Factor Humano

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Air Comet y representatividad sindical

Nada más lógico que el hecho de que el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, lo siga siendo aunque haya dejado de ejercer como empresario gracias a la quiebra de Air Comet. Al fin y al cabo, buena parte de los dirigentes de los sindicatos autodenominados de clase no han conocido otro trabajo que ése. De esta forma, las otrora llamadas parte social y económica del sindicato vertical quedan equiparadas en cuanto a la identificación entre representantes y representados, es decir, ninguna.

El paralelismo con los sindicatos verticales no se da sólo en el hecho de que el sindicalismo en cualquiera de sus vertientes es una carrera política que, como tal, vive de maniobras en la cercanía del poder más que de la defensa de los intereses de sus teóricos representados. Gracias a la “devolución del patrimonio sindical”, devuelto en buena parte a organizaciones que no existían cuando tal patrimonio fue incautado, en muchas ciudades españolas sindicatos “de clase” y sindicato patronal comparten edificios y sus funcionarios se encuentran todos los días en el ascensor. ¡Qué mayor exponente de la verticalidad sindical!…pero vayamos al caso de Air Comet.

Que Air Comet iba mal era de dominio público en el sector y fueron muchos los que se preguntaron por qué se le asignaron a dedo precisamente a Air Comet los slots libres como consecuencia del cierre de Air Madrid cuando, además, en ese momento ya había indicios ciertos de que esto podía llegar a ocurrir.

No ha habido respuesta a eso pero, en cambio, sí ha habido una interpretación según la cual los pasajeros tendrían razón para evitar Air Comet porque en esa compañía se habían hecho huelgas. Lo más curioso es que esa interpretación venga de su presidente y también presidente de la CEOE. Veamos:

La propia OACI señala que la situación de tensión en la organización por motivos laborales puede ser un motivo de disminución de los niveles de seguridad y hubo algunos medios que se apresuraron a sacar este tema con motivo del accidente de Spanair. No pretendo enmendarle la plana a la OACI pero creo que, en este tema, se puede aplicar la célebre frase que Torrente Ballester atribuía a un funcionario portugués: “Tiene usted razón pero no la tiene toda y la poca que tiene no le sirve para nada”.

Hace tiempo sostengo la teoría del piloto o controlador o técnico de mantenimiento “moderadamente felices” ya que, si  son muy infelices, sea por motivos personales o profesionales, hay un factor de riesgo y, si son muy felices, pueden evadirse del mundo y constituir también un factor de riesgo. Dicho más seriamente, es cierto que una situación de tensión laboral puede afectar a la seguridad pero son múltiples las situaciones de tipo personal y de una gravedad que puede ser en ocasiones muy superior que no afectan menos pero se encuentran totalmente fuera del control por parte de la organización.

No toda huelga es justificable y se puede citar como ejemplo el caso de una huelga ocurrida hace años en la empresa  Alúmina-Aluminio donde, al dejar un proceso de fundición a la mitad, se destruyó toda la maquinaria lo que representó la quiebra inmediata de la empresa. El gobierno del entonces presidente Felipe González, a pesar de su cercanía a alguno de los sindicatos que estuvieron detrás de tal salvajada, no dudó lo más mínimo en dejar que se ejecutase el cierre y que toda la plantilla se quedase sin trabajo y, en mi opinión, tuvo toda la razón al actuar así.

Sin embargo, se trata de una situación excepcional. Utilizar una situación de huelgas por motivos tan “insignificantes” como no cobrar la nómina durante varios meses para justificar que la empresa podía estar transmitiendo mala imagen a los consumidores es fácilmente calificable pero no voy a hacerlo porque lo difícil es utilizar el calificativo adecuado para tal conducta sin incurrir en unos cuantos apartados del Código Penal. Puestos a utilizar la doctrina de la OACI ¿qué es más dañino para la imagen de seguridad ante el pasajero? ¿El hecho de la huelga o el hecho de no cobrar la nómina? Cabe pensar que si alguien no tiene dinero siquiera para pagar la nómina habrá otros apartados como mantenimiento y utilización de aviones y tripulaciones que podrían también resentirse. No es la primera vez que se juega con cosas de este tipo y muchos recordarán como hace varios años la propia Iberia, como consecuencia de una situación de conflictividad, llegó a hacer público un mensaje de sentido parecido siendo inmediatamente corregida tanto por el Ministerio como por los propios pilotos de la compañía.

El papel de Díaz Ferrán como dirigente del sindicato de empresarios puede ser visto con gran simpatía en sectores no precisamente cercanos a los empresarios. Un dirigente debilitado es siempre apreciado por la parte contraria y, si es preciso apuntalarlo, se hace. Por supuesto, este principio se aplica tanto en ámbitos políticos como  sindicales, valga la redundancia, y hemos podido escuchar al actual ministro de Fomento José Blanco como, entre bromas y veras, manifestaba su deseo de que Mariano Rajoy permaneciese mucho tiempo al frente de la oposición. La estructura del sistema de representatividad sindical en España es sencillamente absurda. En primer lugar, utiliza como criterio básico en lugar de la afiliación los resultados de las urnas, urnas a las que sólo tienen acceso –atención al detalle- los trabajadores en activo, no los desempleados.

Por añadidura, el invento de los “sindicatos más representativos” es, desde su inicio, la concesión de un auténtico derecho de pernada a sindicatos a los que se otorga capacidad negociadora incluso en sectores donde su representación sea insuficiente para otorgárselo. Esto ha hecho que sindicatos profesionales como, por ejemplo, el CSIF vean cómo en la Administración Pública se sientan en la mesa representantes de sindicatos absolutamente minoritarios en la que es muy de lejos la mayor “empresa” de España siendo su representatividad real marginal. No hablemos ya de casos directamente relacionados con la aviación como la presencia de los “sindicatos más representativos” entre colectivos como el de pilotos o el de técnicos de mantenimiento. ¿A quién representan cuando se sientan a una mesa en la que están en juego los derechos de trabajadores de esos colectivos?

Demasiadas disfunciones para que pueda decirse que existe una representatividad real y el apuntalamiento de figuras débiles, como ahora la de Díaz Ferrán,  abunda en el mismo sentido. Probablemente, los dirigentes de algunos sindicatos “de clase” piensen que les están haciendo un favor con el mantenimiento de esa situación pero no es así. Si la situación actual se prolonga, podrían caer víctimas de una disfunción llevada al extremo y que lleve a una ruptura completa. Un ejemplo reciente: Aunque no es esto muy habitual, como consecuencia del proyecto de ley “ómnibus”, las protestas de los taxistas, principales afectados, se dirigieron a uno de los sindicatos “más representativos” al que le llenaron de pintadas su fachada. Este tipo de fenómenos podría extenderse a medida que aumentan las cifras de desempleo y cada vez más colectivos, incluyendo entre ellos el macrocolectivo de los desempleados, se ven abandonados a su suerte y dejan de aceptar una situación que se está llevando al límite, es decir, el cada vez mayor distanciamiento entre la representatividad nominal otorgada graciosamente y la real.

Con más de cuatro millones de parados, la insistencia en centrarse en proteger a los “clientes” propios, es decir, a los trabajadores en activo que son los que votan en las elecciones sindicales, y olvidarse del resto recuerda mucho a la frase atribuida a la denominada en España con el alegre nombre de María Antonieta, reina de Francia y esposa de Luis XVI que, cuando alguien le comentó que las masas protestaban porque no tenían pan, replicó “Que coman pasteles”.

Para los desempleados que protestan por el pan, la defensa a ultranza del coste del despido, intentos como que sea el trabajador quien decida en caso de despido improcedente y, en general todos aquellos intentos destinados a blindar la situación de los hoy más afortunados, blindaje que dificulta su propia posibilidad de acceder a un empleo, sonarán sin duda al “que coman pasteles” de María Antonieta. Que una estructura de representación sindical que hace agua por todas partes concluyese como la infortunada María Antonieta no sería buena noticia porque, si no se anticipa la reacción a esa posible ruptura, pasaríamos de una situación de una más que dudosa representatividad a otra situación de vacío total, es decir, de ausencia de interlocutores para tratar temas muy importantes y que no son necesariamente los que gobiernos y sindicatos verticales se empeñan en imponer.

