Servicios inservibles: Telefónica o cómo hacer el ridículo con la publicidad
Un momento antes de escribir este comentario, estaba escuchando la radio y oigo que Telefónica anuncia un servicio para telefonía móvil que llama “Gestión familiar”.
El tal servicio implica que los chavales pueden llamar a casa incluso si no tienen saldo y un servicio de localización a través del móvil y, como muchos padres con hijos adolescentes, concluyo que me puede interesar.
Paso siguiente: Llamada al servicio de atención al cliente para pedir más detalles sobre el servicio.
El servicio de atención al cliente me pregunta que dónde he oído eso y, después de dejarme en espera, me dicen que…¡ELLOS TODAVÍA NO TIENEN LA INFORMACIÓN Y QUE VUELVA A LLAMAR MÁS TARDE!
Se puede hacer más el ridículo pero no es fácil. Para ello, como mínimo, habría que dedicarse a la política.
La lógica de las jubilaciones anticipadas
En lo referente a las jubilaciones anticipadas, es frecuente que encontremos un discurso oficial y una práctica que está totalmente alejada de éste.
El discurso oficial se lamenta amargamente de que se retira del mercado laboral a las personas que tienen más experiencia pero la lógica económica impone que la forma menos traumática de reducir plantilla consiste, precisamente, en hacer uso si se puede del mecanismo de jubilación anticipada.
Ese discurso oficial oculta que tal vez no sea éste el motivo por el que le molestan las jubilaciones anticipadas sino por otro distinto: En sistemas de pensiones como el español, basados en el concepto de solidaridad intergeneracional aunque poco a poco intenten cambiar, las pensiones de los jubilados las pagan los trabajadores en activo. En otros sistemas donde cada uno devenga durante su periodo activo el dinero con el que luego se pagará su pensión, el problema es menor; sin embargo, en casos como el español, una disminución del número de trabajadores activos que pasan, en lugar de aportar al sistema a recibir dinero de éste, representa un problema presupuestario serio.
No obstante, no es la doblez del discurso oficial sobre este tema desde cualquier partido el tema que vamos a tocar sino, prescindiendo de la faceta financiera, la funcionalidad o disfuncionalidad de las jubilaciones anticipadas.
Si cualquier persona con más de veinte años de experiencia en un terreno se pregunta cuánta de esa experiencia le es hoy útil, puede obtener una respuesta deprimente. La respuesta será, sin duda, más deprimente si esa persona trabaja en un entorno que evoluciona muy rápidamente y podría serlo aún más si se produce lo que se conoce como “transferencia negativa”, es decir, el hecho de que aprendizajes adquiridos anteriormente puedan dificultar aprendizajes actuales basados en parámetros distintos cuando no opuestos.
Evidentemente, éste no es un escenario que se produce en todos los casos pero sí lo hace con cierta frecuencia y nos indica algo: La experiencia no es un valor absoluto y su evaluación adecuada depende de diversas variables que definirán cuánta de la experiencia acumulada es conocimiento útil e incluso en qué casos podría ser contraproducente.
Tendríamos que entrar no sólo en los conocimientos sino también en las capacidades y cómo éstas se van modificando con la edad. Las capacidades físicas sufren, sin duda, un deterioro general que afecta desde la agudeza visual o auditiva hasta la fuerza muscular y casi cualquier terreno por el que se nos ocurra preguntar.
En las capacidades intelectuales, el panorama no es tan claro, especialmente en el caso de personas que se hayan conservado intelectualmente activas. Es cierto que facultades como la memoria a corto plazo disminuyen mucho con la edad pero, al mismo tiempo, otras pueden mejorar. En este mismo blog puede encontrarse la reseña sobre “La paradoja de la sabiduría”:
http://factorhumano.wordpress.com/2008/06/26/la-paradoja-de-la-sabiduria-de-elkhonon-goldberg/
El autor estudió cuáles son las facultades que, en un cerebro activo, mejoran con la edad. Antes de proceder a una jubilación, por tanto, es necesario saber cuáles son las facultades críticas en el puesto de trabajo, si son las físicas sujetas a deterioro con la edad y, en caso de ser las intelectuales, si corresponden al grupo más sujeto a deterioro o al grupo que mejora.
