemplo, si se quiere analizar con cierto rigor las dudas que existen sobre el calentamiento global y su origen, puede ser mejor leer la “Guía políticamente incorrecta del cambio climático” o la novela de Crichton “Estado de miedo”. Sí es cierto que, como buen político, sabe encontrar el argumento o la frase de impacto y, como muestra, ahí van dos:
- Según el protocolo de Kyoto, debemos limitar el uso de la energía en una tercera parte, cuya consecuencia será -hasta el año 2050- ¡un descenso de la temperatura en 0,05 grados centígrados.
- Imaginen que levantan dos torres, una al lado de la otra, de una altura de 60 metros aproximadamente. En una de ellas colocan un ventilador, en la otra, la hélice de una turbina eólica. El ventilador será propulsado por energía eléctrica producida por una central eléctrica nuclear o de carbón. El viento del ventilador hará girar la hélice de la turbina eólica. Dado que el precio del suministro de la electricidad producida por la hélice eólica es tres veces más alto que el que hace girar el ventilador, un proyecto de estas características es económicamente sensato. Se sufragaría en once años y después empezaría a generar ganancias.
No son éstos, sin embargo, los argumentos que hacen distinto al libro sino el tratamiento del activismo ecologista como una amenaza directa a la libertad en nombre de unos principios absolutos e incuestionables. Señala a este respecto que la actitud de los ecologistas ante la naturaleza es análoga a la actitud marxista respecto a las leyes económicas; también los ecologistas intentan sustituir la libre espontaneidad del desarrollo del mundo (y de la humanidad) por una planificación óptima, central o, como está de moda decir hoy, global del desarrollo mundial…como las demás utopías, ésta solamente se puede alcanzar (¡pero es inalcanzable!) gracias a la restricción de la libertad y al dictado de una minoría de elegidos sobre la mayoría aplastante del resto de las personas.
Un claro ejemplo de esa pérdida de libertad está en el ejemplo del ministro británico de Medio Ambiente quien declaró que, al igual que a los terroristas no puede concedérseles espacio en los medios de comunicación, tampoco deberían tener derecho a ello aquéllos que son escépticos respecto al calentamiento global.
No vamos a entrar en esta reseña en el nivel de duda razonable pero políticamente silenciada que existe sobre el fenómeno del calentamiento global y, sobre todo, acerca de si ese fenómeno es o no un derivado de la actividad humana. Para eso, ya están aquí mismo las reseñas de los dos libros citados más arriba. Sin embargo, sí parece más relevante la calificación del ecologismo como una ideología populista y no como algo de carácter científico. A este respecto Klaus apunta lo siguiente: Aunque el ecologismo presume de tener carácter científico, en realidad es una ideología metafísica que en el fondo rechaza ver el mundo, la naturaleza y la humanidad tal y como son realmente, rechaza ver su desarrollo evolutivo natural y venera el estado actual de la naturaleza y del mundo convirtiéndolo en una especie de norma intocable, cuya modificación de cualquier índole presenta como una amenaza nefasta.
Ésta es la línea argumental más interesante y original del libro: La del activismo ecologista como una amenaza a la libertad frente a la cual la ortodoxia de lo “políticamente correcto” impone el silencio y es por esta parte, no por sus razonamientos científicos mejor desarrollados en otras obras como las mencionadas, por lo que vale la pena leerlo. Al final del libro, como síntesis, presenta un conjunto de principios de acción del mayor interés y que son los siguientes:
- En vez del medio ambiente, promovamos la libertad.
- No antepongamos cualquier cambio del clima a cuestiones fundamentales de la libertad y la democracia.
- En vez de organizar a la gente desde arriba, propiciemos que cada uno viva según su propio criterio.
- No sucumbamos a temas de moda.
- No permitamos la politización de la ciencia y no sucumbamos a la ilusión del consenso científico que, de todos modos, siempre se está intentando conseguir pero solamente por parte de una minoría ruidosa y no por la mayoría silenciosa.