Para evitar que esto ocurra, no se debe perseverar en el error sino evitar el divorcio entre la representación nominal y la real y, por supuesto, evitar las trampas en el solitario que significan forzar la permanencia de una figura debilitada como la de Díaz Ferrán a la cabeza del “enemigo”. Motivos ha dado para el relevo y afirmar que no volaría en su propia empresa porque ha habido huelgas no es el menor de ellos.

Diciembre 24, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Seguridad aérea, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

Una de historiadores (publicada en “Mach82″ con el título “Sobre las dificultades de la investigación”)

El verano es una época propicia para la lectura y eso tiene una ventaja: A veces, lecturas sobre temas que son totalmente ajenos a la actividad habitual pueden arrojar luz sobre ésta.

Este año cayó en mis manos el libro de Stanley Payne dedicado a la época franquista y, una vez más, me resultó inevitable preguntarme por qué todos los investigadores de la historia reciente española mienten a pesar de ser ésta la etapa más documentada por razones obvias.

Hay que aclarar, en primer lugar, que los historiadores, salvo los peores, no suelen mentir falseando los hechos sino que existen varias formas de deformar la realidad cuyo grado de voluntariedad es diferente en cada caso:

El historiador parte de una posición política previa a la que quiere favorecer estableciendo paralelismos con la época o los hechos que analiza. Con este objetivo, cuenta con varios instrumentos:

  • Eliminar de su análisis aquellos hechos que podrían llevar al lector hacia unas conclusiones distintas de las que pretende el historiador. Es la mentira por omisión.
  • Aunque no se eliminen los hechos, resaltarlos o quitarles importancia tanto por colocación en el texto como por extensión y nivel de detalle utilizados de forma que la conclusión siempre vaya en línea con su tesis inicial. Para ello se eleva la anécdota a categoría o viceversa.
  • Ayudar al lector incluyendo interpretaciones de los hechos que, tras la selección de los mismos con los dos procedimientos anteriores, sean difícilmente discutibles. Las interpretaciones pueden aparecer como objetivas y ecuánimes pero la trampa es previa y se encuentra en que tales interpretaciones están realizadas sobre hechos cuidadosamente seleccionados.
  • El historiador confunde la objetividad con la equidistancia: En este caso, su particular forma de resistir a las presiones es ceder a todas ellas. En lugar de evaluar hechos, los cometa quien los cometa, evalúa a las partes y hace un intenso esfuerzo por permanecer equidistante de dichas partes en nombre de una supuesta ecuanimidad. Un historiador español llegó a señalar en el título de su libro, como si eso fuera un elogio, que su historia de España no iba a gustarle a nadie. Tenía razón…pero eso no significaba que su análisis fuera correcto.
  • Por último, se da el caso en que el historiador no es un historiador sino que ha vivido lo ocurrido en una de las partes y cuenta su experiencia particular ignorando si en el otro lado se daban situaciones parecidas. Es difícil criticar la posición de alguien que, por diversas circunstancias, se ha visto forzado a vivir situaciones trágicas o pretender una ecuanimidad en su posición.

Este fenómeno, que es claramente reconocible cuando se habla de historia, aparece en todo tipo de investigaciones donde puedan concurrir intereses a menudo contrapuestos con sus presiones correspondientes y, por ello, es esperable que nadie quede completamente satisfecho. Al mismo tiempo, la insatisfacción general no puede considerarse nunca como criterio de objetividad, ecuanimidad y como indicador, en suma, de haber hecho un buen trabajo. En el peor de los casos, podría ocurrir que todos los críticos tuvieran razón.

El criterio de “todo lo que se dice es cierto” no basta en ninguna investigación en la que entren en juego intereses políticos, económicos, empresariales o de cualquier otro tipo incluido el periodístico que, en manos de algunos, se resiste a que la verdad le estropee un buen titular. No entremos ya en casos de manifestaciones públicas dirigidas por la más supina de las ignorancias o de las desidias en el terreno documental.

Son demasiadas las situaciones en que, antes de que abra la boca o escriba una línea alguien, sabemos qué es lo que va a decir o escribir porque también sabemos cuáles son sus querencias, sus carencias o sus fuentes de presión. Si ese “alguien” ejerce como una mera correa de transmisión de intereses y presiones propios o ajenos, podemos ahorrarnos su lectura del mismo modo que, en muchos libros de historia, basta el nombre del autor para prescindir de su lectura. Se conoce el contenido antes de abrirlo.

La independencia del investigador en cualquier ámbito no garantiza la existencia de un buen criterio pero la dependencia sí garantiza que ese buen criterio, en caso de existir, será anulado por las presiones de distinto tipo que se puedan producir.

Las críticas no pueden inducir a un alegre “Ladran, luego cabalgamos” pero, al mismo tiempo, no se puede realizar una investigación centrada en el “qué dirán” intentando que nadie quede demasiado insatisfecho. En el ámbito de la historia, Stanley Payne es un autor al que tengo en alta estima. Sus fuentes no son necesariamente mejores que las utilizadas por otros pero se aprecia claramente que no toma partido y eso no significa el cultivo de la equidistancia o el intento de no molestar demasiado a alguien con poder suficiente para perjudicar al investigador.

No utiliza una obra para halagar o criticar a los actores que aparecen en ella ni menos aún para autojustificarse de errores u omisiones cometidos en obras anteriores y ésa, no el cultivo de la equidistancia, es la fuente de objetividad.

La diferencia real de este autor con otros es que evalúa hechos y no autores. No hay una doble vara de medir ni se enfatiza o disminuye la importancia de los hechos en función de quién los perpetre. Por desgracia, algo tan elemental como esto es poco frecuente, en historia y en muchos otros ámbitos.

Para que un proceso investigador aporte algo, además de conocimientos y documentación, es precisa una disposición clara a meter el dedo en el ojo de quien haga falta. A veces en el propio.

Diciembre 22, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Seguridad aérea, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

“Camino de servidumbre” de Friedrich A. Hayek

“Camino de servidumbre” es considerado por algunos como la biblia del liberalismo. Es un libro que tiene varias cosas sorprendentes:

En primer lugar, fue escrito en 1944, por un autor nacido en Viena pero acogido en Inglaterra donde vivió la II Guerra Mundial y que, con este libro, haría su primera incursión en el pensamiento político puesto que su ámbito de especialización era la economía.

Los dos ejes sobre los que gira toda la argumentación del libro son los siguientes:

  1. El nazismo y el fascismo no son una rareza sin raíces históricas ni una doctrina opuesta al socialismo sino que, por el contrario, constituyen una evolución lógica de éste con el que comparten muchos puntos de vista.
  2. La situación de la Inglaterra de 1944 tenía bastantes paralelismos con la Alemania de dos décadas antes, una Alemania en la que el nazismo habría resultado impensable, y existía el riesgo de que Inglaterra pudiera finalizar recorriendo un camino ideológico similar al alemán.

Desde la perspectiva de un lector actual, algunos peligros parecen ya conjurados y, en ese sentido, parecería que el libro carece de actualidad. De hecho, Hayek dedica gran parte del libro a atacar el colectivismo o planificación centralizada mostrando distintas derivadas que convierten a esta doctrina en una negación completa de la libertad individual en todos los ámbitos imaginables.

Precisamente es éste uno de los puntos de contacto principales que encuentra entre socialismo y nazismo, es decir, su querencia por un Estado totalitario. Además, Hayek, a través de numerosas citas de personajes de la época, mostrará como las fronteras entre ambas doctrinas eran muy permeables y los mismos personajes han podido pasar de uno a otro lado con relativa facilidad, cosa que no ocurría con los pensadores liberales.

Esa sensación de que el tiempo de este libro ha pasado contrasta con el hecho de que es un título que es cada vez oído con más frecuencia obliga a preguntarse por qué y, aunque haya partes del libro claramente desfasadas, aparecen otros elementos que dotan de una nueva actualidad al título de Hayek.