Es cierto que la jubilación anticipada representa una solución menos traumática que un despido y que el cuestionamiento de la experiencia y el deterioro de algunas capacidades pueden invitar a utilizar ese recurso con carácter general. Sin embargo, la prueba de que esa actuación no es adecuada es la existencia de errores producidos por esa generalización, es decir, considerar como obsoleto un conocimiento que no lo es en absoluto y actuar en consecuencia.
Un ejemplo divertido de esto se produjo con ocasión del famoso efecto 2000, en que se suponía que todos los ordenadores del mundo nos iban a dejar colgados. Algunas grandes empresas tuvieron que volver a contratar a personas que habían jubilado anticipadamente para que interviniesen en programas creados por ellos en lenguajes no conocidos por otros programadores más recientes y los adaptasen.
La existencia de ejemplos en ambos sentidos nos muestra algo: Las jubilaciones anticipadas pueden ser una buena solución en muchas situaciones ya que la pérdida real de conocimientos no tiene por qué ser proporcional al número de años de trabajo. Sin embargo, el volumen de esa pérdida ha de ser evaluado caso a caso y la aplicación ciega de la jubilación como receta universal conduce igualmente a errores graves.
El niño con el pijama de rayas
En una sola palabra, decepcionante.
Hay grandes películas con el mismo tema como “El pianista” y muchas otras pero no basta con un tema que aún sigue interesando -tal vez el tema no sea la guerra sino la pregunta que nos hacemos todos acerca de cómo es posible llegar a ese nivel de degradación humana- sino que hay que dar un argumento atractivo y creíble.
La película trata sobre la amistad entre un niño internado en un campo de concentración y el hijo del comandante de tal campo. La amistad tiene lugar a través de la verja del campo y, al parecer, esa verja está tan poco vigilada que permite que a través de ella tengan lugar las conversaciones entre los dos niños.
También parece que ni uno ni otro se preguntan demasiado sobre qué está pasando y ninguno de los dos sabe que en el campo están asesinando gente. Lo más inverosímil de todo llega al final:
El padre del niño prisionero ha desaparecido y el niño alemán decide ayudarle a buscarlo. Para ello, no se les ocurre mejor idea que buscar un “pijama” (el uniforme de preso) para que el niño alemán pueda pasar al campo, después de hacer un minúsculo túnel bajo la verja -de nuevo, sin vigilancia alguna- y disfrazarse de prisionero.
Después de esto, el final es totalmente previsible pero, para ese momento, ya estaba perdido todo el interés en la película.
La existencia de actores conocidos en una película no es garantía de la calidad de ésta -”Asesinato justo” parece ser una prueba de ello- pero el hecho de que no haya ninguno es, a menudo, una garantía de la falta de calidad porque tal vez nadie ha querido comprometer su nombre con una película que no les parecía adecuada. Por ejemplo, el papel del niño judío lo podía haber bordado Haley Joel Osment, el niño de “Cadena de favores” o “El sexto sentido”, aunque el guión tampoco daba para lucirse mucho.
La regla se cumple en este caso. No hay un solo actor conocido y, después de ver el resultado, se entiende por qué.
¿Quién es Baltasar Garzón?
Quien no haya seguido su trayectoria en España y sólo conozca su perfil público en el extranjero puede formarse fácilmente una idea de alguien mitad héroe mitad villano. Algunos datos de su biografía menos conocidos fuera de España pueden dar una idea más completa de un personaje que ahora exige que le documenten que Franco ha muerto.
Garzón empezó a ser conocido al investigar el fenómeno de terrorismo de Estado que se produjo en España bajo el Gobierno de Felipe González. Eran unos momentos especialmente duros donde la colaboración francesa contra el terrorismo era escasa o inexistente y alguien buscó un atajo: Enviar pistoleros a cazar a los pistoleros en sus madrigueras. El invento pareció funcionar y, en una época especialmente activa, el terrorismo disminuyó espectacularmente pero un atajo de ese tipo tiene corto alcance.