- Seamos sensibles y cuidadosos con la naturaleza y exijámoslo en su vida personal también de aquéllos que tanto hablan del medio ambiente.
- Seamos humildes frente a la evolución espontánea de la sociedad humana, creamos en su racionalidad implícita y no intentemos frenarla y desviarla en cualquier otra dirección.
- No nos asustemos a nosotros mismos con previsiones catastróficas y no abusemos de ellas para la defensa e implantación de intervenciones irracionales en las vidas humanas.
En suma, vale la pena leerlo para todo aquél que no acepte dogmas incuestionables y pretenda utilizar un sentido crítico. Se esté de acuerdo o no con la totalidad, es cierto que toca temas que la “onda verde” ha conseguido que sean impopulares sin que ello les quite la más mínima validez.
Por cierto, puesto que la energía nuclear ha sido uno de los iconos más tradicionales de la onda verde, animo a la lectura de este blog para tener una perspectiva distinta:
http://weblogs.madrimasd.org/ciencianuclear/category/454.aspx
y de este otro para mostrar otra perspectiva sobre el calentamiento global:
http://tu.tv/videos/el-gran-timo-del-calientamiento-global_2#
Michael Crichton in memoriam
Si hubiera que definir en pocas palabras a Crichton, su definición habría sido ésta: Un mal novelista que escribía unos libros espléndidos.
Para los que odian los best-sellers hablar de Crichton puede sonar a sacrilegio pero no nos equivoquemos. Entre los grandes vendedores hay auténtica basura -léase, por ejemplo “Fortaleza Digital” de Dan Brown y compruébese la profundidad de su documentación- y libros que enseñan cosas. Son muy ilustrativos acerca del funcionamiento de los servicios de inteligencia autores como Forsyth o Clancy…pero Crichton era diferente.
Crichton era un científico metido a novelista y rápidamente iba a sus querencias naturales y se olvidaba de la trama de la novela. Al decir que era un científico, no me refiero a su formación inicial como médico sino a una forma de entender la ciencia ajena al dogmatismo con el que nos obsequian muchos “científicos” y más en la línea de Bertrand Russell, quien la planteaba como una actitud inquisitiva ante la vida y sin negarse a mirar a la realidad cuando ésta no es complaciente. Éste era el punto fuerte de Crichton.
La parte novelística, en cambio, salía con frecuencia floja y de poco interés pero este hecho quedaba sobradamente compensado porque iluminaba determinados desarrollos científicos y técnicos y manejaba unas referencias -a veces, al final de la novela- que ya hubieran querido muchas tesis doctorales.
Crichton saltó a la fama con “Parque Jurásico” pero, a diferencia de otros, no es en absoluto autor de un solo libro que lo repite muchas veces sino que cada libro suyo tocaba un tema nuevo desde una perspectiva científica. Incluso su autobiografía “Viajes y experiencias” llega a tocar temas tan resbaladizos como el de los mediums y otros desde una perspectiva claramente científica.
Su obra es muy abundante pero, por poner unos pocos ejemplos de malas novelas que a la vez son excelentes libros, quedémonos con los siguientes:
-
“Presa”. Debajo de una trama débil y difícil de seguir, da a conocer cómo funcionan los actuales modelos de inteligencia artificial que, en lugar de unas enormes capacidades de proceso, se basan en agentes muy sencillos pero con una capacidad de interacción entre sí muy compleja. Cualquier que entre en programas como Emule verá que le ofrecen participar en experimentos que hacen uso de la potencia sobrante de su ordenador con la pretensión de conseguir con una red de miles de PCs lo mismo o más que se consigue con un superordenador. Como novela, sin embargo, “Presa” se disputa el título del peor libro de Crichton con “Estado de miedo”.
-
“Punto crítico” da una visión del desarrollo técnico y comercial del mundo de la aviación. Después de leído el libro, se lo presté a un piloto profesional quien se asombró del conocimiento mostrado por Crichton y sólo fue capaz de detectar un error. Como consecuencia de una investigación posterior para mi propia tesis, pude enterarme de que el equivocado era él y que Crichton estaba en lo cierto.