Hasta hace pocos años, la diferencia entre los partidos socialistas y partidos conservadores, sin que a los conservadores se les pueda atribuir la etiqueta de liberal como mostrará Hayek, podían considerarse relativamente escasas y, al margen de la dialéctica para consumo partidario en cada caso, se reducía a pocos elementos:

Los socialistas, aunque habían abandonado hace tiempo la idea de planificación centralizada, siempre han mantenido una querencia por la utilización del Estado como motor de la economía; esto implicaba detraer recursos de los bolsillos particulares en forma de impuestos para financiar infraestructuras y servicios públicos.

Los conservadores, por su parte, se encontraban más cercanos a la “mano invisible” de Adam Smith y pensaban que no hay nadie capaz de usar el dinero propio con tanta sabiduría como uno mismo y, en consecuencia, patrocinaban la doctrina del laissez faire.

Salvo en los casos de posiciones políticas extremas, ninguna de las dos posiciones tendría en principio por qué resultar repugnante y, así, surgiría el fenómeno de alternancia en el poder con una mayoría inclinándose hacia uno u otro lado en función de contingencias o situaciones de una época específica.

Habría que añadir que el concepto de liberalismo de Hayek no coincide en absoluto con el modelo conservador de un Estado pasivo ni, por supuesto, con el modelo socialista de un Estado hiperactivo aunque no llegue a los modelos colectivistas del pasado.

Hayek señala expresamente que no hay nada en los principios básicos del liberalismo que hagan de éste un credo estacionario; no hay reglas absolutas establecidas de una vez para siempre. El principio fundamental, según el cual en la ordenación de nuestros asuntos debemos hacer todo el uso posible de las fuerzas espontáneas de la sociedad y recurrir lo menos que se pueda a la coerción, permite una infinita variedad de aplicaciones. En particular, hay una diferencia completa entre crear deliberadamente un sistema dentro del cual la competencia opere de la manera más beneficiosa posible y aceptar pasivamente las instituciones tal como son. Probablemente, nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el principio del “laissez faire”.

Este párrafo tiene claras resonancias en el momento actual en que aún no se ha salido de una crisis financiera global, acentuada en España por la torpeza de gobernantes actuales y pretéritos, donde reguladores y auditores no han hecho su trabajo y han dado lugar a una situación de riesgo sistémico.

Sin embargo, aunque pinceladas como ésta se encuentren de plena actualidad ya que, si algo ha quedado claro es que ni el colectivismo ni el laissez faire funcionan, tendríamos que preguntarnos qué ha ocurrido o qué está ocurriendo en estos últimos años para que las referencias a Hayek estén creciendo como lo hacen en este momento. Baste como dato que la edición sobre la que se basa este comentario es una reimpresión de este mismo año lo que implica que el libro sigue siendo demandado.

Después de leerlo entero, cosa no muy difícil puesto que tiene 287 páginas de formato reducido dejando aparte las de referencias, he encontrado que las ideas que señalaba al principio como ejes centrales del libro no me dicen nada pero, al mismo tiempo, encontraba tantos elementos, como la transcripción literal más arriba, directamente aplicables al momento presente que casi he gastado un rotulador entero subrayándolo.

Es difícil que el marco global en que se sitúa el libro no sea actual y, sin embargo, muchísimas de las conclusiones particulares sí lo sean y sólo se me ocurren tres posibles opciones para que así suceda:

  1. Casualidad; Hayek observó fenómenos que se dan también hoy sin que tenga ninguna relación el contexto en que se producían entonces con el actual.
  2. Incoherencia de la política actual: Hayek extraía unas conclusiones que partían de unos principios y, a pesar de que éstos puedan haber desaparecido, el modelo de actuación de los partidos –específicamente, de los partidos socialistas- no se ha modificado con respecto al anterior y, como la gallina decapitada, han continuado corriendo sin cabeza.
  3. Hayek está equivocado y el modelo que da lugar a la actuación política no es el colectivista, es decir, Hayek ha captado acontecimientos pero no ha sido capaz de desentrañar la dinámica real debajo de los movimientos políticos.

La primera opción no encaja. Hayek no actúa como los adivinos lanzando anzuelos en distintas direcciones para ver por dónde acierta sino que siempre funciona en la misma dirección: La de avisar de un creciente poder de un Estado que quiere imponer sus propias normas a expensas de la libertad individual y donde la propaganda y el favoritismo de los colectivos afines al poder son los factores que marcan la pauta. Aunque Hayek veía estos fenómenos como resultado de una economía colectivista, nos encontramos en una situación donde los supuestos efectos son visibles pero no la causa a la que atribuye Hayek éstos.

La hipótesis de la incoherencia parece atractiva, sobre todo cuando se observa como partidos anteriormente colectivistas apuntan tendencias como las señaladas por Hayek, en particular, una férrea disciplina interna y una utilización de la propaganda donde el respeto a la verdad es cuestionable porque tal respeto se subordina a los fines del partido:

Con el esfuerzo deliberado del demagogo hábil, entra el tercero y quizá más importante elemento negativo de selección para la forja de un cuerpo de seguidores estrechamente coherente y homogéneo. Parece casi una ley de la naturaleza humana que le es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio a un enemigo, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva.

…Si todas las fuentes de información ordinaria están efectivamente bajo un mando único, la cuestión no es ya la de persuadir a la gente de esto o aquello. El propagandista diestro tiene entonces poder para moldear sus mentes en cualquier dirección que elija y, ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a aquella influencia si quedan por mucho tiempo aisladas de todas las demás fuentes informativas.

Aunque este fenómeno sea claramente reconocible, es difícil de sostener la idea de incoherencia cuando, en casos como el español, el partido socialista renunció al marxismo, y por tanto, al colectivismo hace alrededor de treinta años y algo similar podría decirse de partidos como el socialista francés o el laborista británico. Podría sostenerse la incoherencia como hipótesis si el abandono del colectivismo hubiera sido relativamente reciente y los partidos tuvieran una inercia de funcionamiento interno. Treinta años después no tiene sentido sostener la incoherencia como hipótesis.

Por exclusión, tendríamos que llegar a la conclusión de que Hayek estaba equivocado, es decir, que ha identificado unos efectos y que éstos, dada la coherencia interna, proceden de algún punto común pero éste no es el colectivismo:

Uno de los puntos que ha permanecido a lo largo del tiempo, incluso después de desaparecida la tentación colectivista, es una concepción de igualdad no aplicada a las oportunidades sino a los resultados y posiblemente ésta sea una raíz mucho más profunda que el colectivismo y que conduce a iguales resultados a los que Hayek atribuye a este último.

El establecimiento de una igualdad en los fines implica o bien una degradación de éstos para ponerlos al alcance del menos dotado –como ocurre en el sistema educativo- o bien la implantación de una discriminación en los medios para asegurarse de que todos llegan hasta el mismo punto, como ocurre con las llamadas discriminaciones positivas y los sistemas de cuotas.

Esta visión de la igualdad entendida sobre los efectos en lugar de serlo sobre los medios implica arrebatar al ámbito de la libertad individual una parte de su libertad de acción a favor de la intervención estatal dirigida por los criterios de la clase política y éste, no el colectivismo, es el origen de los problemas que denuncia Hayek.

La doctrina liberal no implica la retirada del Estado sino que su intervención va dirigida a asegurar por todos los medios que existe la igualdad en cuanto a los medios pero no establece metas determinadas a las que deban llegar todos salvo en lo que se refiera a unos mínimos básicos que deban ir cubiertos por los mecanismos de protección de cada Estado. La doctrina socialista, antes colectivista, prefiere la intervención directa para asegurar que todos llegan a un punto predeterminado aunque, para ello, se tengan que violar la igualdad en los medios y el ámbito de la libertad individual.

Hayek señalaba que, una vez que se retira del individuo la capacidad de actuar conforme a lo que cree que le resulta más conveniente, la implicación directa es que el Estado debe realizar ese juicio por cuenta del individuo y decidir qué es lo mejor o cuál es el bien general ya que la decisión individual sobre su propio bien ha dejado de ser un criterio válido.

Aunque esto era referido a la toma de decisiones económicas en el marco de un sistema de planificación centralizada, el planteamiento es perfectamente válido cuando lo aplicamos a la doctrina socialista sobre la igualdad y a sus consecuencias sobre la libertad individual, aunque no exista una planificación económica centralizada.

Este modelo de igualdad defendido desde posiciones socialistas ha cambiado en muchos entornos los conceptos de qué es deseable y qué es rechazable:

No podemos censurar a nuestros jóvenes porque prefieran una posición asalariada segura mejor que el riesgo de la empresa…la generación más joven de hoy ha crecido en un mundo donde, en la escuela y en la prensa, se ha representado el espíritu de la empresa comercial como deshonroso y la consecución de un beneficio como inmoral, y donde dar ocupación a cien personas se considera una explotación pero se tiene por honorable el mandar a otras tantas.

Este modelo de igualdad en las metas ha modificado, por tanto, el ámbito de la decisión individual y, además de esta influencia indirecta, hay otra directa por la que las decisiones que cada uno tomaría en sus ámbitos de competencia pasarían a ser tomadas por una elite política que decidiría sobre qué es bueno y qué es malo para cada cual estableciendo todo un sistema de preferencias y determinando la existencia de grupos favorecidos y otros perjudicados por el poder.

La misma palabra verdad deja de tener su antiguo significado. No designa ya algo que ha de encontrarse, con la conciencia individual como único árbitro para determinar si en cada caso particular la prueba (o la autoridad de quienes la presentan) justifica una afirmación; se convierte en algo que ha de ser establecido por la autoridad, algo que ha de creerse en interés de la unidad del esfuerzo organizado y que puede tener que alterarse si las exigencias de este esfuerzo organizado lo requieren…

…El principio de que el fin justifica los medios se considera en la ética individualista como la negación de toda moral social. En la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve “al bien del conjunto”, porque “el bien del conjunto” es el único criterio para él de lo que debe hacerse.

Es aquí donde entraría el riesgo mencionado por Hayek cuando mencionaba que el nazismo surgía como un producto lógico del socialismo y no como un accidente histórico. Podríamos interpretar como un principio de acción y reacción anécdotas como el rearme –real, nada metafórico- de grupos paramilitares en Estados Unidos tras la elección de Obama o la deriva hacia posiciones de extrema derecha que se produce en algunos colectivos en otros países con gobiernos que entienden la igualdad como algo a aplicar sobre los objetivos.

Hayek explicaba la aparición del nazismo partiendo de posiciones socialistas en estos términos:

El conflicto entre el fascista o el nacionalsocialista y los primitivos partidos socialistas tiene que considerarse, en gran parte, como uno de aquellos que es forzoso surjan entre facciones socialistas rivales. No había diferencia entre ellos en cuanto a que la voluntad del Estado debía ser quien asignase a cada persona su lugar en la sociedad…pero, mientras los viejos partidos socialistas o las organizaciones laborales dentro de ciertas industrias no encontraban, generalmente, mayores dificultades para llegar a un acuerdo de acción conjunta con los patronos en sus respectivas industrias, clases muy amplias quedaban marginadas. Para ellas, y no sin alguna justificación, las secciones más prósperas del movimiento obrero parecían pertenecer a la clase explotadora más que a la explotada.

Aunque el libro está escrito en 1944, resultaría difícil no reconocer este párrafo como una descripción de una situación en que las elites sindicalistas toman decisiones cada vez más ajenas a sus propios problemas, más derivados de cuestiones como posicionamientos políticos, y cómo bajo el epígrafe de la “defensa de los trabajadores”, se defienden los derechos de aquéllos que se encuentran en una posición más favorecida arrojando al resto, las “clases muy amplias marginadas”, a una situación de desesperación que no puede cubrirse por los mecanismos de protección del Estado una vez superado un límite.

La rebelión nazi no se generó en una clase burguesa sino en una clase trabajadora que se sintió maltratada por el poder que tenía “SU” propia clase trabajadora a la que mimaba en detrimento del resto.

Cuando examinamos las prácticas actuales, es fácil ver cómo se producen acciones que podrían inscribirse en el ámbito de la propaganda como el tratamiento favorable de grupos organizados cuanto más ruidosos mejor o la concesión de derechos o el tratamiento como tales de factores muy visibles pero que afectan poco al funcionamiento real de la sociedad.

Con estas prácticas, puede venderse con cierta facilidad una idea de progreso en el ámbito de la libertad individual, utilizando como propagandistas propios a los grupos favorecidos por el poder que, a cambio de los favores recibidos, se dedicarán a vender las excelencias del gobierno a quien tanto le deben.

Una utilización hábil de la propaganda, incluyendo factores como los apuntados, puede disfrazar temporalmente una situación donde el mantenimiento de los privilegios de los afines implique el desamparo de amplias capas que, sencillamente, son ignoradas haciendo que su descontento suba hasta provocar una situación explosiva.

No es necesario, como señala Hayek, una política de planificación centralizada para que estos efectos se produzcan como se produjeron en Alemania dando lugar a uno de las dos grandes catástrofes humanas producidas en el siglo XX. Lo que sí es necesario es una pérdida de respeto por el concepto de que cada uno es quien mejor sabe qué es lo que le interesa o, en los términos de Hayek, averiguar cuál puede ser el mejor uso de las fuerzas espontáneas que se encuentran en una sociedad libre y otra pérdida de respeto igualmente grave con el concepto de igualdad de oportunidades en aras de una hipotética igualdad en los resultados.

La situación explosiva resultante de estos factores más que del colectivismo conduciría como una evolución al nazismo. Hoy, la situación de bastantes países conducidos con idénticos criterios tiene también muchos elementos explosivos. No está presente, como ocurría en el caso alemán, la situación producida tras la derrota en la I Guerra Mundial y la ruina consiguiente pero, a cambio, existen otros elementos nuevos que, en nombre de un relativismo incluso en temas de derechos humanos básicos vendido como respeto al otro, están permitiendo que se produzca una situación como la descrita por Gibbon en su obra The Decline and Fall of Roman Empire.

A estas alturas, los resultados del colectivismo o, en general, de cualquier forma de planificación económica centralizada son suficientemente conocidos como para que puedan representar una amenaza seria y sólo un sectarismo o un desconocimiento extremos de algún dirigente político clave podrían conducir a la reaparición de un peligro ya desaparecido. Sin embargo, no puede decirse lo mismo del concepto de igualdad sustentado por los otrora colectivistas:

Una igualdad entendida como algo a perseguir en los resultados en lugar de hacerlo en los medios y que, en consecuencia, trate de forzar que todos obtengan lo mismo y no que todos tengan iguales oportunidades de obtener algo, no necesariamente igual, y que se definirá por la capacidad, el trabajo y la suerte de cada uno  tiene aún hoy fácil venta bajo la falsa etiqueta de idealismo pero su puesta en práctica produce idénticos efectos a los del colectivismo ya que, al igual que éste, obliga a forzar una desigualdad en los medios desde las posiciones dirigentes. El punto hasta donde cada uno puede llegar no dependerá ya de capacidad, de trabajo y ni siquiera de suerte sino de la sacrosanta voluntad del funcionario o político al que se ha otorgado el poder de decisión sobre ese punto en particular.

Adórnese ese concepto de igualdad con una habilidad propagandística bien desarrollada, unos grupos de interés fieles y un relativismo extendido incluso a temas que entran en el ámbito de los derechos humanos y tendremos una síntesis de la situación actual…o tal vez de la que Hayek denunciaba en 1944 y con unos peligros parecidos a los de aquella época si no superiores, al menos en algunos apartados.

Diciembre 9, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

El Watergate climático o “Climategate”

¿Será casualidad que coincidiendo con el estallido del escándalo, Al Gore ha excusado su asistencia a uno de sus actos modelo telepredicador en la Cumbre de Copenhague?

Había razones más que suficientes para tener dudas sobre que el calentamiento global fuera global y, además, que estuviera generado por la actividad humana pero el estallido del Climategate levantado por el Washington Post con un artículo titulado In the trenches on climate change http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2009/11/21/AR2009112102186.html?nav=hcmodule ha alcanzado resonancias similares a las que tuvo el caso Lysenko cuando, por decreto, se estableció que los geneticistas estaban equivocados porque así lo requería la visión oficial “progresista” de la ciencia. En todo lo relativo al calentamiento global, nos hemos encontrado con algo similar: Las voces discrepantes han sido enviadas a las tinieblas exteriores e incluso en lugares como Youtube pueden encontrarse posiciones de particulares sobre la versión “oficial” como la recogida aquí:  http://factorhumano.wordpress.com/2007/11/22/calentamiento-global-¿realidad-o-ficcion/

No se puede decir que  no hubiera indicios de que, bajo todo el ruido mediático, estaba latiendo algo que más se parecía a una religión o a un credo político que a una posición científica. Aquí mismo pueden encontrarse algunas referencias a contracorriente como la Guía políticamente incorrecta del calentamiento global http://wp.me/p2htU-3X o un curioso libro extensísimamente documentado con referencias científicas de Michael Crichton titulado State of Fear o incluso el Planeta azul, no verde de Vaclav Havel http://wp.me/p2htU-7C .

Lo que deja claro el asunto ahora levantado por el Washington Post es que hay un lobby de personajes que se han hecho multimillonarios con el espantajo del cambio climático y, como sucede siempre que se mezclan el oportunismo político, económico o ambos en cuestiones científicas, al final quien sale perjudicada es la ciencia misma.

El hecho de que se haya estado ocultando información que apuntaría en sentido contrario al supuesto calentamiento global producido por la actividad humana, que esto fuera descubierto hace meses por un hacker y que medios como la propia BBC no se hayan atrevido a publicar esta información porque saben que les iban a echar encima los perros mediáticos es muy grave. Se han desviado durante años ingentes cantidades de dinero que habrían sido mejor utilizadas para otros fines -por ejemplo, paliar el hambre o las enfermedades- y que han ido a parar a objetivos inútiles cuando no a los bolsillos de los promotores del invento.

El que se haya descubierto a esta panda de “megachorizos” capitaneados por su apóstol dedicado a dar conferencias multimillonarias debería invitar a que, de una vez, todo lo relativo al cambio climático, real o inventado, natural o generado por la actividad humana se trajera de nuevo al terreno de donde nunca debió salir, esto es, al científico y no permitir que los políticos metan ahí las manos.

Hasta ahora, lo único que sabemos de cierto con respecto al entorno es una verdad muy simple: Cuanta menos mierda le echemos encima, mejor. La película del cambio climático en los términos presentados por los ahora descubiertos es “una verdad incómoda” pero no la que ellos nos han estado vendiendo. La Real Academia Española tiene un bonito lema “Limpia, fija y da esplendor” y los propagandistas han tratado por todos los medios de fijar y, sobre todo, de dar mucho esplendor. Ahora toca limpiar.

Diciembre 4, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

Crucifijos en las escuelas públicas, sensibilidad e hipersensibilidades

Partamos de un hecho: Estamos en un estado laico. A partir de ahí, y sin que esto represente el menor atentado o falta de respeto a la libertad religiosa, podría esperarse razonablemente que las instalaciones públicas no exhibieran signos externos de ningún culto. Cierto que, a pesar de la laicidad del Estado, existe una mayoría católica en España pero, si se me permite la irreverencia, la razón de la mayoría podría igualmente justificar el que en instalaciones públicas pudieran exhibirse posters de equipos de fútbol.

Los centros privados son otra cosa; tienen su ideario y, por tanto, colocan los símbolos que les apetece aunque, gracias a la ausencia de libertad de elección de centro, en España tenemos todavía una complicación más: Los centros concertados. Si en lugar de un sistema de baremos, cada uno pudiera elegir el centro en que escolariza a sus hijos público o privado, no tendría razón de ser el invento de los colegios “concertados”, una especie de híbrido de propiedad privada y financiación pública que, si desapareciera y se permitiera la libertad de elección, desaparecerían muchos problemas.

Dicho esto, tengo que añadir también que, aunque los crucifijos no sean santo de mi devoción -nunca más adecuada la expresión- tampoco me molestan. Entiendo que haya personas que puedan tener una sensibilidad más exquisita que la mía pero ya fastidia que los excesos de sensibilidad siempre vengan por los mismos sitios.

Al parecer, los crucifijos son muy ofensivos para las sensibilidades exquisitas pero, en cambio, todos nos tenemos que conformar con la ausencia de libertad para la elección del centro donde escolarizar a nuestros hijos y optar por el centro público o concertado que nos toque u optar por un centro privado…sin dejar por ello de financiar el sistema público de enseñanza que no usamos.

Hace sólo dos días se armó el gran escándalo porque un obispo dijo una misa con una bandera preconstitucional detrás. Añadiré que a mí también me molestó, no sólo la bandera sino la conversión de un homenaje a las víctimas de la masacre de Paracuellos en un aquelarre de la extrema derecha. Las víctimas de la guerra, se hayan producido en Paracuellos o en los bombardeos masivos de Guernica o Cabra, son víctimas de todos y es impresentable que alguien las pretenda patrimonializar políticamente.

No obstante, no era éste el motivo por el que se escandalizaban los “hipersensibles oficiales” sino porque el uso de la bandera preconstitucional implicaba una exaltación del franquismo. Aceptémoslo pero, cuando esos mismos escandalizados sacan de paseo de vez en cuando algo tan preconstitucional como la bandera republicana pierden toda legitimidad para la protesta. La defensa de la república como forma de Estado es perfectamente legítima, tanto más vista la cuestionable utilidad de la monarquía, pero la bandera de la II República española nos retrotrae a una de las épocas más negras de nuestra historia reciente. Si lo que quieren es demostrar su querencia republicana, no necesitan cambiar de bandera pero, si quieren hacerlo, pueden utilizar la de la I República…¿o lo que se pretende no es manifestar la adhesión a la república como modelo de Estado sino a ESA república?

No es éste el único caso. Hace escasos días, el uso de la palabra “equidad” ha sido interpretado por algunos políticos nacionalistas como “un ataque a Cataluña”. ¿Cabe mayor despropósito?

Volviendo al punto de inicio, creo que hay razones objetivas para que no existan símbolos religiosos en las instituciones públicas de un Estado laico pero, cuando la protesta más ruidosa al respecto viene de gente que aprecia por encima de todo la ley del embudo, como en los casos comentados, al igual que Woody Allen decía que al escuchar a Wagner le daban ganas de invadir Polonia, a mí me dan ganas de decir misa desde el balcón de San Pedro.

Diciembre 4, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

¿Hablamos de piratería o hablamos de falta de habilidad comercial y de robo?

Comenzaré por admitir que no me inspira la menor simpatía la SGAE. Un organismo que se supone que gestiona los derechos de autor sin que jamás se haya conocido cuáles son los criterios de reparto es digno de toda sospecha y, por mucho que se autodenominen “la gente de la cultura” y tengan el favor del gobierno, la razón para la sospecha existe. Por añadidura, esa sospecha se transforma en certeza cuando se han presentado con su particular “cobrador del frak” pretendiendo cobrar derechos de autor de obras en las que tales derechos no se le podían transmitir a nadie como, por ejemplo, en unas sevillanas del siglo XVI.

También hay que admitir que no es justo pedirle a alguien que desarrolle un tipo de actividad, sea musical, cinematográfica, literaria o lo que sea, renuncie al producto de su obra y que ésta pueda estar accesible para todos by-fhe-face. Dicho de otro modo, autores sí pero bandas de chorizos, con o sin patente de corso gubernamental, no.

No voy a negar -ni afirmar porque nunca se sabe hasta dónde puede llegar la cosa- que haya hecho descargas por la red. Sin embargo, sí tengo que decir que me encuentro entre los muchos que preferirían que hubiera un lugar de Internet desde el que se pudiera tener acceso virtualmente a cualquier obra , con una buena calidad de audio o video, y a un precio razonable antes que  recurrir a una descarga gratuita donde, a menudo, una descarga de Bambi puede concluir habiéndose descargado una película de porno duro. Ahí sí tengo que admitir que, como una broma para adolescentes, cambié en una ocasión el nombre a una canción poniéndole un título tan atractivo para ese colectivo como The whore who gave birth to them supuestamente interpretada por uno de los conjuntos de moda y, sin embargo, el fichero era una conocida canción española sobre las aventuras de un toro de especial belleza :-)

Es difícil ponerle puertas al campo y, por mucho que un gobierno se empeñe en favorecer a sus incondicionales, siempre van a existir programas de ocultación de IP de modo que no se sepa quién está descargando material. En el terreno literario, la aparición del libro electrónico -aún caro y pequeño pero eso cambiará- también va a suponer una innovación importante: Un libro bajado de la red va a ser más fácil de leer en una pantalla mucho más cómoda que la del ordenador y, por tanto, puede representar una amenaza para el libro de papel comprado en la librería.

Sin embargo, una cosa es la dificultad de control y otra cosa es que ésta deba consagrar un principio según el cual no se respeta la propiedad intelectual de los autores. Insisto en que este principio de respeto no es trasladable a las entidades gestoras, dignas de toda sospecha cuando no de certeza.

Lo que está fallando en todo esto es la habilidad comercial y la capacidad para explotar nuevos canales de venta. Ya hay portales de música que permiten descargar legalmente y a bajo precio música en formato MP3 pero esto, y lo mismo referido a películas o libros, tendría que generalizarse mucho más. Una calidad garantizada junto a servicios como poder escuchar la música o ver las películas seleccionadas en cualquier parte y a través de Internet podrían representar un incentivo importante.

Ahora mismo, tenemos presentes dos modelos de negocio opuestos: El de Microsoft y el de Google. Microsoft está cobrando por algo que Google da gratis y, sin embargo, esto no significa que Google no obtenga beneficios e incluso la próxima aparición del Chrome OS y la posible liberación que muchos sentirían abandonando el Windows es algo que preocupa seriamente a Microsoft.

¿Por qué se empeñan en unos formatos que cada día van a resultar más marginales en lugar de utilizar la red como un lugar preferente de venta? ¿Por qué en lugar de perseguir algo que no van a poder perseguir, pese a quien pese, no cambian sus modelos comerciales? Pagar 20 euros por un DVD es un robo; bajárselo de las redes P2P evitando el pago, también.

Busquen canales de comercialización alternativos. La amenaza de cortar la conexión a Internet sólo puede favorecer a una ya odiada panda de corsarios -por aquello de la patente de corso concedida por el gobierno- a la vez que cabrea a muchísima gente. No es ése el camino.

Diciembre 2, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

“A conflict of visions: Ideological Origins of Political Struggles” de Thomas Sowell (Un conflicto de visiones: Orígenes ideológicos de las luchas políticas)

El texto es una reedición de 2007 de un texto escrito 20 años antes y en el que Sowell, con su brillantez habitual, trata del tema reflejado por el título. Lamentablemente los títulos de Sowell traducidos al español son escasísimos y, que yo sepa, éste no está entre ellos.

Lo primero que habría que decir es que éste es un libro que lleva, casi por obligación, a la lectura de Camino de servidumbre de Hayek en la misma forma que la lectura de Rousseau conduce inexorablemente a Platón.

La idea principal del libro es que existen dos modelos extremos de visión, a menudo ni siquiera completamente conscientes, a las que denomina limitada e ilimitada.

La visión limitada partiría de que las personas son como son y que no podemos intentar cambiarlas sino, a lo sumo, poner en marcha los procesos que les permitan vivir de la mejor manera posible interfiriendo lo menos posible con su iniciativa porque -y éste es otro punto crucial- nadie, por iluminado que pueda ser, tiene más conocimiento que uno mismo en las cosas que le afectan. En consecuencia, se trataría de permitir que fuera utilizado un conjunto de conocimientos no articulados que están en todas las sociedades y que constituyen un patrimonio que se puede perder si la iniciativa queda en manos de la “ingeniería social” con todos los efectos asociados o, en las palabras de Sowell, en la visión limitada, los beneficios de una civilización avanzada se derivan de una mejor coordinación social de fragmentos de conocimiento ampliamente dispersos, no del mayor conocimiento de un individuo. La visión limitada, por tanto, no se ocuparía de los resultados sino de asegurar que los procesos que conducen a éstos no queden entorpecidos.

El polo opuesto lo constituiría una visión ilimitada que cree en la posibilidad de una intervención directa y que está más movida por los resultados que por los procesos por los cuáles esto pueda ser conseguido. Esta visión tendría además una fe ilimitada en el conocimiento de las elites y de los líderes visionarios y de su capacidad para mover el mundo. En palabras de Sowell, la propia naturaleza humana es una variable y, de hecho, es la variable principal a cambiar. Los grandes obstáculos para conseguirlo son la oposición de aquéllos que se benefician del orden social actual y la inercia y ceguera de otros. Si estos obstáculos al progreso se van a derribar, ha de ser mediante el acuerdo, la inteligencia y la imaginación de aquéllos que son capaces de atisbar las posibilidades abiertas a la sociedad.

Los criterios básicos para distinguir ambos tipos de visión serían el lugar y el modo en que se toman las decisiones. Las decisiones sociales permanecen como tal pero se derivan de principios muy distintos. Las decisiones sociales son realizadas de modo deliberado por los elegidos para ello basado en modelos explícitamente racionalistas en el caso de la visión ilimitada. Por el contrario, las decisiones sociales evolucionan sistémicamente partiendo de las interacciones entre las decisiones individuales, ejercidas para el beneficio individual, en la visión limitada. Tales decisiones servirían al bien común sólo como un objetivo no buscado y como consecuencia de las características de procesos sistémicos como, por ejemplo, la competitividad en una economía de mercado.

Una identificación facilona nos llevaría a equiparar la visión limitada a la derecha política y la visión ilimitada a la izquierda. Sin embargo, la prueba de que esto no es así en rigor es el hecho de que movimientos como el nazismo o el fascismo quedarían claramente inscritos también dentro de esa visión ilimitada.

Éste es el punto de partida. Desde aquí, Sowell comienza a extraer conclusiones en distintos ámbitos y cómo esas conclusiones nos pueden traer de vuelta de la teoría política a la práctica. Algunos fragmentos lo mostrarán:

Sobre la política social

Es consistente con la visión ilimitada promer fines igualitarios por medios no igualitarios, dada la gran diferencia entre los que Mill lama “los más sabios y los mejores” y aquéllos que no han alcanzado todavía su nivel moral e intelectual. A la inversa, aquellos con visión limitada tienden a ocuparse menos con promover la igualdad económica y social y, en su lugar, se preocupan de los peligros de una desigualdad de poder y la producción consiguiente de una elite de racionalistas.

Sobre el propio país

Llevado al extremo, la visión limitada dice: “Mi país, tanto si acierta como si está equivocado” mientras que la visión ilimitada se coloca en un papel de ciudadano del mundo, dispuesto a oponerse a su propio país en palabras u obras. Patriotismo o traición se convierten así en una distinción sin significado en el caso extremo de la visión ilimitada mientras que, por el contrario, esa distinción es una de las principales y más poderosas en la visión limitada.

Libertad y justicia

En la visión ilimitada, para la que las intenciones y la justicia individual son centrales, es enormemente importante el hecho de que las recompensas individuales sean merecidas o sólo reflejen una situación de suerte y privilegio. Los líderes individuales y las políticas sociales deberían ser elegidas con vistas a su dedicación a la meta de finalizar privilegios y promover la igualdad y el mérito. Por el contrario, en la visión limitada, los procesos sociales deben ser juzgados por su capacidad para extraer el máximo beneficio social de las limitades posibilidades del hombre al coste más bajo posible. Esto significaría recompensar habilidades escasas y valiosas, incluyendo aquellas que podrían deberse a la fortuna o al hecho de haber sido cultivadas a expensas de padres prósperos.

Un proceso social que asegura igual tratamiento representaría la igualdad para la visión limitada, tanto si los resultados finales son iguales como si no. Igual tratamiento, según Hayek, no tiene nada que ver con el hecho de que la aplicación de unas reglas generales en una situación particular pueda conducir a resultados más favorables a unos grupos que a otros.

La visión limitada del hombre conduce a un concepto limitado de igualdad, entendida ésta como un proceso dentro de las capacidad del hombre y, en contraste con la definición de igualdad en razón de los resultados…El argumento no sería si es literalmente imposible reducir o eliminar casos específicos de desigualdad sino que los procesos creados para hacerlo puedan generar otras desigualdades, incluyendo algunas peligrosas, causadas por una expansión del papel del gobierno.

Para los partidarios de la visión ilimitada, estos riesgos son evitables cuando no ilusorios y, por tanto, detenerse en los procesos puramente formales es innecesario e inexcusable.

Muchos de los partidarios de la visión ilimitada con una apasionada oposición hacia la desiguadad medida por los resultados asumen que aquellos que se oponen a ellos deben ser favorables a la desigualdad de resultados, bien por razones filosóficas o por una cuestión de interés propio. En realidad, los partidarios de la visión limitada pueden estar apasionadamente dedicados a ciertos procesos como la libertad de elección y sólo secundariamente preocupados por el hecho de que tales procesos, diseñados para garantizar una iguadad de trato, puedan no producir iguales resultados para todos.

Libertad

La definición misma de libertad difiere entre las dos visiones. A pesar de la ausencia de restricciones legales, uno no es libre según la definición de la visión ilimitada “si no puede conseguir sus metas”…esta definición según los resultados de la visión ilimitada es anatema para los partidarios de la visión limitada en la cual la libertad es definida en términos de características del proceso.

Guerra

Loa partidarios de la visión ilimitada tienden a explicar la existencia y recurrencia de las catástrofes provocadas por el hombre en términos de malentendidos, en un sentido intelectual, o de emociones hostiles o paranoides que se supersonen a la racionalidad.

Los pasos a seguir por una nación que busca la paz para reducir la probabilidad de la guerra serían aumentar la influencia de los grupos de población más avanzados intelectual o moralmente, mejor comunicación con los enemigos potenciales, eliminación de la retórica militante, restricción en la producción de armamento o de alianzas militares que pudieran provocar contramedidas, limitar el énfasis del nacionalismo o patriotismo y negociar diferencias con potenciales adversarios como forma de evitar las posibles causas de guerra.

Los partidarios de la visión limitada ven la guerra en términos completamente diferentes. De acuerdo con su visión, las guerras son una actividad perfectamente racional desde el punto de vista de aquéllos que anticipan la posibilidad de obtener ganancias para ellos, su grupo o su nación aunque tal anticipación pudiera estar equivocada.

Desde esa perspectiva, los pasos para garantizar la paz y reducir la probabilidad de una guerra serían directamente opuestos y consistirían en aumentar el coste de la guerra para potenciales agresores mediante la preparación militar y alianzas militares, hacer consciente al público de los riesgos en tiempos de amenaza, promoción del patriotismo y disposición a luchar, confiar en el conocimiento de los adversarios del poder militar propio, negociar sólo desde una posición de fuerza y evitar todo tipo de chantajes que pudieran animar a chantajes posteriores y confiar más en el buen sentido y la fortaleza de la gente que en los moralistas e intelectuales más sensibles a las palabras y a las modas.

El delito

Los partidarios de la visión limitada enfatizan la prevención del delito o su castigo. Por el contrario, el partidario de la visión ilimitada no comprende cómo alguien puede cometer un delito terrible sin alguna causa distinta que la ceguera.

El concepto de rehabilitación y sus posibilidades es visto de una forma muy distinta en los dos casos. En la visión ilimitada de la naturaleza humana, la rehabilitación es un proceso de devolver a la persona a su más o menos natural condición de decencia. En la visión limitada, la decencia es más artificial que natural y, si no ha sido creada durante los años maleables de la niñez, es improbable que se cree después.

Creo que esto es suficiente para dar una idea del contenido del libro y, sin duda, hay muchos elementos fácilmente identificables en la actualidad política nacional e internacional que nos indican cuál es el modelo en que se mueven sus autores. Lo que Sowell llama visión ilimitada es equiparable en algunos contextos a lo que también se ha llamado buenismo en política, fenómeno del que los ejemplos son múltiples ahora y en el pasado.

La visión respecto de la guerra o de la eventual utilización de la violencia legítima por parte de un Estado tanto frente a terceros países como frente a la delincuencia pura y dura puede llevar a extremos peligrosos en cualquiera de las visiones. En el caso de la visión limitada extrema, se puede llegar a convertir un país en un campo de concentración con urnas, como estuvo muy cerca de ocurrir en los Estados Unidos de la época de McCarthy. En el caso de la visión ilimitada extrema, se puede llegar a convertir un país en una agrupación de pánfilos a los que les puede perder el respeto cualquier otro país e incluso cualquier banda de delincuentes con o sin coartada política.

Busque cada cual dónde se ve mejor reflejado y dónde ve mejor reflejados a distintos gobiernos.

Noviembre 30, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Libros y autores, Temas sociales y políticos | | Aún no hay comentarios

Iberia funciona así: Mira bien con quién vuelas

El pasado mes de junio tuve un serio problema con Iberia en un vuelo a Copenhague. Hoy encuentro en el buzón un talón de 100 euros con el que, al parecer, Iberia zanja la cuestión a pesar de haberles enviado justificantes por más del doble de gastos producidos por el extravío de una maleta con el equipaje de tres personas.

Como no merece la pena meterse en más líos, por lo menos vamos a darles la publicidad gratuita que merecen publicando aquí el texto de la reclamación. Juzgue cada uno si eso son 100 euros:

Subject: Re: Código Expediente: C09061-783166443
To:
IBERIA_LAE@correo.iberia.es

Adjunto les remito justificantes de gasto en ropa y farmacia durante los dos días que tardó en aparecer el equipaje. Asimismo, les incluyo copia de la reclamación efectuada en destino y de los billetes de las tres personas de las que se extravió el equipaje.

Me permito hacerles algunas puntualizaciones al margen de lo que puedan decir las normas internacionales al respecto:

En primer lugar, no voy a entrar a discutir ni la decisión del piloto de volver una vez iniciado el vuelo por avería del avión ni la calidad del mantenimiento. No tengo razón alguna para dudar de ninguno de estos extremos pero todo lo que vino a continuación fue una sucesión de despropósitos de la que el extravío del equipaje es sólo un episodio:

En un primer momento no se comunicó si se desembarcaría, a continuación se hizo sin avisar de una previsión de demora; cuando ésta apareció indicaba la salida a las 14.30 pero el embarque se iniciaba tres cuartos de hora antes lo que implicaba permanecer junto a la puerta. Cerca de las 14.30 -por supuesto, sin iniciar el embarque- se comunica un cambio de puerta que nos lleva a una considerable distancia de la inicial y sin alterar la hora de salida que, más tarde, sería modificada a las 15.00 con un supuesto embarque inmediato, después a las 15.50 y finalmente el avión saldría algo pasadas las 15.30.

Los sucesivos retrasos hicieron que los pasajeros tuvieran que permanecer junto a la puerta de embarque sin tener posibilidad siquiera de dar una vuelta, acudir a la cafetería o realizar cualquier actividad que, sin duda, sería más agradable que la espera de más de tres horas junto a la puerta.

Durante todo este tiempo, Iberia no sólo no se dignó dar un ticket de cafetería o similar sino que, una vez embarcados, la tripulación se comportó como si fuera un vuelo normal, entendiendo como tal un vuelo que salía a su hora y no uno que iba con casi cuatro horas de retraso por lo cual no hubo ni una palabra de disculpa e incluso ni siquiera se embarcó catering gratuito -creo que es lo mínimo dados los antecedentes que llevaba ya el vuelo- y lo cobraron también normalmente (les adjunto el ticket donde pueden ver el número de vuelo y la hora) e incluso la mención de “normal”.

Sólo cuando se estaba a punto de desembarcar y ante la evidencia de que un grupo numeroso de pasajeros podía perder un barco que salía de Copenhague, alguien se dignó por fin dar una breve disculpa.

Desconozco si los cambios de programación les obligaron a algo parecido a cazar a lazo a una tripulación pero el hecho es que la atención a bordo fue especialmente nefasta, quedando muy por debajo de los ya maltrechos estándares de Iberia y con detalles como no atender a un botón de llamada presionado repetidas veces durante más de media hora porque “no se habían dado cuenta”.

No voy a culparles de las absurdas políticas de seguridad de los aeropuertos pero sí creo que han de ser conscientes de que, dadas esas políticas, la trascendencia del extravío del equipaje es mucho mayor ya que obliga a incluir en el equipaje facturado elementos que, normalmente, irían en el equipaje de mano como, por ejemplo, medicamentos líquidos en nuestro caso. Gracias al extravío del equipaje, nos encontramos con la ropa puesta y con unos medicamentos que en España se adquieren en una farmacia sin receta pero en Dinamarca sí la precisan en el interior de la maleta.

Como consecuencia, una situación infantil que habitualmente está controlada concluyó con una visita médica en Gotemburgo para conseguir receta para un antibiótico (no he incluido la factura médica por haberse realizado ésta inmediatamente después de la aparición de la maleta).

Al parecer, Iberia se había propuesto amargar el viaje y en el regreso tuvimos también problemas con el peso del equipaje (28 kilos en una única pieza para tres personas) y, ante mi insistencia en que me indicasen dónde estaba la norma que indicaba un máximo por pieza de equipaje y que impedía que dos o más pasajeros pudieran agrupar su equipaje en una única maleta, me remitieron a unos vagos acuerdos con los sindicatos daneses pero a ninguna norma publicada por Iberia que haga explícito tal hecho.

La consecuencia es que en el mismo mostrador de facturación tuve que abrir la maleta y distribuir parte de su contenido en el equipaje de mano que, obviamente, pesaba a partir de entonces bastante más de lo admitido pero, al parecer, eso ya no importaba.

Insisto en el punto inicial: La eventualidad de que un avión tenga que regresar a su base forma parte de las contingencias que un pasajero tiene que asumir y el que, como consecuencia de ello, pueda producirse un retraso, tambien. El resto, es decir, cómo se manejó ese hecho dice mucho de una actitud que parecería más propia del transporte de ganado que de pasaje.

Atentamente.

AÑADIDO FINAL:

Cuando intenté contestar al mensaje inicial, adjuntando los justificantes de gasto, el ordenador me indicó que la cuenta de correo electrónico de origen había desaparecido. Por dos veces he escrito a Iberia, y por dos veces he obtenido una respuesta automática, solicitando una cuenta donde enviar los justificantes sin que haya tenido respuesta. Éste es el motivo de enviar el mensaje al centro de Iberia Plus. Les ruego canalicen este mensaje al lugar adecuado. Si, en lugar de eso, me van a contestar que Iberia Plus no atiende este tipo de reclamaciones, les ruego que se ahorren la respuesta

Noviembre 20, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Organizaciones | | Aún no hay comentarios

IPv6: Otra maravilla de la informática “user friendly”

Ayer traté de instalar en el ordenador que utilizo habitualmente la versión 11.2 de OpenSuse. Aparentemente todo fue normal hasta que, al intentar arrancar desde el disco duro, me salió un letrero diciendo que no había sistema operativo.

Como no hay mal que por bien no venga y el ordenador está preparado para un sistema operativo de 64 bits, decidí instalar no el Windows que se había cargado la instalación de Linux sino el Vista de 64 bits. Por lo menos me reconocería el total de memoria y algo ganaríamos. Además, el XP empezaba a ir lento a pesar de que la máquina, para los estándares actuales, no lo es.

La primera sorpresa fue que, al particionar en automático, la versión 11.2 de OpenSuse era mucho más ambiciosa y no tomaba lo necesario preguntando por el resto sino que, directamente, se asignaba la mitad del disco duro. Los que utilizamos el ordenador para trabajar raramente nos podemos permitir ese lujo dado el todavía escaso número de programas muy habituales que trabajan bajo Linux.

El Partition Magic no me sirvió de gran cosa porque no funciona con Windows Vista de modo que tuve que volver a utilizar el propio programa de instalación del Linux para reparticionar aunque, a la vista de los resultados, no tuviera ya la menor intención de volver a instalar Linux.

A partir de ahí, se supone que no debería tener demasiados problemas puesto que siempre he tomado la precaución de tener los datos en un disco externo que, por tanto, no se veía afectado por toda esta historia. Pues bien, el primer problema surge con la red inalámbrica y la necesidad, no explicada en ninguna parte, de introducir la clave de acceso utilizando su equivalencia hexadecimal. Como esto me había pasado hace muy poco al poner en marcha un disco duro externo conectado a la tele, no me sorprendió demasiado.

Lo que sí me sorprendió más es que, después de realizar una serie de actualizaciones, Internet dejó de funcionar. Me mostraba una etiqueta de “conectividad limitada” e incluso cuando pinché al ordenador un cable de red me ocurría lo mismo. La “ayuda” de Microsoft se limitaba a repetir lo mismo que estaba viendo en los menús incluyendo algún hipervínculo a zonas del panel de control que podía haber descubierto por mí mismo. Todo un homenaje a la inutilidad.

Naturalmente, para la “ayuda” todo tenía la culpa menos el puñetero Vista dando recomendaciones como desenchufar y volver a enchufar el cable-modem a pesar de que otro ordenador estaba accediendo normalmente a Internet a través de él. Finalmente utilicé ese ordenador “vivo” para buscar información sobre qué ocurría. Me encontré con que no era el único y que había mucha gente que estaba harta del Windows Vista, de las IPv6 y de todos los inventos semejantes y no explicados. Recomendación recibida en un foro: Desactiva las IPv6. Como tenía poco que perder lo hice y ¡oh, sorpresa! el ordenador se conectó normalmente a Internet.

Ahora que sigan hablando de informática “user friendly”. A lo mejor el problema no es la informática sino los informáticos como decía Rousseau de la relación entre la medicina y los médicos. En una frase para enmarcar en Emilio Rousseau decía “Se me dirá que la medicina es un arte y que los fallos son del médico. Sea enhorabuena; venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte”.  Sustitúyase la medicina por la informática y puede que estemos en una situación parecida pero, sea por culpa de la informática o de los informáticos, lo cierto es que el uso de un ordenador casero es todavía suficientemente enrevesado como para hacer que muchos usuarios medios decidan declararse incompetentes. ¿”User-friendly”? Sí, “as far as the user is an expert”. Eso es lo que hay.

Noviembre 14, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Organizaciones, Temas sociales y políticos | | 1 comentario

Cuidadín con quién vuelas

Casi todos estamos acostumbrados a llegar con el coche a una gasolinera y llenar el depósito y así hasta la próxima que se vuelva a quedar vacío.

Con los aviones esa práctica no vale. El combustible pesa, en algunos vuelos muy largos, lo mismo que el conjunto del avión más tripulación y pasaje y los equipajes correspondientes  supuesto que el avión vaya lleno y puedo asegurar que esto no es ninguna broma. Naturalmente, como el avión pesa más cuando va lleno también consume más y, para evitarlo, la receta obvia es cargar el combustible que se vaya a necesitar pero, dentro de esa regla general, los hay más precavidos, menos precavidos y hay tentativas de suicidio.

Una muy conocida compañía low-cost ha estado manteniendo la práctica de comunicar al control que sus aviones estaban escasos de combustible para, de esa forma, conseguir “colarse” en el turno de aterrizaje y la pasada semana hubo alguien que les paró los pies en Barajas. La forma fue muy sencilla: Exigir que declarasen emergencia por falta de combustible o esperasen su turno como todos.

Dadas las prácticas restrictivas de esa compañía en cuanto a la carga de combustible, no se podían permitir el lujo de seguir esperando el turno de aterrizaje pero no querían declarar emergencia porque eso implica una investigación. En consecuencia, desviaron el vuelo al aeropuerto alternativo. Hace muy pocos días, otra compañía low-cost entró en emergencia -esta vez sí- por falta de combustible en un aeropuerto español y, ante el hartazgo de estas prácticas, hay incluso quien se está dedicando a obstaculizar forzando a los aviones de la compañía más restrictiva a abortar aterrizajes en el último momento con la sana intención de forzar la emergencia y la investigación para acabar con esas prácticas.

La compañía ha sido ya denunciada por este motivo por sus pilotos y aún no hay resultados de la denuncia y, lo peor, el pasajero no tiene ni idea de con quién se está jugando los garbanzos.

Por motivos obvios, prefiero no citar nombres propios pero a cualquiera que busque por Internet con estos datos le será muy, muy fácil identificar de qué compañías hablamos.

Noviembre 11, 2009 Publicado por José Sánchez-Alarcos | Seguridad aérea | | Aún no hay comentarios