En primer lugar, tienen que apoyarse en personajes tan repugnantes como aquellos que tratan de combatir y, a partir de ahí, no resultaba extraño que la caza del terrorista se convirtiese en una orgía de latrocinio e incluso hasta se asesinase a inocentes, poniéndoles previamente la etiqueta de terroristas, para justificar la continuidad de sus actividades.
Pues bien; Garzón estuvo investigando todo este fenómeno e incluso pergeñó una especie de organigrama de los GAL (nombre del supuesto grupo tras el cual se encontraba parte del aparato policial del Estado) a cuya cabeza situó un “míster X”, apelativo bajo el cual estaba situando al entonces presidente del Gobierno, Felipe González, por entender que era imposible que todo esto se hiciera sin su conocimiento y, como mínimo, consentimiento.
Un tiempo después de comenzado todo esto, hubo unas elecciones y Felipe González presentó acompañándole en las listas como su número dos a un candidato-bombazo: Nada menos que el propio Baltasar Garzón que, hasta el día anterior, había estado intentando meterle en la cárcel.
Después de ganar las elecciones, a Garzón le dieron un puesto -no un ministerio como él parecía pretender o alguien le había prometido- donde sus funciones reales eran escasas o nulas. Garzón se sintió engañado y abandonó dando un portazo volviéndose a su juzgado para, sin solución de continuidad, volver a reabrir el proceso de los GAL y volver a intentar encarcelar a Felipe González.
Sin duda, es un episodio revelador sobre el personaje y la utilización de la administración de justicia como palanca de poder pero dista mucho de ser único:
Cuando intentó encarcelar a Pinochet, otro de los casos en que Garzón alcanzó casi el grado de protagonismo que le gusta, hubo muchas personas que se alegraron aunque dudasen sobre la competencia de un juez español para esto pero parecían entender que, por una u otra vía, era posible hacer justicia e intentaron utilizar el afán de protagonismo de Garzón para conseguirlo.
Llama la atención que, aprovechando el tirón del caso Pinochet, hubo quien trató de darle un tratamiento parecido a Fidel Castro. Curiosamente, esa posibilidad fue rechazada por Garzón como también lo fue la investigación sobre los crímenes de Paracuellos cuyo responsable está aún vivo. La sorprendente doctrina que Garzón alega ahora en el caso inventado sobre los crímenes de la guerra española podría explicarlo: Sólo se investigan los crímenes contra el poder, no los cometidos desde éste. Obviamente, Fidel Castro estaba aún en el poder y Pinochet no. Un mínimo análisis de esta doctrina muestra que, bajo la misma, todos los responsables de los crímenes nazis habrían sido exonerados por Garzón ya que se trataba de crímenes cometidos desde y no contra el poder.
Se podrían añadir bastantes más casos menores incluida la participación en la defenestración de un colega suyo poco manejable por el Gobierno de entonces pero, para no aburrir, vayamos a asuntos más actuales.
Estando todavía el PP en el poder, los dos grandes partidos españoles, PP y PSOE, firmaron el llamado “pacto antiterrorista” por el cual, la lucha antiterrorista no iba a ser objeto de lucha política sino que iba a haber un acuerdo. La finalidad de este pacto era decirles a los asesinos que, gobernase quien gobernase, no iban a encontrar amigos en el poder.
Ese pacto fue roto cuando uno de sus firmantes, Zapatero, decidió que una vía para acabar con el terrorismo era la negociación política con ETA y, durante ese proceso nada claro en el que siguió habiendo violencia, extorsión e incluso dos muertos en la voladura del aparcamiento del aeropuerto de Barajas, los terroristas y sus cómplices gozaron de un claro trato de favor. Son muchos los ejemplos que se podrían poner pero sólo aludiremos a uno porque afecta directamente a nuestro personaje: Un miembro de la red de extorsión de ETA recibió una llamada telefónica de un policía avisándole de que un juez -no Garzón- estaba poniendo en marcha todo el proceso para su detención.