-
“Estado de miedo” es probablemente el libro más odiado por Al Gore y sus apóstoles verdes porque cuestiona, nuevamente en una horrible novela, toda la historia del calentamiento global. Me ha llamado la atención leer una referencia a Crichton en el libro “Planeta azul, no verde” de Vaclav Havel, y del que colgaré la reseña cuando lo acabe, y que decía así: “El reto más importante al que se enfrenta la humanidad es la tarea de distinguir la realidad de la fantasía y la verdad de la propaganda”. Recuerda demasiado al “La primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira” de Revel como para pensar que es una coincidencia y que no nos hemos encontrado ante otra de las pocas mentes libres.
-
“Viajes y experiencias” es un libro sorprendente pero lo es especialmente en la parte que se dedica a su investigación de lo paranormal y que, como buen científico, establece una metodología y va contrastando los resultados. Sólo por esa parte ya valdría la pena el libro.
Son muchos los terrenos en los que Crichton ha ido como un adelantado iluminando el terreno para otros que vinieran detrás y, además, haciéndolo de forma brillante y entretenida. En contra de lo que algunos optimistas quieren creer, no siempre que perdemos a alguien se pierde algo pero esta vez sin duda que con Crichton hemos perdido algo que valía la pena.
Las vanguardias artísticas
Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, un autor musical alemán, Webern, murió después de que, al saltarse un toque de queda, un soldado norteamericano disparase sobre él.
Entre otras obras de vanguardia, Webern tenía una donde doce personas salían a escena con transistores sintonizados en distintas emisoras. Los críticos se deshacían en halagos hacia el invento porque su originalidad consistía en que, en cada representación, la música -si tal se podía denominar el invento- era distinta.
Para los críticos, tal justificación podía ser muy coherente; el común de los mortales probablemente pensará si el toque de queda no fue una sutil excusa y lo que ocurría realmente es que el soldado americano era un melómano empedernido.
Esta misma tarde, en el Palacio de Cristal del Retiro de Madrid he tenido ocasión de acordarme de Webern porque la “obra” y los “argumentos” se parecían mucho. La “escultura” de Evaristo Bellotti no era otra cosa que haber cubierto el suelo de losetas -eso sí, de mármol de Macael- donde las centrales tenían unos canales que se habían llenado de agua. Para pasear por la “escultura” previamente había que descalzarse.
He tenido la curiosidad de recoger un folleto, que lleva el nombre del Museo Reina Sofía, y decía lo siguiente:
Algo más de la mitad de las piezas han sido trabajadas en relieve, según un trazado de doble curva entrecruzada, siguiendo un proyecto dibujado en papel y sobre el plano del Palacio. El agua, vertida sobre las losas, se almacena en las depresiones generadas a partir de las curvas, formando charcos (suele suceder así aunque no se le llame escultura al resultado). El reflejo de la luz sobre el agua y la propia evaporación convierten a esta escultura en una obra cambiante (o sea, lo de los transistores de Webern) sujeta a las variaciones de luz y de temperatura ambiente. En palabras de Bellotti, “escultura (nombre del invento) es un fragmento de intemperie”.
“La obra es transitable con los pies descalzos. La posibilidad de pisar los charcos de agua y sentir las depresiones labradas en el mármol transforma al espectador en paseante y al volumen de la escultura en un paisaje. La presencia de agua sobre la superficie ondulada evoca directamente la orilla del mar, la superficie de la playa mojada por el vaivén de las olas…Hay, además, un sentido lúdico, ineludible en el chapoteo sobre el agua, que pertenece a la actitud epicúrea que ha fomentado el artista ante la percepción sensorial de su trabajo”.