La denuncia por este aviso desde la policía a los terroristas aterrizó en la mesa de Garzón y, al parecer, no ha tenido tiempo para tramitarla. La situación no resulta extraña ya que, también por falta de tiempo, se le han escapado no hace mucho unos narcotraficantes considerados peligrosos en su propio auto y tampoco resulta extraña desde otra perspectiva: Las declaraciones a un medio de comunicación por parte del propio juez indicando que había que ser sensible a las circunstancias y actuar en función de ellas. Los que creíamos que un juez era un mero aplicador de la ley y que no tenía que entrar en ninguna cuestión de clima político nos quedamos muy sorprendidos entonces pero, bajo esa óptica, no resulta difícil entender por qué ese sumario sigue, al parecer, parado.
La falta de tiempo, sin embargo, no le ha impedido meterse en un berenjenal como el de las fosas de los asesinados durante la guerra civil española ocurrida entre 1936 y 1939. Éste era un asunto que había sido patrocinado desde el Gobierno de Zapatero, no se sabe si por una particular manía del propio Zapatero y su mitificado abuelo, militar fusilado por el bando franquista por ejercer como agente doble: Su filiación socialista y masónica no parecía muy compatible con el hecho de que tuviera un destacado papel en la represión de los mineros de Asturias poco antes de la guerra y bajo las órdenes del propio Franco. Paradójicamente teniendo en cuenta quiénes fueron los protagonistas, este hecho siempre ha representado un auténtico icono del socialismo español.
En 1977 se decidió cerrar definitivamente la cuestión judicial relativa a la guerra ya que se hicieron innumerables salvajadas en los dos bandos. Podría, eso sí, añadirse que en el bando republicano algunas salvajadas iban contra miembros de su propio bando -un periodista le ha hecho llegar a Garzón una lista de casi 1.000 personas asesinadas por supuestos correligionarios políticos sin que se tenga una idea clara de qué piensa hacer Garzón al respecto- mientras que en el otro bando el salvajismo contra los propios pareció estar contenido aunque existan algunos accidentes aéreos de la preguerra y la guerra que afectaron a altos mandos militares que podrían haber competido por el poder con Franco y sean dignos de toda sospecha.
Garzón, en el auto donde él mismo se declara competente para entrar en este tema, acusa a los Gobiernos posteriores a Franco de no haber investigado. Habría necesariamente que añadir que, si esto es así, él mismo debería ser acusado de negligencia por no haberlo investigado mientras muchos de los causantes de los crímenes de la guerra aún estaban vivos. En este momento, sólo queda vivo un responsable del asesinato de más de 4.000 personas y Garzón no ha tomado ninguna medida contra él a pesar de que en su momento así se le solicitó. El motivo alegado por Garzón fue, precisamente, que no se podía entrar en ese asunto debido a la amnistía que se produjo durante el periodo de transición. El motivo para el rechazo era correcto pero es igualmente aplicable al macrocaso que ahora se ha fabricado y, sin embargo, ahora parece haber olvidado cuáles fueron los motivos para tal rechazo.
La persona en cuestión, Santiago Carrillo, negó muchas veces este extremo hasta que Moscú desclasificó los documentos relativos a la guerra española y quedó clara su responsabilidad, no penal puesto que explícitamente hubo una amnistía para todos los delitos cometidos durante la guerra, pero sí política y moral.
¿Por qué Garzón critica a los Gobiernos por no hacer lo que él tampoco hizo durante bastantes años no siendo ni más ni menos competente de lo que es ahora para ello? Las malas lenguas afirman que, en caso de ser sancionado por la fuga de los narcotraficantes, siempre podrá alegar que el suyo es un proceso político y que, en realidad, lo que quieren es apartarle de este caso que se ha “autofabricado”.
¿Por qué decide circunscribir la investigación a la fecha del estallido de la guerra y limitarla también en el tiempo posterior a ésta? Al hacerlo así, deja fuera de su proceso a todo lo que ocurrió antes de la guerra, donde ya se produjeron bastantes asesinatos, muy singularmente el del líder de la oposición a manos de miembros de la escolta de un ministro socialista del Gobierno -Indalecio Prieto- y que pudo precipitar el inicio de la guerra.
Stanley Payne dijo que la guerra española no fue una guerra de buenos contra malos sino de malos contra malos. Cualquiera que haya intentado estudiar los hechos sin sectarismo llegará, necesariamente, a la misma conclusión.
El hecho de que personajes con una cultura histórica muy cuestionable como el propio Zapatero se reclamen herederos de la legitimidad republicana indica que sabían muy poco en qué consistía tal legitimidad porque, si no es por causa de una atroz ignorancia y realmente supiera qué está diciendo, habría que pensar en peores opciones.
Por el lado contrario, también han surgido, no se sabe si como reacción a este intento de rehabilitación de una de las etapas más negras de nuestra historia o por motivos propios, autores a los que sólo les falta pedir la canonización de Franco.
Afortunadamente, en 1977 la sociedad española decidió pasar esa negra página de su historia y abandonar toda la cadena de reproches mutuos que llevaba ya en marcha más de cuarenta años.
Zapatero y Garzón no parecen haberse enterado o no han querido enterarse. El primero, por un sectarismo cristalizado en el mito del abuelito fusilado injustamente y el segundo por un afán de protagonismo desmedido que, en este caso, además puede tener otras finalidades: Proveerle de una eficaz defensa contra una justificada sanción por el incumplimiento de sus funciones y una maniobra de marketing en su papel de conferenciante espléndidamente pagado en el exterior.
En España, quien quiera verlo tiene suficientes datos como para hacerse una imagen distinta de este supuesto adalid de los oprimidos.
“Factores humanos en mantenimiento aeromecánico” de Victoria Villaescusa
Se trata de un libro construido con un objetivo: Poder servir de libro de texto para alumnos de FP que están cursando estudios para convertirse en Técnicos de Mantenimiento de Aeronaves.
El libro es claro y toca todos los temas importantes y sólo eso ya lo convertiría en recomendable para los interesados en el tema. Adicionalmente, hay muy pocas cosas escritas en este ámbito en español -y no arrojaré la primera piedra sobre ese asunto puesto que mi propio libro está publicado en inglés- y tener una obra de calidad y en español es ya de por sí un éxito.
Hay una parte, sin embargo, criticable en el asunto aunque no le sea imputable al libro. Al ir repasándolo, podía encontrar muchos temas que son, sin duda, importantes pero dudo mucho de que un alumno de FP se encuentre en condiciones de captar cuál es la relevancia real del asunto.
Probablemente un técnico en ejercicio puede estar en unas mucho mejores condiciones para calibrar la importancia de la información contenida en el libro y eso nos llevaría a otro asunto: ¿No sería mejor que el tema de factores humanos se tocase de forma muy sintética para que quedasen las cuatro ideas claves y, más adelante, cuando exista una mayor receptividad derivada de la propia experiencia, introducir aquéllas que el alumno puede oir como el que oye llover?
Creo que se presenta una situación muy semejante a la de la formación en informática: Una formación dada antes de disponer de un ordenador puede ser absolutamente inútil; una formación que se introduzca cuando alguien ha tenido ocasión de darse cuenta de cuáles son los problemas reales es absorbida con auténtica ansia.
Es difícil que un alumno de FP llegue a captar en su totalidad qué significa trabajar bajo condiciones meteorológicas inadecuadas o los turnos nocturnos o los trabajos en altura…y todo ello combinado con una excepcional exigencia de calidad. Los conceptos manejados en el libro son importantes y su forma de clasificarlos es buena pero puede encontrar un público poco receptivo porque carece de la experiencia que le permitirá calibrar su importancia.
Aprovecho para lanzar un reto: ¿Por qué no adaptar el libro a un público de técnicos en ejercicio?
Respuestas ante la crisis: Intervención a la americana e intervención a la española
A Bush le costó sacar adelante su plan, afrontando dos rechazos, porque desde su propio partido y desde la oposición se insistía en que se aclarase donde iba a ir el dinero y no se aprobó el plan mientras no se obtuvo una respuesta satisfactoria a una pregunta tan elemental como ésa.
En España, una petición de ese tipo ha supuesto la aprobación por Decreto-Ley inmediatamente después de un extraño comentario, según el cual no se podía controlar qué iban a hacer los Bancos y Cajas con el dinero que se les estaba dando…actuación que, de por sí, es toda una confesión.
Se sabía hace tiempo que algunas Cajas estaban en muy malas condiciones, especialmente la de Castilla-La Mancha y las andaluces. Se sabe igualmente que las Cajas conforman el brazo financiero de los políticos en el poder y ahora también sabemos que el dinero no va a ir a mejorar la ausencia de liquidez de particulares y empresas sino a mejorar -con nuestro dinero- la situación de Cajas donde los políticos han metido mano a su antojo y quieren que no se les hunda el invento para seguir haciéndolo.
La intervención no va a servir para mejorar la situación general sino la particular de algunos políticos que, además, tienen el descaro de pedirnos que financiemos con nuestros impuestos sus platos rotos.
Libertad de mercado o intervención: To be or not to be
Parece que casi todos están de enhorabuena por el plan Bush para salvar el sistema financiero norteamericano y, de rebote, el mundial. Para muchos, la intervención es la prueba de que el libre mercado no funciona y señala el ocaso del imperio norteamericano.
Ambas cosas podrían estar equivocadas. El libre mercado sólo se puede dar en un entorno donde el Estado también haga su trabajo como regulador y no permita que se desarrolle una opacidad como la que se ha dado en el sistema financiero y, de alguna forma, el plan de Bush significa el pago -con cargo a los contribuyentes- del error cometido por los reguladores y los políticos que los controlan.
Llevamos años en que se está avisando desde diversos foros de que el gran tocomocho del mercado se llama China. China está mostrando unos crecimientos espectaculares pero, en buena parte, no hay forma de comprobar su veracidad ya que en una economía centralmente planificada y sin posibilidad de auditoría, las cifras de producción y crecimiento pueden ser las que el dirigente de turno quiera poner. Cuando estalle esa burbuja, es muy probable que deje muy pequeña a la actual crisis.
La situación china es, como comentaba ayer mismo con unos amigos, parecida a la de Rusia con respecto a Kyoto. Como nadie puede demostrar cuanto contaminan realmente por la opacidad de su sistema, venden derechos de emisión de CO2 a otros países aunque tienen en su haber y en su historia un incomparable record como contaminadores.
Sin necesidad de ser muy exhaustivo, la extinta Unión Soviética se cargó el que era conocido como mar Aral y sus dos ríos principales gracias a unos niveles de contaminación que el sistema fue incapaz de soportar.
Algo parecido podemos decir de los efectos de Chernobil, el mayor accidente nuclear de la historia, producido gracias a un diseño inestable y poco seguro y a un manejo imprudente. Si hablamos de lo que ocurría en la base de submarinos nucleares de Murmansk y las extrañas muertes que se producían por doquier en mitad de un auténtico cementerio nuclear, poco queda por decir…y éstos son los que, gracias al panfilismo europeo, todavía están sacándose dinero de Kyoto por venderles derechos de emisión de CO2 a otros que, con seguridad, emiten mucho menos que ellos.
Soros hablaba de fundamentalismo de mercado, es decir, de la invasión de la lógica del mercado de terrenos que no le corresponden y tiene razón si cuando se habla de mercado lo traducimos directamente a finanzas. Algunos autores como Sowell, Levitt o Harford han mostrado como la lógica de mercado es muy difícil de evitar en muy distintos ámbitos sin que ello implique su traducción a finanzas y, en contra de lo que algunos creen ahora, la intervención norteamericana no es el certificado de defunción del mercado libre.
Eso sí, es el reconocimiento de que ese mercado libre sólo se puede dar en un entorno donde el Estado y los políticos hagan su trabajo como reguladores y garanticen la transparencia de ese mercado. Las sub-prime o hipotecas ninja y su impacto no han sido un ejemplo, China tampoco lo es y Rusia tampoco. ¿No es hora de que los políticos de cualquier color se pongan a trabajar un poco en serio y dejen de echarle la culpa de sus tropezones al empedrado?
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