Reconozco ser poco dado a las vanguardias artísticas y que, por ejemplo, descubrí que Miró sabía pintar sólo después de ver una exposición dedicada principalmente a Van Gogh donde algunos cuadros de Miró distintos a los habituales mostraban que realmente era un pintor. Siempre he apreciado a Dalí, algunas obras de Picasso y a pintores como Scheele, Klimt o, por supuesto, Van Gogh. Me he asombrado al descubrir “el otro Romero de Torres” que va mucho más allá de la piconera y con cuadros impresionistas que quitan el hipo…pero no puedo dejar de pensar que algunas pretendidas vanguardias artísticas no son más que simples tomaduras de pelo al espectador, glosadas por presuntos entendidos más dados al esnobismo que a una mínima actitud crítica.
“Un dios salvaje” de Yasmina Reza
Para los incondicionales de Yasmina Reza (“Art” y “Tres versiones de la vida”) la autora ha vuelto a dar en el clavo. Para los más críticos, la obra puede sonar un poco repetida con un formato similar -muy pocos actores con pocos o ningún cambios en el escenario y obra de corta duración- siguiendo en su género de “comedia psicológica con fondo crítico”.
Al principio, parece que la obra va a ser aburrida pero, a medida que actores y público se van metiendo en ella, va ganando interés y, a diferencia de lo que ocurrió con “Tres versiones de la vida”, en esta ocasión hay actores de buen nivel en el escenario.
La excusa de la obra es una pelea de dos niños donde uno de ellos sale malparado pero, con esa excusa, la autora trata de mostrar las distintas formas de ver la vida de los personajes y cómo estas formas van saliendo a relucir a medida que la discusión se va volviendo más tensa.
De los cuatro personajes, hay dos espléndidamente dibujados que son los que corresponden a Aitana Sánchez-Gijón y a Pere Ponce. El de Antonio Molero y, especialmente, el de Maribel Verdú quedan más desdibujados.
Aitana corresponde al perfil de la persona que, desde una presunta superioridad moral, trata de organizar la vida de los demás indicándoles qué es lo que se debe hacer y qué es lo que no y, sobre todo, sin ninguna duda sobre tal superioridad a pesar de que su conducta a lo largo del desarrollo la desmiente. El personaje delata que la autora, Yasmina Reza, ha tenido algún contacto con el submundo psicoanalítico ya que los tipos de análisis, si tal pueden llamarse, tienen mucho parecido con los comentarios que pueden escucharse tras una reunión informal de psicoanalistas.
El personaje de Pere Ponce, marido de Maribel Verdú en la obra, es su contrapunto en todos los terrenos. Abogado materialista sin escrúpulos y que cree en la ley de la selva como el modo mejor de funcionar. Se pasa la obra pegado a un teléfono donde trata de quitarse de encima toda la responsabilidad en que se haya podido incurrir por efectos secundarios de un medicamento.
Antonio Molero, marido de Aitana en la obra, adopta el papel del hombre sometido a esa autoproclamada superioridad de su mujer y, ocasionalmente, con algún punto de rebeldía que queda un tanto fuera de contexto.
En cuanto a Maribel Verdú, es la más difícil de catalogar. Al principio, se presenta como perteneciente a la especie de profesionales cotizados pero con reacciones de “señora de”, harta de su particular “ejecutivo agresivo” y puede decirse que su personaje da muchos más bandazos que los otros tres, especialmente los dos primeros.
Como conclusión, vale la pena, especialmente para aquéllos que hayan visto obras anteriores de la autora y les hayan gustado. La trama tiene puntos de contacto con ellas y los actores no decepcionan.
-
Archivos
- Noviembre de 2009 (5)
- Octubre de 2009 (8)
- Septiembre de 2009 (7)
- Agosto de 2009 (2)
- Julio de 2009 (10)
- Junio de 2009 (7)
- Mayo de 2009 (3)
- Abril de 2009 (4)
- Marzo de 2009 (3)
- Febrero de 2009 (5)
- Enero de 2009 (3)
- Diciembre de 2008 (12)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios